| Horizontes lejanos desde la cima del Pico del Rayo |
La Sierra Vicor o Vicora se
encuentra en la región más occidental de la provincia de Zaragoza. El nombre
popular es el de Vicora y en referencias antiguas se obtiene el nombre de
Vicorne (por sus dos picos próximos), que posteriormente derivó en Vicor.
Situada en la rama aragonesa de
la Cordillera Ibérica, forma una gran alineación de casi 20 km que va desde El
Frasno hasta Codos, discurriendo casi paralelamente a la vecina Sierra de Algairén.
Domina de forma abrupta el valle del río Grío por su vertiente norte, para
descender más suavemente por su flanco sur hacia las plataformas de Mara y
Sediles.
El Pico del Rayo, de 1.427 m de
altitud, es la máxima elevación de esta sierra. En sus laderas se puede
encontrar una variada vegetación, predominando las encinas y los pinos, hallándose
también varios ejemplares de acebos en su bosque de la cara Norte.
El Pico de la Nevera, a unos ochocientos metros del Pico del Rayo, es la segunda cumbre más elevada de la cordillera
(1.411 m). En él se encuentran las instalaciones del Escuadrón de Vigilancia
Aérea, destacando el radar en forma de globo.
Hay multitud de buenas pistas
para acceder cómodamente a ambas cimas, pero ni a Eduardo ni a mí nos atraen
demasiado los caminos “trillados” así que nos planteamos una circular por la
Sierra de Vicor, con ascenso al Pico del Rayo, yendo el mayor tiempo posible
por senderos o trochas poco frecuentados, tomando como referencia inicial una
entrada de Fer en su blog de “costraypus”, aparecida recientemente.
Con punto de salida en el pueblo
de Inogés (752m) iniciamos el ascenso por la parte que más definida tenemos de
la ruta tomando la pista que, tras el peirón, enfila directamente hacia el
barranco entre el pico de la Nevera (a la dcha.) y el del Rayo (a la izq.).
| Inicio de la circular, junto al peirón. Tras él, el Pico de la Nevera |
La fuerte pendiente hace que
nuestra carrera inicial se transforme en un caminar rápido. Poco a poco vamos
dejando abajo Inogés.
| Vista de Inogés |
Robustas encinas bordean el
camino.
El sendero toma dirección Oeste,
apuntando directamente hacia el collado de Marigil, entre el pie del Pico de la
Nevera y una punta anónima, de menor altura, a la que decidimos subir para
contemplar el paisaje (así suelen comenzar nuestras “derivas” cuando,
saliéndonos del guión preestablecido, nos dejamos llevar por lo que “el entorno
ofrece”).
Desde semejante atalaya contemplamos
uno de los mayores atractivos que ofrecen estas sierras de la Ibérica: la
multitud de siluetas y contornos que se
superponen recortándose en el horizonte.
| Siluetas y contornos superpuestos, seña de identidad de esta sierra. |
Salimos del ensimismamiento y,
tras una mirada al enorme "globo", que cual hongo corona el pico de la Nevera,
emprendemos el descenso hacia el collado de Marigil.
| Desde el Pico Anónimo, abajo el collado de Marigil, enfrente el Pico de la Nevera, con su radar; a la izq. el Pico del Rayo. |
Retornamos unos metros por la
pista que trajimos en subida y al poco tomamos una senda que, adentrándose en
el bosque (señal verde y blanca) en dirección Sudeste, traza una diagonal hacia
el Pico del Rayo uniendo esta pista con otra más arriba que recorre la ladera
unos cien metros por debajo del cordal. Es aquí donde empezamos a encontrar
ejemplares de acebos entremezclados con los pinos.
| Bayas de acebo |
La senda cruza la pista intermedia
en al Refugio del Acebal, a cuyo costado hay un pequeño “Belén”.
| Belén del Acebal |
Echamos una mirada de soslayo
hacia el Pico de la Nevera (al que no subiremos)
| Radar en el Pico de la Nevera |
Justo por encima del
refugio, continuamos la senda diagonal que habíamos estado siguiendo. Se
interna ahora en un pinar cuyo suelo está totalmente tapizado de musgo.
