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domingo, 28 de diciembre de 2014

Castillo de Loarre y pico de Puchilibro. Pareja desigual en las acaballas de la Sierra.

Castillo de Loarre
La Sierra de Loarre forma parte de las cadenas montañosas exteriores pirenaicas en su sector oscense. Se extiende entre el valle del Gállego y la sierra de Gratal. Su nombre lo toma del castillo de Loarre (1.040m) emplazado en la ladera meridional. Culmina en el Puchilibro, a 1.595 m, uno de los más altos del Prepirineo.

El castillo acapara, explicablemente, la mayor parte de la atención; el pico queda relegado a un segundo plano, y tan sólo capta el interés de los que van más allá, de aquellos que buscan mirar al castillo desde arriba, a la par que hacer un poco de ejercicio saboreando, en pequeñas dosis, lo que el Prepirineo ofrece: erizón y boj en las solanas, pino y más boj en las umbrías, aristosa roca caliza, trochas estrechas y empinados tramos de cuestas para, finalmente, acceder a unas atalayas desde las que un extenso panorama se abre ante los ojos.

Ascender al Puchilibro es sencillo y el trayecto resulta corto, con aproximadamente 500m de desnivel positivo. Si además se continúa el recorrido con la visita a los repetidores del monte vecino, y se baja por el Plá de Lugan, se completa un agradable circuito de unos 9km de longitud.

Itinerario que no tiene pérdida puesto que está perfectamente marcado. En los cruces siempre hay un letrero que indica el camino a seguir, y así hasta la misma cima.

La fortaleza recibe el sol de la mañana.

Atrás y abajo queda la niebla; tan sólo las colinas y los puntos altos se ven libres de su manto.


La mirada, a medida que asciendo, va dirigiéndose permanentemente atrás. El castillo va achicándose.

La montaña reclama ahora la atención, encaro un tramo más empinado de roca caliza que ralentiza la carrera. La ciudadela está fuera de la vista, ya es sólo sierra y naturaleza. 

Me centro en no rozarme con los erizones y alcanzo un collado: a la derecha (Este) la senda hacia la cima del Puchilibro, a la izquierda (Oeste), la que lleva hacia los repetidores.

Llegando al collado, enfrente, a la izquierda, los repetidores.
Primero al Puchilibro, que alcanzo enseguida.

Últimos metros para llegar a la cima del Puchilibro
En la cima, bastante plana, paro un momento para contemplar las cumbres nevadas del Pirineo.

Retorno al collado y sigo la senda hacia los repetidores. Hay que cabalgar con cuidado sobre un tramo de cresta caliza bastante estrecha a tramos, asegurado por la buena adherencia de las zapatillas sobre la áspera roca.

Cresta antes de alcanzar los repetidores
Se acaba la cresta, que abandono tomando una trocha entre erizones que sale unos metros antes de su final.

Toca dejar la arista y meterse por los erizones
Atrás quedan arista y Puchilibro
La sigo hasta llegar al repetidor, accediendo a una pista que viene del otro lado, por la que asciendo hasta la caseta de guarda que hay en el cerro siguiente, desde donde contemplo el Puchilibro y la cresta de equilibrista, antes de iniciar el descenso hacia el castillo.

Puchilibro y cresta del equilibrista, desde la caseta de guarda
Tras dos horas y cuarto de recorrido estoy de vuelta en el coche, a tiempo de llegar a comer a Zaragoza, con los pulmones oreados, las piernas ligeras y la mente despejada.

Atrás quedan Puchilibro y castillo, al sol del mediodía.

Castillo de Loarre y sobre él, el Puchilibro
Delante, la niebla que me vuelve a engullir.


martes, 24 de julio de 2012

Circular al Pico Pusilibro (o Puchilibro) desde el castillo de Loarre.


El pico constituye la punta más alta de la Sierra de Loarre, elevándose sobre el castillo, hermoso y característico bastión construido a sus pies por orden del rey Sancho III en el siglo XI, para servir como avanzadilla desde la que organizar los ataques contra Bolea. Desde su posición se vigilaba toda la plana de la Hoya de Huesca y en particular Bolea, principal plaza musulmana de la zona y que controlaba las ricas tierras agrícolas de la llanura.
La particularidad del castillo es que se cimenta sobre un promontorio de roca caliza. Esto suponía una gran ventaja defensiva, ya que así los muros no podían ser minados (técnica habitual en el asedio de fortalezas, que consistía en construir un túnel por debajo del muro para después hundirlo y abrir así una brecha por la que asaltar). Además está rodeado por una muralla con torreones, permitiendo este recinto acoger a los labriegos y demás lugareños cuando, acosados por las huestes enemigas, acudían en busca de refugio.
La ascensión al pico, completada con la travesía hasta las antenas repetidoras de televisión, en el cordal de la sierra que sigue hacia el Oeste, constituye un recorrido circular con vistas no sólo al castillo y Hoya de Huesca de la vertiente Sur, sino también a la fresca vertiente Norte, buen mirador sobre las cimas pirenaicas fronterizas con Francia.
Es un trazado muy bien indicado, ameno y sin dificultad técnica con buen tiempo y suelo seco, pero que puede entrañar problemas con nieve o en momentos de niebla o poca visibilidad.
Se hace corto, confirmando que “lo breve, si bueno, dos veces bueno”, muy adecuado para un paseo mañanero pensado para estirar las piernas y orearse en una naturaleza bien conservada.
Dejo el coche en el aparcamiento del castillo (1.030m), y comienzo la marcha a las 9:45h desde el lugar donde un tablón informativo muestra las alternativas. A partir de aquí las marcas amarillas y blancas del PR son claras, además varios carteles están colocados en las encrucijadas.

