martes, 8 de julio de 2014

Puerto del Reventón y Pico de Peñalara desde Rascafría. Por antiguas sendas.

Risco de los Pájaros desde el robledal de los Horcajuelos
Un mes de julio que más se asemeja a los comienzos del otoño, en lo que a la meteorología respecta; en el que llueve y no acaba de hace calor y donde encontrar un día bueno es casi una lotería.

Luís, Paolo, Manuel y yo dejamos uno de los vehículos en el aparcamiento de Cotos (será nuestro punto de llegada) y bajamos con otro hasta Rascafría, para iniciar la marcha confiando en que las amenazadoras nubes que cubren la sierra nos concedan la ventana de tiempo suficiente como para que no nos llueva antes de alcanzar la cima de Peñalara. El paso de la cresta entre el Risco de los Pájaros y de Claveles, cimas previas a la de Peñalara en este itinerario, no resulta nada atrayente bajo la lluvia, los rayos y los truenos.

Dos son los puntos de referencia de esta ruta, el Puerto del Reventón (2.039m) dominando Rascafría, y el Puerto de los Neveros (2.095), donde arranca la subida al Risco de los Pájaros, lugar éste desde donde podríamos abandonar si el tiempo se pusiera muy feo.

El risco de los Pájaros desde los Horcajuelos
Son las 9h cuando comenzamos la marcha en el polideportivo de Rascafría (1.150m), en busca de la cancela de acceso al robledal de los Horcajuelos, donde comienza el camino que durante siglos fue el más frecuentado para unir el valle de Lozoya con la vertiente de Segovia. Para embocar la entrada al robledal hay que optar por el sendero “hacia la izquierda” en cada una de las disyuntivas que nos va ofreciendo la senda, aproximándonos de esta manera hacia un murete de piedras que tenemos a nuestra izquierda en sentido subida.

Una vez en el bosque de robles el camino es evidente. La marcha es muy viva y el paseo entre estos árboles recubiertos de líquenes se nos hace muy corto.

Los Horcajuelos
Salimos a una zona de pinar para alcanzar enseguida una amplia pista transversal, pasando junto al Carro del Diablo (1.550m), conjunto rocoso cuya forma cada cual interpreta a su manera (no todos visualizan a la tortuga transportando el bolo de granito sobre su caparazón).

El Carro del Diablo
Al otro lado de la pista transversal, justo enfrente del sendero que acabamos de abandonar, nace una pista amplia que, entre pinos, se dirige al Puerto del Reventón, lugar que se va viendo pero al que parece que nunca se llega. Al abandonar los pinos y salir a la zona descubierta las ráfagas de aire se sienten cada vez más fuertes.

Para nuestra sorpresa, al alcanzar el Puerto, observamos que la vertiente segoviana ¡Está despejada! El viento ha barrido las nubes por esta zona y la larga loma divisoria de provincias, hasta el pico de Peñalara, se ha limpiado y se muestra radiante bajo el sol. Un breve alto para tomar algún fruto seco antes de iniciar el recorrido del cordal siguiendo la línea de trincheras que aún se conservan.

Puerto del Reventón, totémico y venteado
Continuo sube y baja durante unos 5km pasando por el cerro Morete (2.133m), alto de los Poyales (2.079) y los Neveros (2.138m), con sus respectivos puertos intermedios, sacudidos por el fresco viento segoviano, compartiendo espacio con piornos y vacas, cruzándonos con tan sólo una persona en todo el recorrido hasta el Puerto de los Neveros. El cerro de los Pájaros, en la lejanía, cada vez se ve más próximo.


Larga loma nos separa del risco de los Pájaros y Peñalara
El risco de los Pájaros
Aprovechando que tan sólo la cima de Peñalara está bajo la nube, realizamos tranquilamente la travesía sobre los bloques de granito que constituyen la cresta entre el Risco de los Pájaros y el de Claveles.

Hacia la cresta de Pájaros a Claveles
Al final de la cresta, la cima de Peñalara
Cresta que cada cual pasa a su manera
Contemplando, en su vertical y abajo, el chozo de Arangüez
Una vez en la cima de Peñalara (2.428m), a resguardo del fuerte y frío viento, tomamos alguna barrita energética,

"Feet selfish" en la cima de Peñalara
Para acometer, sin perder mucho tiempo, la última parte del recorrido de hoy, encaminándonos hacia la Senda del Batallón Alpino, entre Dos Hermanas y Peña Cítores, atravesando una ladera cubierta de perfumados piornos en flor.

