viernes, 13 de septiembre de 2019

Circular al Mallarruego, confluencia de los altos valles de Ordiso y de Ferreras.

Valle de Ordiso con el pico de Mallarruego al fondo

Desde el  Pico de Mallarruego y su entorno, situado en un lugar remoto y poco frecuentado, se contempla tanto la vertiente del río Ara como la del río Gállego; además hay excelentes  vistas sobre el macizo del Vignemale,  la sierra de Otal y Tendeñera, y los ibones de Ordiso y Mallarruego.

En esta circular, con origen y final en San Nicolás de Bujaruelo, se recorren íntegramente tanto el valle de Ordiso como el valle colgado de Ferreras, respectivamente, a lo largo de algo más de 24km, salvando un desnivel total en ascenso de unos 1.600m de D+.


Iniciamos la marcha en San Nicolás de Bujaruelo (1.350m) y enseguida, tras cruzar las tranquilas aguas del río Ara, entramos en el bosque. 

Río Ara
La primera parte del itinerario discurre suavemente (la pendiente es muy moderada) por los algo más de 4km del frondoso hayedo que separan San Nicolás de Bujaruelo del Puente de Ordiso (1.550m), punto que constituye la entrada al valle del mismo nombre.


Macizo del Vignemale desde el Puente de Ordiso
En este lugar el camino se adentra en el valle por marcada senda.

Por detrás vemos cómo las montañas fronterizas retienen las nubes "fabricadas" en Francia
Tras algo menos de 2km llegamos hasta la Cabaña de Ordiso (1.800m), al pie de la Cascada de Ferreras, bien visible a su derecha, en sentido subida.

Plana de la Cabaña de Ordiso con la cascada de Ferreras a la dcha.
No hay indicación alguna, de hecho no parece factible hacerlo, pero se puede acceder al valle colgado de Ferreras remontando la cascada del mismo nombre, algo separados de ella y  por su derecha (sentido subida; por la izq. orográfica), para lo cual nos encaminamos en fuerte pendiente (entre algún mojón que encontramos y los que hicimos, ahora ya está marcado el acceso)  hasta llegar a una  visible faja herbosa al pie del paredón vertical, que se recorre en su totalidad, aproximándonos a la parte angosta del barranco. La pendiente es muy pronunciada en todo momento.


Tras la hierba viene una corta pero expuesta travesía en buena roca (hay cadena de seguridad), seguida de una pequeña trepada (también asegurada con cadena), accediendo de esta forma algo exigente al valle colgado de Ferreras por su extremo NE (al tanto con roca húmeda, que siempre complica las cosas, aunque las cadenas aguantan todo).

“Entrar” en el cerrado valle de Ferreras tras superar el estrechamiento del barranco es como acceder a un lugar solitario en el que, sin embargo, la vida y su ciclo están presentes. 

Tras dejar atrás el angosto paso por el barranco ....
... Accedemos al valle colgado de Ferreras
Entre los 2.100m y 2.500 de altitud se extiende en forma de lengua entre las altas crestas que lo bordean por tres de sus cuatro flancos, encontrándose su “paso natural” en el Cuello de Fenés (2.500m), desde donde se da vista al valle del Gállego.

Lo recorremos en el silencio, sólo interrumpidos por los ocasionales chillidos de las marmotas, buscando la mejor trocha, siempre fácil, con la vista puesta en el Cuello de Fenés, sintiendo una placentera sensación de comunión con el entorno de la alta montaña. Un ibón solitario proporciona el agua que se pueda necesitar.

Valle de Ferreras
En el Cuello de Fenés (2.499m) se da vista a la cuenca del Gállego. Unos pocos metros más abajo el Ibón de Mallarruego parece un lugar tranquilo y agradable.

Ibón de Mallarruego y cuenca del Gállego, desde el Cuello de Fenés
Desde el collado buscamos hacia el Sur el mejor paso entre los picachos, en dirección hacia el Mondarruego, caminando por pedreras bien asentadas. Giramos la cabeza para ver las últimas imágenes del valle colgado y escondido que estamos dejando atrás.