El itinerario hasta la cima dibuja una especie de zeta. El primer tramo comienza atravesando un campo, para enseguida adentrarse en un pinar por donde el sendero va cortando varias pistas en su ascenso diagonal en dirección NE.
Al poco se alcanza una pista amplia que sigo unos metros hacia la derecha, hasta encontrar de nuevo las marcas blanquiamarillas que me continúan guiando manteniendo la misma diagonal. Es zona de boj y erizones cuyas flores, por lo avanzado del mes de julio, ya se han secado y el amarillo chillón de las mismas ha sido sustituido por el violeta de las matas de cantueso.

De esta manera se llega al extremo inferior de una cresta que nos separa del barranco que aparece enfrente. Comienza aquí el segundo tramo de la zeta.
El sendero enfila loma arriba, ahora en dirección NO, con vistas sobre ambos lados de la misma. El horizonte se abre hacia el Sur. Los bojes colonizan y perfuman el territorio. 

La cresta es fácil, pero se va afilando poco a poco, de manera que con nieve o niebla conviene recorrerla con cuidado. Abajo quedan el castillo y el pueblo de Loarre.

Se llega a un collado desde el que se ve la vertiente N de la sierra. Aquí el cartel indicador de la cima del Pusilibro muestra la dirección del tercer y último tramo de la zeta: ahora hacia el E, hasta la cima, a la cual se accede a través de una estrecha trocha flanqueada de boj y erizones.

Desde el punto geodésico que hay en la cumbre (1.596m) la vista hacia el N alcanza hasta los montes fronterizos con Francia.
Es un momento para llenar los sentidos de horizonte.
Un trago de agua, un plátano, una mirada más atenta hacia Collarada, Pala de Ip, … acabando en la Peña Retona, y hacia abajo, de vuelta al collado, que aún he de visitar las antenas de televisión del cerro próximo.

En continuo descenso, siguiendo las marcas blancas y amarillas, la trocha a través del bosque se va estrechando, hasta desembocar en el comienzo de una loma afilada, que se recorre sin dificultad, pero con suma atención, porque a tramos su estrechez obliga a poner un pie a continuación del otro sobre la irregular piedra caliza. La caída a cada lado no es de vértigo, pero con nieve o hielo el asunto se puede complicar de veras. Hoy en cambio, con tal de adherirse como lo hacen los “sedum” que salen entre las rocas y que las zapatillas no se atasquen o enganchen en alguna laja, ya es bastante.

La cresta acaba abruptamente en un cortado de unos 10 metros que, o bien se destrepa con cuidado o se obvia abandonándola unos 15m antes de llegar a su fin, por una trocha estrecha que desciende hacia la izquierda. En suma hay que optar entre los arañazos con los erizones o el destrepe atento y entretenido por la roca.

Tras este tramo enseguida alcanzo las antenas, y una corta pista adicional me conduce a la más alta de ellas, desde donde observar la cresta / loma recién recorrida.

Para otra ocasión queda pendiente adentrarse por la vertiente N de esta sierra, la que lleva a la Fuenfría y collado de Marina, pero ahora toca descender de nuevo hacia el punto de partida. Para ello, un cartel de madera justo al pie de las primeras antenas indica el inicio de la senda hacia Loarre.
La bajada propicia unas zancadas rápidas y continuas que enseguida me permiten alcanzar un tramo plano desde donde mirar hacia atrás, entre pino y boj, para despedirme del Pusilibro (a la derecha) y de la cresta que lo separa de las antenas.

Sigo una pista plana que se encamina hacia el Sur hasta que se acaba el llano, desde donde doy vista ya al castillo, a los pies de una empinada ladera por la que me lanzo directo, atento a los guijarros sueltos, hasta el aparcamiento, que alcanzo a las 12:15h, tras haber realizado un recorrido circular de unos 9km, salvando un desnivel acumulado de unos 600m de D+ y que me ha permitido estirar las piernas por los alrededores del “Reino de los cielos” de Ridley Scott. Yo, más terrenal, me conformo con las sensaciones experimentadas, la recarga de oxígeno y la panorámica de un Pirineo que espera las zancadas de las vacaciones.