Esta Senda, trazada por el Sur del macizo de Peñalara, con vistas al Arroyo del Puerto del Paular, constituyó una de las principales vías de aprovisionamiento de la línea de trincheras que separaban los frentes durante la guerra. Ofrece unas bellas vistas sobre las cimas vecinas de la zona de la Fuenfría y de la Cuerda Larga y, a diferencia de los numerosos grupos de personas que transitan entre Cotos y Peñalara, resulta extrañamente solitaria y recogida.

Cuerda Larga: Cabezas de Hierro (izq) y Valdemartín (dcha)
La Mujer Muerta (dcha), Montón de Trigo, seguidamente, y Siete Picos (centro)
La ruta que comenzó esta mañana con un rápido caminar por bosque de robles, urgidos por el pronóstico de mal tiempo, se ha trocado ahora en un relajado descenso por fresco pinar que nos resistimos a terminar, reacios a abandonar el encanto del lugar por el que vamos bajando.




Son las 3 de la tarde cuando llegamos al aparcamiento de Cotos (1.830m) tras haber realizado un recorrido de unos 21 km, habiendo realizado un desnivel positivo total de algo más de 1.500m de D+, con la suerte de haber dispuesto de un “ventanal” de buen tiempo que, ahora finalmente, se está cerrando mientras las nubes tormentosas amenazan realmente con descargar.

Ficha técnica (Cortesía de Luís):



jueves, 26 de junio de 2014

El Pozo de la Nieve del Valle de Iruelas.

El Pozo de la Nieve en el Portacho del Pozo; Valle de Iruelas
En el límite más oriental de la Sierra de Gredos se encuentra la reserva natural del Valle de Iruelas, drenada por una serie de arroyos de montaña, el principal es el de Iruelas, afluente del río Alberche, que acumula sus aguas en el embalse de Burguillo. Sus laderas aparecen cubiertas por un variado bosque donde destacan los pinos y robles, algunos de ellos son centenarios.

Un lugar privilegiado para contemplar todo el conjunto del Valle de Iruelas es el mirador natural del Puerto de Casillas, al que se accede por el Sur desde la población de Casillas, o por el Norte, desde el embalse de Burguillo. En nuestro caso partimos del embalse y dejamos el coche a la altitud de unos 950m, para continuar a pie por la pista que discurre flanqueada por bosque, mayoritariamente de pinos, claramente enfocada hacia el visible Puerto de Casillas.

A medida que ascendemos vamos dejando atrás varias pistas que salen de la principal y que se adentran hacia los laterales del valle, cerradas al paso de vehículos con sendas portadas de madera de media altura. Después, a la bajada, exploraremos alguna de ellas.

La pendiente es fuerte y eso permite que en poco tiempo alcancemos el Puerto de Casillas (1.467m), con vista diáfana hasta el embalse de Burguillo.

Embalse de Burguillo, desde el Puerto de Casillas
Desde el mismo collado sale un sendero que, bordeando sin perder altura los picos de la Piña y de Casillas, llega hasta el Portacho del Pozo, paso natural que comunica el Valle de Iruelas con su vecina, la Garganta de la Yedra, lugar donde se encuentra el Castañar de El Tiemblo.

Al fondo, al pie del Cerro de la Encinilla, el Portacho del Pozo
Son unos 3km de recorrido en el entorno de los 1.500m de altitud, de fácil y agradable caminar por un entorno fresco y con abundante agua.

El Valle de Iruelas desde la senda hacia el Portacho
Al fondo, ya a la vista, el Portacho del Pozo
Finalmente se alcanza el Portacho del Pozo (1.457m), lugar donde se encuentra el Pozo de Nieve, recinto que se usaba antiguamente para la “conservación” del hielo, a base de llenarlo de nieve de las montañas vecinas, de ahí su enclave al pie de las mismas, para ir usándola después en tiempo de verano.

Edificio que alberga el Pozo de la Nieve, en el Portacho del Pozo
El lugar resulta placentero y evoca tiempos pretéritos donde los esfuerzos eran grandes y las tareas fatigosas.

Pozo de la Nieve
Tras tomar unas barritas energéticas emprendemos el descenso hacia el Valle de Iruelas por la misma vertical del Portacho, para enlazar con una pista que se divisa unos doscientos cincuenta metros más abajo.

La pista "espera" más abajo
Bajada “ladera a través” entre campos de helechos y manchas de  robles que nos adentra en terreno montaraz y virgen, permitiéndonos descender rápidamente mientras nuestros sentidos se llenan de naturaleza y las zapatillas de “restos de frondosidad”.




