domingo, 1 de julio de 2018

De Sestrica, el alcornocal y el olivar. El atractivo de lo sencillamente natural.


Olivos centenarios de Sestrica

A Sestrica vinimos por su alcornocal atraídos; de Sestrica nos fuimos de sus olivares prendados.

La localidad de Sestrica, en la comarca del rio Aranda, se encuentra en una ladera al pie de la Sierra de la Virgen, no lejos de Calatayud.

Si bien lo que a priori nos incitó a visitar el lugar fue la existencia de un alcornocal muy bien conservado, con algún ejemplar aislado de gran tamaño, la verdadera sorpresa para nosotros fueron los majestuosos olivos que se encuentran.

Para los admiradores (en el literal sentido del término) de los árboles centenarios el entorno ofrece el atractivo de contemplarlos en su medio, en un paraje singular  que se recorre sin prisa y con deleite.

Es Sestrica un pueblo tranquilo donde los aperos aguardan a que alguien acuda, cuando toque, a ponerlos en funcionamiento.

De camino al alcornocal, que se encuentra a unos cinco kilómetros hacia la montaña, vamos pasando por los distintos campos y rincones donde cerezos, almendros y olivos llaman la atención.

En las proximidades de la población los abigarrados cerezos comparten escenario con los almendros. La mañana es limpia y fresca. Todo reluce.

Almendros

Cerezos


Fresco ambiente mañanero
A medida que dejamos atrás los primeros campos el verdor resplandeciente se atenúa. El sereno olivar toma el relevo.



Algunas higueras y plantas aromáticas medran junto a los muretes.


Así, casi de forma imperceptible, hemos dejado atrás Sestrica y nos hallamos en el paraje conocido como el Prado, lugar donde se encuentra un ejemplar de alcornoque centenario El Alcornoque del Prado, un árbol de unos 10 metros de altura, 640 cm de perímetro en la base y con un tronco dividido en numerosos “recepes”, que no hace mucho pasó de la categoría de “árbol sobresaliente” a la de “singular”, según consta en el Catálogo de árboles singulares de Aragón. El árbol catalogado se halla rodeado de madreselvas, escaramujos, jaras y majuelos.

Alcornoque del Prado

El Alcornoque del Prado se halla cerca, pero fuera, del alcornocal de Sestrica, un bosque mediterráneo también raro al que, tras la visita, nos encaminamos seguidamente.  

Los materiales silíceos del sustrato hacen que la flora no sea la típica a la que estamos acostumbrados  en Aragón, donde predomina la caliza; la abundante presencia del Cantueso (Lavandula stoechas) da fe de la sílice que lo sustenta.

Flor lila del cantueso

Madreselva

La senda comienza a picar hacia arriba, la sierra cubierta de encinas la tenemos al alcance.


Flor de la encina
Flanqueados de majuelos en flor nos internamos en el Alcornocal de Sestrica.

El paseo en ida y vuelta por el alcornocal es relativamente corto, con unos 300 metros de desnivel, hasta dar vista a la localidad de Viver, así que nos detenemos en cualquier rincón, prendándonos del ambiente.



Las últimas sacas de corcho fueron realizadas en el 2006, y puede verse en los troncos la regeneración de la corteza.


El retorno a Sestrica lo hacemos por una pista que, paralela a la carretera CV 706 (al otro lado), sigue el curso del barranco de las Umbrías.

Zona de olivares impresionantes que recorremos admirados.


A Sestrica vinimos por su alcornocal atraídos; de Sestrica nos fuimos de sus olivares prendados.

domingo, 24 de junio de 2018

La Peña Cebollera Vieja por la cascada de Litueros y arroyos aguas arriba: la sorpresa del itinerario fuera de las pistas.


La Peña Cebollera Vieja desde la vertiente de Somosierra
La Peña Cebollera Vieja o Pico de las Tres Provincias (2.129m – la tercera altura de la Sierra de Ayllón), se alza sobre el puerto de Somosierra y está situada en el extremo de los cordales principal y occidental de la sierra de Ayllón, constituyendo el punto de confluencia de los límites de las provincias de Madrid, Guadalajara y Segovia. En sus estribaciones nacen los ríos Jarama, al sur, y Duratón, al oeste.

Desde Somosierra, lugar habitual para iniciar el ascenso, la franja de sus laderas entre 1.400m y 1.800m se encuentra mayoritariamente cubierta por retamas y piornos, así como por zonas boscosas de pinar de repoblación. Por regla general el acceso a su redondeada cima se realiza por alguna de las pistas que recorren tales laderas, sin ofrecer más problema que el desnivel y/o el frío y la nieve en tiempo de invierno.