Última ojeada al Valle de Ferreras, con el macizo del Vignemale asomando por la izq.
Alcanzamos el paso que comunica con la cabecera del valle de Ordiso (2.650m), al pie del Mondarruego, sin que nos atraiga subir a él.

Desde este paso las vistas sobre la Peña Otal y Tendeñera son espectaculares. Abajo se ve el ibón alto de Ordiso. Puede descenderse directamente hasta él y después seguir perdiendo altura por laderas herbosas y pequeños destrepes hasta encontrar la ruta normal.

Abajo el ibón alto de Ordiso; enfrente, a la dcha., el pico de Otal
Sin un propósito predefinido optamos por seguir en altura recorriendo una lengua al pie de la alta cresta, por encima de la Hoya de Ordiso.

Cresta junto a la que vamos descendiendo. Visible "la pedrera de los sarrios"
Un ruido próximo, de piedras que se mueven, nos lleva a fijar atentamente la vista en la pedrera que tenemos a nuestra izquierda. Un grupo numeroso de sarrios nos ha visto y se apresta a “poner piedra de por medio” lanzándose en una escalada frenética e inverosímil por las estrechas fajas que surcan el paredón. En un santiamén, no será más de minuto y medio, todos los ejemplares superan los 150m de frontal casi vertical y se “ponen a salvo” en lo alto de la cresta, desde donde ya nos contemplan más relajados. Nosotros hemos asistido boquiabiertos al inesperado espectáculo.





Continuamos el descenso hasta vernos abocados a destrepar con cuidado unos 150m para poder acceder a la Grallera, lugar al que habríamos también llegado de haber pasado junto al ibón alto de Ordiso.

Valle de Ordiso abajo, vamos perdiendo altura.
Continuamos descendiendo sin sendas, vamos encontrando trochas de ganado que, siguiéndolas alternativamente, nos llevan de nuevo a la cabaña hundida del valle de Ordiso, desde donde retornamos junto a su entronque con el Ara, cauce que seguimos por el hayedo, deleitándonos con los espectaculares farallones de Ordesa.


 Desandando el camino de subida hasta alcanzar San Nicolás de Bujaruelo.

Puente romano de San Nicolás de Bujaruelo

viernes, 6 de septiembre de 2019

Rincón de Alano y Peña Forca, circular por el altiplano Sur de la Sierra de los Alanos.



Los Alanos son una serie de pináculos rocosos que emergen altivos desde los llanos de Tacheras, en Zuriza, constituyendo la Sierra de los Alanos.

Contemplados desde el Norte quizás el más llamativo de los picos que componen esta esbelta y alargada Sierra sea el Achar de Alano, rotundo y flanqueado por dos grandes brechas. A su izquierda (hacia el Este), siguiendo en línea recta la cresta rocosa, encontramos en primer lugar las agujas de Alano, luego aparece la Faja Mazandú con punto culminante y final en el Rincón de Alano. A la derecha del Achar (hacia el Oeste), el primero es la Punta Tacheras, sigue la Peña de Alano y acaba en el Pico Ruzquía, al pie del cual se aprecia una gran pedrera. Lo que desde esta vertiente parece inexpugnable, por el Sur resulta accesible.


Tomando como punto de partida los llanos de Tacheras, en Zuriza, son varias las partes en las que se puede descomponer este recorrido:

1.       Primera parte:

Acceder y franquear el Paso de Tacheras, punto débil de la Sierra. Fiero en la distancia y fácil en la proximidad. Desnivel de 450m de D+ que se suben de un tirón aprovechando el fresco de la mañana, que se va a la sombra la mayor parte del tiempo y que las fuerzas están intactas ¡A la vuelta se da uno cuenta de la gran pendiente que tiene!

El Achar de Alano, en el centro, con el Paso de Tacheras a su izq.
Empiezo temprano la marcha en el Llano de Tacheras y mantengo un ritmo vivo con el propósito de hacer la subida mientras está a la sombra.

