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domingo, 16 de junio de 2019

Peñas Negrilla (N y S) y Moncayo por los Hayedos de la Hoyada y de las Canalejas, y el Barranco de Castilla.

El Moncayo o Pico de San Miguel, desde el hayedo de las Canalejas
El Parque Natural del Moncayo contiene algo más que la redondeada cima del pico que le da el nombre, el Moncayo o Pico de San Miguel (2.314m). De hecho, las extensas masas forestales que cubren sus laderas: mayoritariamente hayas en la Norte y robles en la Sur, junto con los pinos en la franja más elevada, constituyen un atractivo primordial para visitar regularmente el Parque realizando recorridos en los cuales alcanzar la cima no es sino una parte del itinerario.

A Eduardo y a mí nos agradan especialmente los hayedos, lo que, junto con nuestro gusto por lo inédito e intrincado, nos lleva a componer “sobre el mapa” la circular que finalmente hacemos, en la que la parte más incierta “a priori” es el descenso de la pedrera Norte del Moncayo. Si es factible la bajaremos, si no, volveremos al Collado de Pasalobos por donde hemos subido.


La ruta de hoy, realizada en sentido antihorario, parte del refugio de Aldehuela de Ágreda (1.150m), recorriendo inicialmente una senda abierta no hace mucho a través del Hayedo de la Hoyada hasta alcanzar la Majada de los Cejos (1.855m) ¡En apenas 2km se ascienden de un tirón 700m de D+! Suerte que el frescor y la sombra que proporcionan las hayas del bosque, hasta que el pinar toma el relevo, palía el efecto de la acusada pendiente del sendero.

Inicio de la ruta, con la Peña Negrilla Norte en lontananza

El denso hayedo proporciona frescor y sombra durante la subida


Los insectos "danzan" en torno a las hojas superiores

El pinar antecede a la llegada a la altitud de los 1.800m
Al salir a terreno descubierto nos detenemos un momento junto a una pequeña borda de piedra en un lugar que guarda cierta semejanza con un asentamiento celta.

Singular banco a pie de borda, con la Peña Negrilla Norte a la vista

Atrás queda la linde del bosque de pinos
Seguidamente, con la cima de la Peña Negrilla Norte a la vista, una pista apuntando hacia el Sur la va recorriendo por la base hasta que, abandonándola en un quiebro de 90º hacia el Este, se toma una trocha directa hacia la ladera de la loma cimera, pasando junto a un pozo de nieve antes de comenzar la subida.

Pozo de Nieve
Desde la cumbre (2.077m) de la Peña Negrilla Norte se ve el resto del recorrido: hacia el Este, el Moncayo (2.314m), con el collado de Pasalobos (1.947m) “ahí abajo y a sus pies”; hacia el Sur, la suave loma que une la cima Norte de la Peña Negrilla con la Sur (2.117m) “invita” a continuar hacia ella.

Desde la cima Norte de la P. Negrilla enfrente, barranco de por medio, el Moncayo. Loma adelante, la cima Sur de la P. Negrilla
Recorriéndola, la mirada se va alternativamente hacia la cumbre del Moncayo y hacia el collado, sopesando mentalmente los casi 400m de desnivel que los separan y que se superan en aproximadamente 1km de longitud ¡Uff!

Tras pasar por la cruz de la cima Sur el descenso al Collado es rápido. 

El posterior ascenso hasta la cima del Moncayo (2.314m) resulta más llevadero de lo que aparenta, es cuestión de poner la marcha que a cada uno le vaya mejor, porque el sendero está bien asentado en la pedrera y se sube bien. Éste es el segundo “arreón” de la jornada, cuyas subidas se suceden en emboladas con mucha pendiente.

Lo que hasta el momento ha sido un recorrido solitario (hasta el Collado de Pasalobos), o poco frecuentado (desde el Collado hasta la cumbre del Moncayo), se transforma al alcanzar la cumbre, donde hay una gran afluencia de personas que, habiendo ascendido por la vía normal que la enlaza con el Santuario de la Virgen, van llegando incesantemente a la aplanada cima del Pico de San Miguel.

Desde la cumbre exploramos los primeros metros de la ladera Norte, amplia y bastante pendiente, encontrando que la pedrera es transitable, por lo que decidimos seguir con la idea de bajar por ella.