Sin embargo, para hoy opto por trazar una ruta circular que en su ascenso rehúye las pistas y, en su lugar, discurre aguas arriba por los barrancos del Arroyo de la Peña (primero) y del Reajo del Oso (después), saliendo finalmente a la pista superior que, a la altura de 1.900m, circunvala y llega prácticamente a la cima de la Peña Cebollera.

En síntesis: Somosierra (1.404m) – Chorrera de los Litueros – Barranco del Arroyo del Chorro (1.650m) – Barranco del Reajo del Oso (1.900m) – Peña Cebollera (2.129m) – Cabeza del Tempraniego (2.069m) – Pista Cuchar Quemado (2.022m) – La Tolla (1.750m) – Cerro de las Yeguas (1.650m) – Los Cambronales – Somosierra. En total una circular de 13.5km de longitud salvando un desnivel total en ascenso de 850m de D+.

Son las 8:30am cuando inicio la marcha en Somosierra encaminando el trote por la antigua N-I, ya cerrada al tráfico, hacia la cascada de Litueros, mientras se van levantando las brumas de la mañana.

 
 
 
Tras apenas un kilómetro dejo la carretera y emboco la pista hacia la cascada. El ambiente húmedo y a la sombra, junto con el fragor del agua, anuncian la inmediatez de la espectacular cascada de Litueros.
 
En las proximidades de la cascada de Litueros
El salto final del arroyo del Chorro, donde el agua se encajona y cae unos cincuenta metros, en tres escalones, envía su caudal a unirse al del Arroyo de las Pedrizas (apenas trescientos metros más abajo) conformando el Río Duratón.

Cascada de Litueros
Después de admirar la espectacular caída de agua asciendo rápidamente por la resbaladiza y muy empinada ladera que supera el desnivel de la cascada. Todavía voy a la sombra. Conviene andar con cuidado en esta zona.

 
A punto de alcanzar la parte superior de la cascada.
La estrecha senda bordea la chorrera y desemboca sobre unas rocas algo por encima de la misma. Desde este punto se ve claramente el comienzo del barranco del Arroyo del Chorro, si bien no se aprecia senda alguna hacia el mismo. Nada hace intuir que haya un paso aguas arriba. Pero lo hay J

Embocadura del barranco del Arroyo del Chorro
Trazo una diagonal ligeramente descendente hacia el cauce, sin perder demasiada altura, hasta que ya próximo al arroyo distingo un grueso tronco que lo cruza. Parece claro que se trata del lugar adecuado para hacerlo, si bien lo resbaladizo del mismo hace que extreme la precaución.

Por aquí se cruza el arroyo :-)
Una vez “al otro lado” encuentro una trocha mínima que, todo el rato por la derecha orográfica de las aguas, primero del Arroyo del Chorro y después el del Reajo del Oso, conviene seguir, apartándose lo menos posible de los respectivos cauces.

Ascender caminando junto a las aguas, a la sombra, sorteando los numerosos regajos laterales que fluyen hacia el curso principal, absorto en un paraje boscoso y solitario, constituye todo un placer para los sentidos.

 
 
 
Al principio, y hasta atravesar una primera pista que se encuentra a 1.700m de altitud, la pendiente es moderada (250m de D+ en 2km de longitud).

Nada más de cruzar la pista continúo arroyo arriba sin abandonar la dcha. orográfica. La pendiente se acentúa algo y entre los pinos comienza ya a verse la loma cimera.
 
 
 
Tras ascender 200m más de D+ en menos de 1km de longitud, finalmente alcanzo la pista superior a los 1.900m  de altitud. A partir de este punto la zona boscosa queda atrás y comienza la parte de loma y pista.

Tomo un evidente y anodino cortafuego que, abandonando la pista, se enfila directamente hacia la redondeada cumbre de la Peña Cebollera Vieja, resultando éste un tramo algo tedioso y con pendiente muy acusada que me permite, a ritmo machacón, alcanzar la cima y la gran roca erigida como monumento a los Forestales, tras la cual me protejo del viento que sopla.

Monumento a los Forestales en la cima de la Cebollera Vieja
He terminado la parte “poco usual” de la circular de hoy; toca ahora emprender el descenso que, ahora sí, realizaré por el concurrido cordal de la Sierra Cebollera en sentido Norte – Sur, siguiendo la ancha pista que lo surca, y que sólo dejo temporalmente para acceder a la solitaria Cabeza del Tempraniego (2.069m) a fin de contemplar desde su cumbre las cimas más prominentes de la Sierra de Ayllón: el Pico el Lobo (2.272m - el más alto) y el Cerrón (2.197m – el segundo más elevado).

