Mostrando entradas con la etiqueta Gredos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gredos. Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de mayo de 2019

El Pico Zapatero, punto culminante de la Sierra de la Paramera, en circular desde Navandrinal.

Pico Zapatero desde la parte baja de la Garganta del mismo nombre, próximos a Navandrinal

Las Sierras de la Paramera y de la Serrota son un espacio natural protegido de la provincia de Ávila, paralelas y al norte de la Sierra de Gredos.

Son sierras muy deforestadas por las quemas realizadas por los pastores mesteños para conseguir pastos desde muy antiguo. La cobertura vegetal de altura está compuesta, fundamentalmente, por piorno, lavanda y retamas que perfuman continuamente el granítico entorno por el que discurre esta circular. A resaltar lo excelentemente mojonado que está todo el recorrido.

El día de hoy lo dedicamos a la Sierra de la Paramera, más abrupta que la de la Serrota.

Track en wikiloc

Una vez en Navandrinal salimos de la población en dirección al Zapatero, por una pista hormigonada y muy pendiente que acaba en una zona aplanada desde la que se ve la vertiente Sur del cordal que recorre este circuito.

Tanto si lo realizamos en sentido de las agujas del reloj (nuestro caso), como en el contrario, hay que seguir la indicación hacia la "Garganta", que encontramos en un letrero junto al aparcamiento, desatendiendo la opción que parecería evidente hacia el pico "Zapatero", ya que ésa discurre por una amplia loma hasta alcanzar el Portacho del Zapatero, a nuestro juicio bastante menos interesante que la de remontar la Garganta del Zapatero junto al arroyo del mismo nombre. Quizás en invierno y con esquíes la cosa sea diferente.

Los ojos se van hacia el Este, donde el Portacho del Cuchillo, todavía con mucha sombra, muestra por dónde descenderemos a la vuelta.

Portacho del Cuchillo, con la Peña Cabrera a la dcha.
Son las 9:30m cuando iniciamos la marcha en una luminosa mañana de primavera descendiendo al encuentro del Arroyo del Zapatero, pocos metros más abajo.  

El arroyo nace en las proximidades del Portacho del Zapatero, en torno a los 2.080m de altitud, y desciende a lo largo de unos 4km hasta las proximidades de Navandrinal (1.350m) por la Garganta del Zapatero, bastante amplia, al pie de los abruptos paredones que constituyen la cara Sur del cordal, compuesto, de Oeste a Este, por los picos: El Risco Redondo (2.054m), el Pico Zapatero (2.158m), el Risco del Sol (2.113m) y, finalmente, la Peña Cabrera (1.997m).

Remontar aguas arriba, bien por una senda a cierta altura del cauce,  bien por trochas junto al arroyo, nos adentra en un paraje de alta montaña muy agradable.

Mirada hacia atrás mientras remontamos la Garganta de Zapatero
El Arroyo de Zapatero baja caudaloso, formando saltos de agua
Agua que se serena en la parte alta del mismo
A la altitud de 1.830m, dejamos el sendero que sigue hacia el amplio Portacho del Zapatero, y en su lugar tomamos una trocha que, tras un giro de 90º, se enfila directamente hacia la base del Risco Redondo, siguiendo los mojones.

Hacia la base del Risco Redondo
El recorrido del cordal no comporta problema alguno ya que, en contraste con la muy abrupta cara Sur, la loma es suave.

En nuestro caso “nos entretendremos” trepando a cada uno de los riscos que la componen. Acceder a los mismos no resulta especialmente complicado con terreno seco, ya que la dificultad máxima de algunos pasos no supera el IIº, y el desnivel desde la base ronda los 70m / 100m, pero atención, que con humedad o nieve el granito se transforma y "el patio" durante la trepada es de los buenos.

Desde el Risco Redondo, sencillo de subir, vemos claramente el Pico Zapatero, el más alto de la serie y el único que se asciende por un lado y se puede bajar por otro diferente, mientras que en los demás hay que bajar por el mismo lugar por el que se sube.

El Pico de Zapatero desde la cumbre del Risco Redondo
Cuando nos aproximamos al Zapatero alcanzamos a dos personas (Luís y Julio) que ya estaban metidas en su cara Suroeste, por donde discurre la vía de acceso. Nos unimos a ellos y encaramos el único punto algo conflictivo (de encontrar y de pasar): se trata de una ventana natural (que no se ve de lejos) por la que se ha de reptar para alcanzar el otro lado. Más problemas no hay.