Para nuestra sorpresa vemos a una persona que, unos metros por delante, también está descendiendo por esta inusual ruta. Parece que hoy no somos los únicos amantes de lo intrincado que andamos por la zona.  Nos agrupamos, se llama Javier y nos dice que él va con el propósito de ir localizando los restos de un caza que se estrelló en la zona en 1984. Esta casualidad aporta un plus de interés nada desdeñable que contribuye a compensar la incomodidad de transitar por una empinada pedrera sin senda alguna.

Son abundantes los restos que encontramos escampados: cola del avión, varias ametralladoras y una gran turbina.

Cola del avión

Ametralladora

Turbina
La bajada por este paraje supone casi 500m de desnivel que nos dejan las piernas calentitas, hasta entroncar con la Senda de los Cazadores (a la altitud de 1.850m) por la cual, ya cómodamente (es lo que tiene transitar por sendero), alcanzamos el Barranco de Agramonte o de Castilla por el que descendemos, primero a la sombra del pinar, para entrar luego en el frescor del Hayedo de las Canalejas.

Barranco de Castilla

Cima del Moncayo desde el Barranco de Castilla o Agramonte

Hayedo de las Canlejas


Tras entroncar con una buena pista, a los 1.400m de altitud, nos separamos, Javier se va hacia Agramonte mientras que Eduardo y yo continuamos de vuelta al refugio de Aldehuela de Ágreda.

Lustroso acebo junto al Refugio de Aldehuela
En resumen, una circular infrecuente de casi 16km de longitud, salvando un desnivel total en ascenso de 1.350m de D+, recorriendo la cara Norte del Parque Natural, lugar de extensos y bien conservados hayedos, tocando varias de las cumbres del mismo.

domingo, 13 de noviembre de 2016

El Hayedo del Moncayo en otoño.


Moncayo de Aragón o Pico de San Miguel
Al Oeste de Zaragoza el Moncayo, con 2.316m de altitud, es el techo de la Cordillera Ibérica y una montaña  atractiva, llena de contrastes y bellos rincones, elevándose sobre las tierras más bajas que la rodean.

Eduardo y yo desatendemos hoy la llamada de la cima y nos centramos en recorrer los hayedos aragoneses y sorianos que cubren la falda de la Sierra orientada al Norte.

Cara Norte de la Sierra del Moncayo
Un recorrido circular y a media altura, en forma de “ocho”, de 16km de longitud, salvando un desnivel total en ascenso de 500m de D+ que se resume de la siguiente manera:

Inicio en la Fuente del Sacristán (1.252m), caminando hacia el Oeste hasta – el Barranco de Agramonte (1.425m) – Sin cruzarlo, sendero descendente NE, por Aragón, hasta los 1.300m – pasando a Castilla de una zancada y continuando hacia el Oeste, a 1.250m, por los Acebos y Peña Rajada,  hasta confluir con la pista que viene de Aldehuela de Ágreda, a 1.200m – Retorno hacia el Este, pasando por la fuente y el albergue de las Canalejas – Vadeo del arroyo de Castilla a 1.250m – (Volvemos a estar en Aragón) ascensión bosque a través hacia el SO para salir a una pista a 1.350m – Seguirla hasta los 1.450m en dirección hacia el Prado de Sta. Lucía – Recorrer un kilómetro por la polvorienta pista de acceso a la Ermita, al principio, y dejarla al poco para continuar en franca bajada por sendero cruzando la pista varias veces hasta retornar a la Fuente del Sacristán.

De esta forma transitaremos por dos porciones del hayedo correspondientes a cada una de las regiones aragonesa y castellana, perfectamente delimitadas por el barranco de Agramonte, que se forma en el collado de Castilla, separando los picos Moncayo de Castilla o Peña Negrilla (2.116m), y Moncayo de Aragón o pico de San Miguel (2.316m).

Es el otoño una estación ideal para recorrer un hayedo dejándose deslumbrar por el ocre de las hojas, las que alfombran el suelo y las que todavía están por caer; tibiamente caldeados por los rayos del sol filtrándose a través de la vegetación y de las altas copas de los árboles.