A la izq., el Pico del Lobo; a la dcha., el Cerrón
Dejo esta cima, me reincorporo a la pista y comienzo el trote ligero durante poco más de un kilómetro, cruzándome con buena cantidad de personas en su marcha hacia la Cebollera, hasta encontrar un mojón que indica el punto donde dejar la comodidad e iniciar el descenso directo y monte a través, por zona tupida de piornos, hacia las pistas inferiores que se ven más abajo.

Este mojón indica dónde dejar la pista y lanzarse ladera abajo
 La bajada es clara, siguiendo al principio un cortafuego asilvestrado, que luego se transforma en una trocha invadida por los arbustos, y permite perder altura con mucha rapidez (250m de altitud de una tirada), a la par que la ropa se impregna del agradable perfume de la flor del piorno.

Entre piornos, enfilando directamente hacia las pistas de la parte inferior.
 
 
Alcanzada la pista inferior (1.650m), junto al Cerro de las Yeguas,  sólo queda seguirla en bajada contemplando hacia el Norte la cima de la Peña Cebollera Vieja en cuya cima estaba apenas hace una hora, así como el cortafuego por el que he descendido.

Peña Cebollera (izq) y Cabeza del Tempraniego (dcha)
 
En la ladera se aprecia el inicio del cortafuego utilizado durante la bajada
El trazado de la pista permite admirar de nuevo, desde la distancia, la cascada de Litueros (ahora ya totalmente soleada).

 
En la zona baja, próximos ya a Somosierra, un potrillo y su madre pastan tranquilamente.

 
Atrás quedan los pinares y las laderas cubiertas de piorno en flor que he recorrido durante unas horas saboreando la paz y el sosiego que el lugar transmite.

 
¡Qué inesperadas prendas
para quienes, huyendo del mundanal ruido,
siguen las escondidas sendas
por donde antes muy pocos han ido!
("Parafraseando" a Fray Luís)

sábado, 16 de junio de 2018

La Chorrera de San Mamés. Parajes montaraces y solitarios en un día húmedo de primavera.


En la linde del pinar la Casa del Leñador marca el camino hacia la chorrera de San Mamés
Esta primavera pródiga en lluvias, continuación de un invierno inusualmente abundante de nieve, está consiguiendo que los bosques y arroyos de Guadarrama luzcan esplendorosos.

La oportunidad de realizar circuitos placenteros e inusuales, visitando cascadas / chorreras caudalosas, por sendas inmersas en entornos vegetales propios de zonas habitualmente húmedas, es como para no dejarla escapar.

Bajo esta perspectiva la ruta a la Chorrera de San Mamés (salto de agua que forma el arroyo del Chorro) no es sino otra más de las que venimos realizando en estos meses. Al igual que en las anteriormente visitadas, la Chorrera en sí no es sino uno de los rincones, quizás el más llamativo o chocante, de los varios que componen el circuito.


En síntesis, el recorrido de hoy es: San Mamés (1.100m) – Casa del Leñador (1.400m) – Puerta de los Montes Carpetanos (1.400m) – Chorrera de San Mamés (1.475m) – Aguas arriba del arroyo del Chorro hasta enlazar con pista forestal a los 1.650m – Retorno a  Puerta de los Montes Carpetanos – Descenso por pinar hasta cruzar el arroyo del Chorro (1.350m) – Dehesas de Matamolinos y el Rincón – San Mamés.

Son las 9h 30m cuando inicio la marcha en la Quesería de San Mamés (lugar de apacible pasto bajo el tibio sol de la mañana).

Materias primas de la Quesería :-)
Por delante unas tres horas para empaparme de bosque y naturaleza, en el literal sentido del término, dada la elevada humedad ambiente y el agua acumulada en cualquier superficie: camino, arbustos y rocas.

Al principio, con la Casa del Leñador a la vista, sigo el camino habitual a la Chorrera. La característica edificación, justo en la nítida linde del pinar que cubre la ladera Este de la Sierra, cuya loma permanece oculta en la bruma, es un punto evidente de referencia.

Al poco rato de haber comenzado la marcha se distingue ya la cascada, a media ladera y al fondo.

Enseguida alcanzo la Casa del Leñador, puerta de acceso al pinar. Continúo sin detenerme: la marcha es rápida, el trote resulta natural.

A los pocos minutos llego a una curva hacia la derecha de la pista, desde la que arranca y sigue de frente un sendero que continúa aguas arriba del arroyo del Chorro. Grabada sobre un gran mojón de granito figura la inscripción de “Puerta de los Montes Carpetanos”.

A este punto retornaré luego, cuando haya pasado por la Chorrera y vuelva por la pista, pero de momento la abandono y tomo el estrecho sendero que sigue de frente. A partir de ahora cualquier roce con la vegetación que flanquea la senda supone mojarse.