Ventana natural en la subida al Pico Zapatero
Hasta Gredos se divisa desde la cumbre del Zapatero
Mientras ellos se quedaron en la cima para comer algo, nosotros seguimos con nuestro sube y baja de risco en risco, descendiendo sin dificultad por la cara Este y encarando el siguiente objetivo, el Risco del Sol.

Hacia el Risco del Sol (a la izq.)
Con algún paso de II, junto a otra ventana natural (que esta vez se deja a un lado), se alcanza la parte más alta del Risco.

Ventana natural en el Risco del Sol. La imaginación nos hace ver una cabeza enorme de ave prehistórica 
Desde la cumbre del Risco del Sol, hacia la Peña Cabrera
Tras bajar del Risco del Sol el sendero pasa por una zona salpicada de formaciones graníticas a las que la imaginación asemeja con “cosas”. Tal y como si estuviésemos en la Pedriza.

Un par de ¿champiñones?
¿Un tigre de bengala?
El cómodo y descendente sendero discurre por la suave cara Norte, entre piornos, acercándose al Portacho del Cuchillo.

Al frente la Peña Cabrera, cuya ascensión no ofrece dificultad alguna.

La Peña Cabrera

Navandrinal, a los pies, desde la cima de la Peña Cabrera
Tras otear desde su cima, retornamos al Portacho del Cuchillo desde donde emprendemos un descenso largo y continuado, rodeando “el Cuchillo” y su espectacular forma, 

El Cuchillo va cambiando de aspecto a medida que lo rodeamos


Por camino a ratos muy pedregoso, transitando por la base de la imponente cara Sur del cordal que hemos recorrido en altura, el Portacho del Cuchillo queda atrás.

Portacho del Cuchillo
Cara Sur del cordal recorrido en altura
Concluyendo el recorrido junto al Arroyo de Zapatero, que vadeamos para enseguida llegar al punto donde dejamos el coche por la mañana.

Inmediaciones del Arroyo Zapatero, concluyendo el recorrido.
En resumen, una circular de unos 15km de longitud, salvando un desnivel total en ascenso algo superior a los 1.000m de D+, por unos parajes donde la tranquilidad se mezcla con la belleza natural. A resaltar que todo el itinerario está mojonado a la antigua usanza (hitos visibles y en cada paso de posible duda), incluidos los accesos a las cimas de los riscos y peñas.



lunes, 26 de octubre de 2015

El Castañar del Tiemblo ¡En tiempo de castañas!

En el extremo más oriental de la Sierra de Gredos, junto al valle de Iruelas, al Sur de la localidad del Tiemblo, se encuentra un magnífico bosque de castaños. En él, espigados ejemplares se alzan hacia el cielo compartiendo espacio y silencio con algunos ya centenarios de tronco roto, abierto y aparentemente seco.

Desde el área recreativa del Regajo, bajo los robles que comparten el bosque a esta altura, observamos la frondosidad por la que nos vamos a internar. El ambiente es muy húmedo, prevemos que no tardará en llover, así que tenemos unas pocas horas para re-correr sus sendas alfombradas de castañas antes de mojarnos de verdad.

Puente de acceso a la Senda del Castañar
La tenue claridad se cuela entre las serradas hojas de los altos árboles, comienzan a aparecer los restos de troncos secos y retorcidos a cuyo alrededor, y de la misma raíz, salen, como en corona, tallos más jóvenes, descendientes de aquellos que ya dejaron de crecer. Vamos en silencio, atrapados por el cautivador entorno. 


Las zancadas suenan amortiguadas por el lecho de castañas sobre el que marchamos. El sendero, amplio y bien marcado, nos conduce hasta  a una explanada donde el bosque se abre, dando vista al refugio de Majalavilla que, rodeado de castaños, presenta un aspecto muy acogedor.

Refugio de Majalavilla

Dejando Majalavilla a la derecha descendemos por marcado camino hasta llegar a la altura del Abuelo, "el señor del bosque". El Abuelo es un castaño monumental de más de quinientos años, con unos diecinueve metros de altura por unos dieciséis de perímetro.

El Abuelo
Tras contemplar largamente al longevo coloso, a cuyo lado uno toma conciencia de lo efímero de la propia existencia, reanudamos la marcha adentrándonos en una de las zonas más solitarias y frondosas del bosque. No es el único “anciano poderoso” que hay por el entorno. Algo más abajo, casi junto al arroyo de la Yedra, hay otro similar al que también “presentamos nuestros respetos”.