En lugares así se empieza caminando vigorosamente y al poco, sin darse cuenta, se encuentra uno andando sin hacer apenas ruido, sin apurar la marcha, deslizándose sobre la alfombra roja que todo lo cubre, deteniéndose casi a cada paso, sorprendido y maravillado, sintiendo que uno se quedaría un largo rato vagando la vista de lado a lado, posponiendo el momento de llegar al final. Pero seguimos adelante porque nuestro camino continúa.
Refugio junto a la Fuente del Sacristán
Comenzamos a caminar adentrándonos en el hayedo

Descenso paralelo al barranco de Agramonte


Ya en Castilla, transitando por la zona de los Acebos y Peña Rajada


Rincones que uno se resiste a abandonar


Limpias aguas del arroyo de Agramonte

Hayas desplomadas en medio de un bosque primigenio
El "bosque a través" permite visitar "lo infrecuente"



Regresando al punto de partida, la Fuente del Sacristán

Detalles otoñales
 
 

 
 
 
Agua que sustenta, refleja y permite ver el fondo a su través
 

Peñas de Herrera desde Purujosa. Valcongosto arriba y Cuartún abajo.

Cara Este de las Peñas de Herrea I, II y III, de izq a dcha.
Barrancos montaraces; muelas calizas horadadas de cuevas grandes y pequeñas; pinos, carrascas y, finalmente, tasca de altura a partir del collado de la Estaca, desde el que, tras un recodo, se da vista a las Peñas de Herrera, torreones independientes que sobresalen sobre el azotado terreno.

Eduardo (Diario de un caminante), gran conocedor de la zona, y yo iniciamos la marcha en Purujosa (1.000m) a las 10am. 

Purujosa
Dejamos el coche en el pueblo, descendemos a la carretera y vamos a buscar la entrada del barranco de Valcongosto que se encuentra aproximadamente a medio kilómetro. El tiempo es espléndido, la mañana fresca y sólo esperamos que el barranco no traiga demasiada agua porque, con su estrechez en los primeros tramos, si viniera caudaloso nos mojaríamos abundantemente.

La bien marcada senda incita al trote. Nos internamos entre paredes calizas que cada vez se aproximan más entre sí. El cauce está, de momento, seco.

Atravesamos la parte más estrecha del congosto. Las paredes de ambos lados se pueden tocar a la vez sin más que extender los brazos ¡Bien puesto el nombre de Valcongosto!


Pasado el tramo se accede a una zona algo más amplia y, como por encanto, aparece el agua. No mucha, pero sí suficiente como para formar un arroyo que, a partir de este momento, iremos remontando y cruzando alternativamente. La suave pendiente nos permite mantener un trote continuo.

El barranco se va abriendo y se hace visible el Tolmo de la Cina, peña solitaria que rodeamos por la base.

El Tolmo de la Cina
Avanzamos hasta encontrar un gran mojón donde la senda se divide en dos: hacia la izquierda sale el ramal que remonta el barranco de la Hoya hasta enlazar, en altura, con el GR 902; de frente, continuando por el Valcongosto, el sendero que conduce a la Cueva Liendres, que es el que seguimos.

Al poco el horizonte se ensancha y los árboles de ribera se hacen más abundantes.


A la altitud de 1.150m la trocha por la que vamos se divide en dos; elegimos la que continúa por la derecha, porque es la que se enfila hacia la Cueva Liendres. 

Por áspero terreno. Atrás el Tolmo de la Cina
El terreno se empina de veras; las aliagas y carrascas toman el relevo de los chopos. Sequedad y calor. Ya no corremos; avanzamos uno detrás del otro.

-          ¡Cuida, cuida! ¡Que casi la has pisado!

-          ¿Cómo? ¿A qué te refieres?

-          A la culebra, ¿no la ves?

-       ¡Pero si es una víbora! Fíjate en cómo está de disimulada, si parece un trozo de rama seca.

Nos acabamos de dar un susto. Suerte que no le hemos puesto el pie encima y que se ha limitado a camuflarse y, alzando su triangular cabeza, a colocarse en posición de defensa/ataque. Al toque con uno de los bastones reacciona lanzándose velozmente hacia el lateral de la trocha, desapareciendo entre la vegetación, mientras nosotros continuamos hacia arriba fijándonos dónde vamos poniendo los pies. Luego nos enteramos de que se trataba de una víbora hocicuda.

Llegamos a la Cueva Liendres (1.250m) y enseguida comprendemos que tiene bien puesto el nombre. Tal es la abundancia de restos de oveja que no osamos acercarnos demasiado a la entrada de la gruta, conformándonos con observarla desde una prudencial distancia.

Cueva Liendres
A partir de ahora avanzamos por pista hasta alcanzar el collado de la Estaca (1.474m), lugar de “distribución” de destinos con amplios panoramas alrededor. Fin del arbolado, comienzo de la tasca y arbusto espinoso de bajo porte que cubren un territorio habitualmente batido por los fuertes vientos.