Sigo adelante y dejo de lado, a mi izquierda, el inicio de la trocha que, pinar abajo, desciende hacia el lecho del arroyo del Chorro. Será después cuando tome este camino, a la vuelta. Por el momento continúo el trote a media altura en dirección a la cascada.

Vadeo con cuidado un regajo caudaloso. La trocha discurre ahora por una ladera rocosa bastante resbaladiza. La vegetación disminuye notablemente. Gira hacia la derecha y la Chorrera de San Mamés se hace visible.

 
La cascada se presenta magnífica. Me quedo un rato contemplándola desde diferentes puntos de vista.

Chorrera de San Mamés
 
 
Voy bien de tiempo y el cielo no se ha encapotado todavía, así que opto por continuar con la circular ascendiendo a la parte superior de la chorrera. La estrecha senda se empina y el entorno se torna agreste.

Está claro que el tiempo va aguantando, por lo que sigo barranco arriba abandonándolo enseguida para salir al encuentro de la pista que sé que está por encima, a unos 1.650m  de altitud.

Resulta trabajosa la subida. Un par de ramas caídas que encuentro, y que recojo, me sirven de improvisados y útiles bastones.

Saliendo del barranco por zona empinada y agreste
 
 
Finalmente alcanzo la pista superior y la tomo hacia la derecha. Por delante unos dos kilómetros de trote sostenido, flanqueado por los altos pinos, hasta llegar de nuevo a la “Puerta de los Carpetanos”. La humedad ambiente que impregna aire, árboles y terreno, junto con la soledad del entorno y la pendiente suavemente descendente hacen que este tramo resulte sumamente agradable.

 
Mojón: "Puerta de los Carpetanos".
Alcanzada “la Puerta”, en este punto me interno de nuevo por la senda que abandona la pista (este próximo tramo es coincidente durante un centenar de metros con el que seguí por la mañana hacia la cascada) hasta alcanzar el inicio de la trocha que, por medio del pinar, se enfila hacia el fondo del barranco del Chorro por un entorno agreste y boscoso.

Descendiendo hacia el arroyo del Chorro
Un puente de piedra bajo el cual el agua fluye rápidamente permite cruzar el arroyo sin dificultades.

 
La senda “al otro lado”, estrecha y flanqueada de vegetación, discurre por la derecha orográfica del curso de agua encaminándose hacia la linde del pinar, y más concretamente hacia una cancela en el murete que separa el bosque de la dehesa.

 
Tras el muro se acaba el pinar y comienza la dehesa
Tras pasar la cancela se accede a una zona exenta de arbolado en la que las trazas de sendero, bastante difuso en realidad, discurren por pradera cubierta de hierba y arbustos.

Con tanta lluvia la dehesa está totalmente encharcada. Bajo la hierba hay un lecho de agua de entre 5cm y 10cm que al principio trato de evitar pero que luego deja de importarme. Una vez asumido que los pies y las zapatillas van empapados, y no hay forma de evitarlo, la marcha vuelve a fluir.

La combinación de pasto, cantueso y robles en lontananza confieren una belleza singular a esta zona.

Las nubes ocupan el cielo casi en su totalidad y comienza a lloviznar. Son poco más de las 12h. Parece que el pronóstico se va a cumplir. Acelero la marcha para buscar la protección del robledal. Antes de internarme en él aún dirijo la vista a la serrada silueta de la sierra de la Cabrera, visible en la distancia.

Al fondo, en último plano, la Sierra de la Cabrera
Ya queda poco. El omnipresente murete sigue marcando la dirección a seguir, ahora orientado de nuevo hacia el arroyo del Chorro, de cuyo cauce me he ido separando paulatinamente desde que abandoné el pinar.

La llovizna se acusa menos dentro del robledal. Un grupo de peonias silvestres junto al muro pone una luminosa nota de color.

Al trote cuidadoso por la estrecha, y a tramos, embarrada senda voy completando la circular de hoy.

Finalmente alcanzo el curso del arroyo del Chorro, que se cruza por un cómodo puente, y estoy de vuelta en el lugar donde dejé el coche por la mañana, al tiempo que la llovizna cesa y comienza a lucir un tímido sol.
 
En resumen, una circular corta, corredera en un sesenta por ciento, de 8,5km de longitud, salvando un desnivel total en ascenso de 600m de D+, realizando un recorrido poco frecuente, donde los parajes primigenios son mayoría ¡Dichosa primavera metida en agua que hace posible estos entornos reverdecidos, no muy habituales por estas latitudes, y que los embellecen sobremanera!