Otro "anciano del lugar"
Continuamos aguas arriba del arroyo; los castaños centenarios se mezclan con los robles formando un atractivo conjunto. 


Al poco alcanzamos la plácida pradera de Garrido, donde el bosque se abre. Intuimos, que no vemos, arriba, dentro de la nube que todo lo cubre, el Pico de Casillas y el Portacho del Pozo, marcando la divisoria con el vecino valle de Iruelas. 

Aún no llueve, así que enfilamos hacia el Pozo de Hielo. Adentrándonos en el vaho, el entorno resulta algo irreal.

De pronto una “sensación” hace que nos detengamos de golpe. Descubrimos que estamos compartiendo lugar y castañas con otro ser que, como nosotros, se amaga en la neblina. Nos miramos para, a renglón seguido, continuar cada uno a lo suyo.


Ascendemos ahora por una estrecha pista muy empinada; Ya no hay castaños; entre los helechos, los rugosos troncos de aislados robles contrastando con los espigados pinos han tomado el relevo.




Retorcidos robles entre enhiestos pinos
Comienza a llover. Estamos a 1.400m de altitud, unos 60m por debajo del Pozo de Hielo, pero no merece la pena continuar porque no vamos a poder otear desde el portacho, así que, media vuelta y a descender.

Hay cosas que vemos ahora y que nos pasaron desapercibidas durante la subida, por ejemplo este hermoso ejemplar de “Macrolepiota Procera” que, tras ser identificada en la distancia por el amigo Andrés, estaría rica, rica rebozada y bien frita, pero que hoy se queda en su sitio, porque hemos venido a las castañas.

La lluvia disminuye a medida que descendemos y conforme salimos de la nube.

Pasamos por el área de las Barrancas y alcanzamos una pequeña llanura entre robles y castaños. Seguimos el curso de agua hacia arriba hasta llegar a una bifurcación de la que tomamos el ramal de la izquierda, por el que llegamos al Castañar del Resecadal.

Este rincón está cuajado de robustos árboles, de copas amplias y redondeadas; gigantes centenarios con una edad media de ciento cincuenta años.

El Resecadal
A partir de aquí el camino desciende con bastante pendiente hasta salir a una bifurcación donde, continuando por la derecha, enseguida se alcanza el puente por el que habíamos entrado a la Senda del Castañar. La lluvia cae moderada pero insistentemente.



Estamos de vuelta en el área del Regajo, donde la aglomeración de coches y personas es notable. Apenas había unos veinte vehículos a las 9h y tres horas después más de cien, amén de los que siguen llegando sin tregua. El bosque pierde la serenidad y sosiego de la mañana dando acogida al bullicio y alborozo de grandes y pequeños ansiosos de vivir la experiencia de coger castañas a puñados.

miércoles, 24 de junio de 2015

Picos de la Serradilla y de Lanchalisa. Por las elevadas soledades de la Sierra del Valle.

La Sierra del Valle desde la vertical Sur del Puerto del Alacrán. De dcha a izq, la Serradilla, Lanchalisa y Mojón Cimero 
La Sierra del Valle posiblemente sea el tramo menos frecuentado de la prolongación oriental de la Sierra de Gredos. Se trata de una loma rocosa de la que van sobresaliendo las distintas cimas: la Serradilla (1.985m), la segunda más elevada de la Sierra; Lanchalisa (1.948m), la más aérea y entretenida; y el Mojón Cimero (1.903m), justo antes del solitario Puerto del Alacrán. Piorno y granito crean un entorno agreste pero transitable, a lo largo del cual el amplio panorama permite divisar el lejano Oeste del Circo de Gredos, mientras a los lados del cordal vamos contemplando las abruptas laderas del Sur, cubiertas de frondosos bosques, y las menos pendientes del Norte. En suma, pocas trazas humanas, más de ganado y amplia soledad para recorrer.

Son las 9h cuando comenzamos la marcha habiendo dejado el coche en Majallana, en una pista que, en el entorno de los 1.075m de altitud, discurre paralela al trazado de la Sierra. Pasamos de largo un desvío con cartel que señala “La Serradilla” porque vamos buscando el inicio de una senda que, desde las proximidades del vecino embalse de Piedralaves, asciende por entre robles centenarios hasta el Cerro de la Sarnosa.