Un poco antes de acceder a la pedrera que precede a la Brecha me dan alcance Bego y Juan, acompañados por su pequeña perrita que, en cuanto se confirma la glera, es izada, colocada en una mochila "ad hoc" y porteada por Juan. La piedra caliza resulta demasiado áspera y cortante para las almohadillas de los canes. A partir de este punto marcharemos juntos hasta la cima del Rincón de Alano.

2.       Segunda parte:

Tras superar el Paso o Brecha se accede a un apacible altiplano que se extiende hacia el E (limitado al fondo por el Rincón de Alano y el Peña Forca) y el W (con las puntas Achar de Alano, Tacheras y Peña de Alano, acabando, más al W todavía, en el Espelunga y el Pico Ruzquía).

En esta circular, tan pronto como pasamos la brecha, enfilamos hacia el E, hacia el fondo del valle del Rincón, por zona de pasto y fácil de transitar. A la vista siempre las dos puntas principales que cierran el valle, el Rincón de Alano, al N, y el Peña Forca, al S, con el collado del Rincón o de Estiviella entre ambos.


Un sarrio nos observa desde la distancia.


El camino está mojonado y tan sólo hay que mantener la orientación hasta colocarse al pie de la cima del Rincón de Alano, momento en el cual emprendemos la subida directa hacia ella. No presenta dificultad técnica pero la pendiente es importante.

Desde la cima (2.357m) el panorama se abre espectacularmente en 360º. Una atalaya de primera.

Desde la cima del Rincón de Alano, el Castillo de Acher.
Un buitre posado en un escarpe próximo se apresta para el vuelo.


Compartimos un rato de charla en la cumbre, no demasiado, antes de continuar la marcha: Bego, Juan y la perrita (en la mochila), retornan por el itinerario de subida; yo continúo en solitario con mi circular, hacia el Pico de Peña Forca.

3.       Tercera parte:

Se deja “lo suave” y comienza “lo entretenido”. Se entra seguidamente en la parte dura de la circular; por delante: el descenso al collado del Rincón por terreno pedregoso, la trepada al Peña Forca, el laborioso recorrido de su cresta NW alzándose entre “patios” (cortada a pico por el N y con una muy pendiente pedrera al S), y el descenso por lapiaz hasta el fondo del valle para confluir con el itinerario de subida.

Sin comportar obstáculos relevantes sí requiere de constante atención para evitar cualquier incidente, especialmente yendo en solitario.

En primer lugar, y para no perder altura innecesariamente, busco la mejor línea de conexión entre el Rincón de Alano y el Collado. Con cuidado se encuentra bien.

Abajo el collado del Rincón o de Estiviella, enfrente las cimas E (izq) y W (dcha) del Peña Forca
Seguidamente un corto respiro por senda nítida en la pedrera para subir del Collado hasta la cima E del Peña Forca. Los hitos ayudan.

Entre la cima E (2.391m) y la W (2.390m) la cresta es fácil y sólida. A lo largo de la misma paso junto a la entrada de una profunda sima de la que emana una fresca brisa.

Cima W del Peña Forca desde la cima E.
Desde la cima principal del Peña Forca (la W) el panorama en 360º es tan bueno como desde el Rincón. Dedico unos instantes al reposo y a la observación antes de proseguir.

Rincón de Alano (izq) y Puerto de Estiviella, desde la cima del Peña Forca
Seguidamente viene la parte más delicada, recorrer los aprox. 900m de cresta hasta alcanzar un falso collado en la cota 2.100m en el extremo de la misma. Básicamente hay que prestar atención a lo siguiente: no perder los hitos (no abundan), mantenerse sobre el filo  siempre que sea posible, en caso de algún paso delicado (hay pocos y no superan el IIº), se pueden sortear descendiendo unos metros por la pedrera Sur (los justos, porque es muy empinada y con bastante caída, aunque está bien asentada) para volver (gateando a veces) a remontar hasta la cresta lo antes posible.