Amplios panoramas
Por delante damos vista a la Peña de Herrera I, la más alta (1.564m), y la que primero ascenderemos. Las Peñas de Herrera son cuatro torreones calizos, aislados pero próximos entre sí, que levantan sus contrafuertes unos 60m o 100m sobre el pelado espinazo en el que se alzan.

Peña de Herrera I, o Picarrón, desde las proximidades del collado de la Estaca
Encaramarse a la Peña I o Picarrón, no presenta dificultad técnica alguna, si bien hay que usar las manos en algún paso. 

Sobre su cima, mientras contemplamos el paisaje, tomamos una barrita energética antes de ir a por la siguiente.

Desde la Peña I, la Peña II
Barrancos al Sur de la Peña I o Picarrón
La Peña II, o del Camino (1.542m),  es la única que sí requiere de una trepada. Por su cara O se accede fácilmente a una cornisa que conduce a una amplia cueva al pie de la estrecha canal por la que se sube a la cima. Canal de unos 20 m, equipada con cuerda, innecesaria con roca seca, y con algún trozo en mal estado. Dificultad máxima de II+, concentrado en el último tramo: chimenea vertical de unos 7m que se supera por oposición.

En la cara Oeste de la Peña II se abre la canal por la que se sube a la cima
Por la cornisa, hacia la cueva y comienzo de la canal
Cueva al pie de la canal

Superando la chimenea final de acceso a la Peña II
Desde la cima de la Peña II, o del Camino; la Peña I
Peña III o del Medio (1.463m), a la que se asciende por la cara E, tras flanqueo desde el collado (1.400m) entre ésta y la Peña II, siguiendo alguna traza de senda hasta dar con un paso sin dificultad para acceder a la planicie superior, y por ella a la cima.

Peña III, o del Medio
Desde la cima de la Peña III, la Peña IV o Gotera
Para llegar a la base Sur de la Peña IV o Gotera (1.347m) hemos de perder unos 150m de altitud y aproximarnos a ella a través de un terreno sin senda, muy degradado por el incendio forestal de 2012, caminando por sucesivos aterrazamientos llenos de ramas y troncos quemados que obligan a ir con sumo cuidado. Tras un rato de penoso transitar llegamos frente al paredón Sur de la Peña  Gotera, aparentemente inexpugnable salvo por un paso que “hemos leído” que existe en su cara Este, por el que se puede ganar su larga ladera norte y por ella la cima. Vamos ya cansados y no nos apetece continuar bajando más hacia el paso en cuestión, para luego ascender a la pleta cimera, recorrerla, bajar otra vez y volver a subir hasta donde estamos, así que damos por terminada la exploración (otra vez será, pero comenzando desde Talamantes) y retornamos al collado entre la II y la III, tras nueva ración de troncos y palos sobre bancales ¡Uf! Qué alivio cuando tomamos el GR de vuelta hacia la Estaca y vamos pasando bajo los paredones de las Peñas II y I, respectivamente.

De vuelta a la pista nos ponemos en modo trote sostenido y la marcha empieza a cundir. El entorno es apacible, los pinos sombrean el camino y el agua que encontraremos en la Fuente Col nos estimula para seguir corriendo.

Llegando a la Fuente Col
Tras reponer líquido en la fuente iniciamos el descenso hasta llegar al entronque con el barranco de Cuartún. A los pocos metros de haberlo tomado encontramos la Cueva del mismo nombre. A ésta, y a su amplio y fresco interior, sí accedemos sin reparo.

Cueva de Cuartún
Cueva de Cuartún desde su interior

Tras visitarla salimos de nuevo al calor y continuamos el trote por el seco barranco, encontrando algunos tramos empedrados que facilitan la carrera.

Finalmente llegamos a su término, en el Peirón de la Leche (940m) al pie de Purujosa, que se alza unos 100m por arriba. 

Peirón de la Leche, al pie de Purujosa
Última subida de la jornada para alcanzar la población y retorno al coche tras haber realizado un recorrido circular de unos 24km de longitud, habiendo salvado un desnivel total de unos 1.300m de D+, completando un circuito bello y exigente, por entorno agreste y poco transitado en su mayor parte, que nos abre las puertas para futuros itinerarios por “los barrancos del Moncayo”.



La cara oculta del Moncayo guarda bellezas recónditas que apreciamos los amantes de la naturaleza.