Discurre nuestro caminar entre pinos, robles y castaños,



Castaño en flor
Hasta que, recorridos un par largo de kilómetros, nos encontramos de frente con una persona que viene caminando en sentido contrario. Le preguntamos por el sendero, nos mira como no entendiendo la pregunta y después nos dice que lo que él conoce es: …… el desvío hacia la Serradilla que voluntariamente nos hemos dejado atrás. Para no alargar demasiado la explicación, decir que volvemos sobre nuestros pasos, tomamos la dirección del cartel y emprendemos la empinadísima subida a través de bosque, siguiendo una trocha que luego se esfuma, 

Sin senda, pero contentos
Para acabar ascendiendo monte a través hasta alcanzar un montículo situado justo a unos 400m a la izquierda de donde queríamos llegar: el Cerro de la Sarnosa (1.528m). Por fin estamos encaminados. Con una cierta deriva, eso sí, y con unos cuantos kilómetros adicionales en las piernas también, pero ya con todo en su sitio.

A partir de aquí el bien indicado sendero se enfila hacia la Majada de la Serradilla, lugar donde el ganado pasta apaciblemente a la vista del Portacho del mismo nombre.

Al pie del Portacho de la Serradilla se hace cola para comer.
Desde el Portacho de la Serradilla (1.855m) enfilamos hacia el Oeste por en medio de espesos piornos y sin senda, procurando evitar engancharnos con los tramos caídos de alambre espinoso disimulado por la vegetación.

Con ser el más elevado del tramo, el pico de la Serradilla no es más que un punto alto de la Sierra, sin apenas relevancia, pero constituye un buen otero desde el que mirar.

Desde la cima de la Serradilla, al fondo, en la lejanía, se divisa el Circo de Gredos
Por delante y hacia el Oeste, la fácil loma se deja caminar con rapidez y nos aproximamos al Lanchalisa, conjunto de picachos graníticos que se elevan airosos a la par que el cordal se estrecha sobremanera, con empinada ladera al Norte y muy abrupta al Sur. Sin ser difícil, resulta la parte más entretenida de la ruta, a lo largo de la cual nos deleitamos con sus rincones y realizamos las trepadas a las puntas.  

Grupos rocosos del Lanchalisa
Los mojones guían la marcha que transcurre próxima al filo, alternando ambas vertientes y evitando las laderas enmarañadas con densos piornos.


Desde el último picacho del Lanchalisa, a nuestros pies, el valle del Tiétar.
Tras dejar atrás el Lanchalisa alcanzamos el Mojón Cimero. 

Atrás queda el Lanchalisa
El sol aprieta de lo lindo; la deshidratación va haciendo mella,

Cada cual se cobija del sol como buenamente puede
Y nuestra mente va fija en llegar al Puerto del Alacrán, teñido de amarillo y verde de piornos en flor, porque hay fuente unos metros por debajo de él.

El Puerto del Alacrán, teñido de amarillo, visto desde el Mojón Cimero
Descendemos envueltos por el perfume que desprenden las flores. 

Pasamos sin apenas detenernos junto al cartel de madera que indica el nombre del Puerto (1.773m) y continuamos bajando por una senda que se interna entre las matas, más altas que nosotros mismos. Polen, sudor y sed, por entre los desmesurados y bellos piornos, zigzagueamos vereda abajo contribuyendo con nuestros cuerpos y zarandeos a la polinización de los arbustos.

Conseguimos coger algo de agua terrosa de la minúscula fuente, insuficiente para calmar la sed que nos acucia pero válida para continuar en pos del bosque que ya está cerca.

Una vez entre los árboles, agradecemos la sombra, titubeamos en un claro hasta reencontrar las marcas amarillas y blancas, y por fin, a los 1.350m de altitud, entre los pinos, ¡Damos con una abundante fuente! que calma nuestra sed y de la que nos aprovisionamos para el resto de la bajada. Las cosas se ven ya de otra manera.

Marchamos apaciblemente, a la sombra de los pinos; en la lejanía quedan los riscos del Lanchalisa. No hace tanto andábamos por allí.

El fresco bosque huele a pino y a helecho.


Atrás quedan las montañas perfilados sus contornos por sol del atardecer,

Mientras nosotros nos aproximamos al final de un circuito que ha supuesto 20km de recorrido, salvando un desnivel total en ascenso de 1.175m, por un lugar muy poco transitado y con una naturaleza primitiva y acogedora que invita a quedarse y a la que sin duda habrá que volver.