Por la cresta W del Peña Forca

Mirada hacia atrás, terminando el recorrido de la cresta.
Y así, por un terreno que exige de la máxima concentración, finalmente acabo la cresta y llego al falso collado (2.100m), desde donde se ve el fondo del altiplano del Rincón, al que llegaré tras atravesar el lapiaz que hay entre ambos lugares.

Desde el falso collado, al fondo el Rincón de Alano
Desde el falso collado, abajo el trío de los Alanos: a la dcha el Achar de Alano, sigue la Punta Tacheras y acaba con la Peña de Alano
Con la parte más ardua del recorrido terminada me detengo unos instantes para descansar de la tensión sostenida que me ha requerido la cresta (yendo solo la atención se extrema). No vienen mal unos instantes de pausa.

Los mojones por el karst son abundantes y resultan fáciles de seguir, así que adelante de nuevo.

El lapiaz descendido. Arriba a la izq. se distingue el falso collado al pie de la cresta W del Peña Forca
4.       Cuarta parte:

Confluye con la “segunda” en el fondo del valle, a partir de cuyo momento resulta muy agradable poder relajar por fin las piernas durante un rato por la mullida tasca.

Un macho cabrío se aparta recelosamente de mi camino. Parece que hoy es el día de encuentros con “habituales solitarios de la zona”, empezando por el sarrio, siguiendo con el buitre y acabando con esta cabra.


Una vez de vuelta en el Paso de Tacheras tan sólo queda descender al Llano y al punto de partida ¡Y cómo se nota la pendiente que hay!

El llano de Tacheras desde la Brecha del mismo nombre
En resumen, una circular exigente por el valle suspendido de los Alanos (15km de longitud, salvando un desnivel total en ascenso de 1.325m de D+), que deja un regusto a Pirineo muy atractivo, incluyendo en la misma al Rincón de Alano, menos visitado que el coloso de la zona, el Peña Forca, si bien ambos constituyen un par de miradores de primer orden, con un transitar por cresta a lo largo de la cual no se puede relajar la atención en ningún momento, sin olvidar una muestra de lapiaz muy genuina.




martes, 27 de agosto de 2019

Le Grand Billare; una de las atalayas de Lescun.

Les Billare: le Grand Billare (izq), la Grand Breche (ctro) y le Petit Billare (dcha)

El circo de Lescun se encuentra ubicado en la cabecera de un pequeño valle lateral del principal valle de Aspe. Numerosos riscos calcáreos, agrestes y puntiagudos, sobresalen por encima de los bosques, ríos y prados que los sustentan.

Este paraje atesora, en un espacio reducido, la más pura esencia de la naturaleza montañesa: valles verdes y apacibles; húmedos y frescos hayedos; fuertes pendientes; agujas retadoras; cimas con panorámicas espectaculares; caóticos lapiaces; contraluces encantadores. Todo esto, en su conjunto, lo convierten en una zona de obligada visita y por la que nos movemos con sumo agrado.

El objetivo de Eduardo y mío hoy es el Grand Billare y sus dos cimas principales, la Oriental (2.315m) y la Occidental (2.318m), desde el Plateau Sanchese (1.081m). Un itinerario de ida y vuelta con 10,7km de longitud, salvando un desnivel total en ascenso de 1.324m de D+. Teníamos esta ruta pendiente desde el año pasado y por fin hemos podido ajustar la fecha haciéndola coincidir con un día espléndido en Lescun.

El Petit Billare (2.238m), “hermano pequeño” de los Billare, separado del Grand por la Grande Brèche (2.115m),  queda fuera del propósito de esta ruta. Si para acceder al Grand tan sólo es necesario equilibrio y soltura para recorrer su afilada cresta, con algún que otro paso que no supera el IIº, para el Petit se requieren otras “artes”, pues el grado en algunos pasos alcanza el IIIº. En ambos hay que reseñar el aéreo transitar que las partes altas comportan.