Inesperado, umbrío y bello entorno, de suave y alfombrado caminar, que nos
lleva finalmente a la pista superior que recorre el cordal uniendo los picos de la Nevera
y del Rayo.
| Pico del Rayo |
Privilegiado otero de horizontes
superpuestos que invita a la contemplación pero que el frío viento hace que
interrumpamos y que busquemos abrigo en cotas inferiores, a resguardo del
mismo.
| Cima del Pico del Rayo |
Descendemos rápidamente hacia el
Noreste, corriendo con cuidado de no resbalar pues todavía hay rosada sobre las
piedras.
| Descendiendo de la cima, por la vertiente Norte |
Alcanzamos la pista intermedia
que une Aluenda con Viver de Vicort.
| Desde la pista, el Pico de la Nevera (con su radar), el collado de Marigil y la punta anónima. |
A partir de aquí nos desorientamos un poco,
vemos un mojón, abandonamos la pista e iniciamos el descenso por lo que creemos
que es el Barranco de las Borderas para, al cabo de 1 kilómetro
aproximadamente, darnos cuenta de que hemos de retornar a la pista de nuevo
porque nos hemos confundido.
| Despiste y "vuelta atrás" |
Vuelta atrás, pista otra vez y
algo más adelante encontramos la baliza que marca la entrada, ahora sí, hacia
el Barranco de las Borderas.
Aquí tenemos la disyuntiva de: o iniciar
el descenso, esta vez bien encaminados; o alargar un poco la circular siguiendo
loma arriba hasta un montecillo con una carrasca en la cumbre. Nos cuesta poco
decidir que la encina merece una visita, de modo que cordal arriba hasta el
árbol y luego, ya que estamos, pues continuamos por lo alto, hacia el Este,
porque al final de la loma el GPS, sabiamente manejado por Eduardo, marca la
existencia de una senda que retorna hacia Inogés. Así que adelante,
contemplando los amplios panoramas de las sierras vecinas que se divisan desde
nuestra posición.
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| A la izq. el Pico del Rayo, a la dcha. el Pico de la Nevera |
![]() |
| Cordal adelante |
Ya en descenso, encontrando
mojones ocasionales, pasamos junto a una construcción de piedra seca
Y luego
llegamos al comienzo de un pinar donde un hito de piedra parece indicar que “se
entra”.
![]() |
| Y el mojón parece decir: "entra, entra" |
Y eso hacemos, con titubeos,
porque no parece clara la continuación, de hecho debemos atravesar varios zarzales hasta que, tras unos quinientos metros de trabajosa marcha entre enganchones y
rasponazos, llegamos “al otro lado”, encontramos un nuevo mojón y de ahí en
adelante la senda se presenta nítida y clara ¡Uf! Respiramos aliviados e
iniciamos un cómodo trote descendente, entre pinos primero y carrascas cubiertas
de líquenes después.
| Ya bien encaminados |
Casi al final del bosque, a la
senda que seguimos se le une por la izquierda la que baja por el barranco de
las Borderas y que desestimamos hace un rato. Ambas concluyen en unos campos,
junto a la ermita de Nuestra Señora de Jerusalén desde donde, tras unos
quinientos metros por pista alcanzamos Inogés.
Tras haber realizado un circuito
de 15km salvando un desnivel en ascenso de 975m de D+, damos buena cuenta de
nuestros bocadillos, rodeados de un grupo de gatos, tan atentos como
precavidos, que no osan acercarse a
menos de medio metro, pese a las atractivas migajas que les ofrecemos.
Sinuoso recorrido, inusual, intrincado a tramos, en su mayor parte por bosque, desde el
que se pueden contemplar hermosos horizontes.