Al final alcanzamos la pista, una de las “laterales” que salían de la principal hacia el Puerto de Casillas, y cuyo recorrido permite transitar por una zona de bosque sereno y atractivo que brinda una oportunidad segura de silencio y recogimiento. Es uno de esos lugares en los que el tiempo parece que se detiene y donde el ruido desaparece.

Resulta difícil resistirse a la apacible influencia del ambiente

Atrás queda el Portacho del Pozo y la mancha amarilla por la que hemos descendido a trocha
La recorremos durante unos 2km hasta llegar a la cancela de madera que la separa de la pista principal hacia el Puerto y que habíamos pasado de largo por la mañana.


No disturbar al "guardián" de la cancela
Tan sólo nos queda seguir hasta llegar al coche, tras haber realizado un recorrido de unos 12km y haber salvado un desnivel total de unos 600m de D+, por un entorno que permite disfrutar del silencio y de los colores.

viernes, 20 de junio de 2014

El Castañar de El Tiemblo ¡Aunque no sea otoño!

Castanea sativa
En el extremo más oriental de la Sierra de Gredos, junto al valle de Iruelas, al Sur de la localidad de El Tiemblo, se encuentra un magnífico bosque de castaños.  En él, los espigados ejemplares  se alzan solemnes hacia el cielo compartiendo espacio y silencio con algunos centenarios de tronco roto, abierto y aparentemente seco, que siguen siendo capaces de producir brotes cada primavera.

La luz del sol se cuela entre las serradas hojas de los altos árboles cuando abandonamos el área recreativa del Regajo, lugar en el que hemos dejado el coche. De hecho, es el único vehículo que hay en al aparcamiento.

Pasear por un bosque es agradable en cualquier época del año, y hemos decidido visitar este rincón antes de que llegue el otoño, para ver cómo luce durante la floración.

A medida que nos adentramos en él comienzan a aparecer los restos de troncos secos y retorcidos a cuyo alrededor, y de la misma raíz, salen, como en corona, tallos más jóvenes, descendientes de aquel que ya dejó de crecer. Caminamos en silencio, acompañados por el piar de los pájaros y atrapados por el cautivador entorno. 



El sendero, amplio y bien marcado, nos conduce hasta  a una explanada donde el bosque se abre, dando vista al refugio de Majalavilla, rodeado de castaños en flor.

Entramos en él y vemos  los “graffitis” que adornan su interior.


Dejando Majalavilla a la derecha descendemos por el camino hasta pasar junto a un solitario y enorme pino resinero, cuyo tronco se alza enhiesto por entre las hojas de los castaños que le rodean ¿Qué altura tendrá? ¿Unos cuarenta metros?

Un poco más abajo llegamos al Abuelo, el señor del bosque. El Abuelo es un castaño monumental de más de 500 años, con unos diecinueve metros de altura por unos dieciséis de perímetro. A pesar de estar totalmente hueco, este año también ha rebrotado.

El Abuelo
Tras contemplar largamente al longevo coloso, a cuyo lado uno toma conciencia de lo efímero de la propia existencia, reanudamos la marcha adentrándonos en una de las zonas más solitarias y frondosas del bosque. Aquí los centenarios castaños se mezclan con los robles formando un atractivo contraste. Siguiendo el arroyo de la Yedra, llegamos a la plácida pradera de Garrido, donde el bosque se abre.

Pradera de Garrido
Robles y Castaños en flor comparten la pradera
Arriba, el Pico de Casillas, y a su derecha el Portacho del Pozo, marcan la divisoria con el vecino valle de Iruelas.

Pico de Casillas con el Portacho del Pozo, a su derecha
En la llanura hay una bifurcación de la que tomamos el ramal de la izquierda, por el que llegamos al Castañar del Resecadal. En este rincón abundan gigantes centenarios, con una edad media de 150 años, de robustos troncos y copas amplias y redondeadas.

Ejemplares centenarios del Castañar del Resecadal
En esta parte del bosque, sobre una alfombra de helechos, conviven con el castaño, saúcos, fresnos, cerezos silvestres, olmos, acebos, avellanos y majuelos.


¡Por cierto que, las cerezas, por San Juan, resultan bien frescas y apetitosas!


A partir de aquí el camino desciende con bastante pendiente hasta salir a una bifurcación donde,  continuando por la derecha, enseguida se alcanza el puente por el que habíamos entrado a la Senda del Castañar.

Estamos de vuelta en el área de El Regajo, donde unas vacas de diversas edades e igual condición reposan apaciblemente y a la sombra.


Mientras sus antiguos congéneres, los Toros de Guisando, transformados en piedra, aguantan estoicamente el caluroso sol del verano sobre sus lomos, unos cuantos kilómetros más abajo.

Toros de Guisando