Iniciamos la marcha en el Pla de Sanchese dirigiéndonos hacia la visible Cascada de Anayé, todavía solitaria y con los caballos pastando en las proximidades.

Cascada d'Anayé

Será éste el único tramo llano que haremos hoy pues, tan pronto se pasa al pie de la Cascada, el camino se pone cuesta arriba, se interna en un hayedo y comienza un ascenso sin contemplaciones, que es la característica de esta ruta hasta llegar al mismísimo collado (2.210m) que separa el valle de Anayé del de Lhurs.


Una primera tregua al llegar a la fuente que hay en un claro del hayedo. Buen punto para repostar, pues no se encuentra más agua en todo el itinerario.


La senda atraviesa la última parte de bosque de hayas y accede a la parte baja del valle de Anayé (1.450m).

Al frente el valle continúa, al Sur (izq., en sentido de la marcha) la gran mole rocosa de los Billare y la muy pronunciada pendiente que da acceso al collado a pie de cresta; tenemos por delante casi 800m de desnivel que conviene afrontar con resignación y sin entrar en la pedrera.


Fijado el rumbo y asumida la cuesta no queda otra que ponernos a ritmo y adelante. Por lo menos, y como es temprano, la realizaremos a la sombra casi en su integridad. Unos hitos y una clara senda van trazando las mejores zetas por las zonas herbosas, mientras una pareja de sarrios campa por la pedrera. La subida no da más tregua que un corto rellano hacia la mitad de la misma.

Al fondo Les Orgues de Complong

A medida que vamos ascendiendo la vista, en cada lazada, se nos va hacia detrás, a la mole del Pic d’Anie que cada vez parece más grande; seguramente se trata de un acto del subconsciente para distraerse de lo que todavía va quedando por subir.

L' Anie
Al alcanzar el collado o loma del cordal el panorama se amplía de golpe. La pendiente hacia el valle de Lhurs es vertiginosa; las cumbres que lo cierran son muy renombradas: el Dec de Lhurs, el Petrechema y las Agujas d’Ansabere, la Table y la Mesa de los Tres Reyes. Todo un panorama de altura.

Alcanzando el collado o cambio de vertiente
Vista hacia Lhurs desde el collado
Pero hay que continuar, para lo cual seguimos el senderito que, loma arriba, apunta hacia el inicio de la cresta al Grand Billare.

Cresta hacia el Grand Billare
La cresta, aristosa y áspera, no presenta problemas técnicos pero es entretenida, tan sólo si se tiene vértigo puede proporcionar algún que otro momento de tensión, pues hay varios tramos con vista al “patio” tanto de Anayé como de Lhurs (800m más abajo y en caída libre), en los que conviene no desviar la mirada de las puntas de las zapatillas para evitar cualquier tropiezo y asirse bien. En cualquier caso los agarres son siempre sólidos y abundantes.

En la cresta

Finalmente alcanzamos la primera de las cimas del Grand Billare, tras la cual la estrechez del cordal desaparece y ya se camina hasta la última de las cumbres.

Las dos cimas que componen el Grand Billare
El panorama desde esta atalaya resulta espectacular: enfrente el Petit Billare, entre ambos, la Grande Breche que los separa. En 360º la vista deambula de un pico a otro, de un valle al siguiente, deteniéndose en un sinfín de detalles que llenan el espíritu. Una ascensión en la que la recompensa supera con creces al esfuerzo realizado para conseguirla.

El Petit Billare, en primer plano, desde el Grand. Al fondo Les Orgues de Complong. Abajo, Lescun
Ya sólo queda desandar el camino de ascenso, con cuidado de nuevo por la cresta, observando cómo los mismos paisajes parecen diferentes con la luz del mediodía.


Retornando al punto de partida en Pla de Sanchese con los sentidos plenos y confortados por la belleza que este rincón del Pirineo Francés guarda y ofrece a los que deseen ir a buscarla.

Avistando el Plá de Sanchese