domingo, 9 de septiembre de 2018

Los Alanos en Zuriza. Achar de Alano, Ralla de Alano, Trasveral Oriental y Occidental, Espelunga y Ruzquía, en circular.

Fachada Norte de la Sierra de los Alanos desde Tacheras

Los Alanos, además de hacer referencia a un pueblo bárbaro de origen germánico que invadió España en el siglo V, o a un perro de presa, cruce de dogo y lebrel, son también, y en este caso, una serie de pináculos rocosos que emergen altivos desde los llanos de Tacheras, en Zuriza, constituyendo la Sierra de los Alanos.

Contemplados desde el Norte quizás el más llamativo de los picos que componen esta esbelta y alargada Sierra sea el Achar de Alano, rotundo y flanqueado por dos grandes brechas. A su izquierda (hacia el Este), siguiendo en línea recta la cresta rocosa, encontramos en primer lugar las agujas de Alano, luego aparece la Faja Mazandú y acaba en el Rincón de Alano. A su derecha (hacia el Oeste), el primero es la Punta Tacheras, sigue la Peña de Alano y acaba en el Pico Ruzquía, al pie del cual se aprecia una gran pedrera. Lo que desde esta vertiente parece inexpugnable, por el Sur resulta accesible.

Son prácticamente las 9h cuando Eduardo y yo iniciamos la marcha en el llano de Tacheras (1.280m). El bien marcado sendero discurre en un principio por un bonito bosque en el que predominan las hayas y los pinos. El Achar de Alano sobresaliendo por encima de los árboles capta las miradas.

El Achar de Alano
Se acaban los árboles y salimos a una zona de prados desde la que el Paso de Tacheras (a la izq., del Achar) muestra el punto hacia el que se dirige la senda en pronunciado ascenso.

El Achar de Alano flanqueado por dos grandes brechas. La de la izq., es el Paso de Tacheras
A buen ritmo nos plantamos al pie del corredor rocoso que enfila el visible Paso (1.905m), lo superamos y accedemos a la meseta superior de la Sierra de los Alanos. 

Alcanzando el Paso de Tacheras.
Se trata de un valle suspendido cubierto de tasca, rodeado de picos aparentemente accesibles, lo cual contrasta notablemente con la verticalidad y aspereza de la vertiente Norte de la que venimos.

A nuestra derecha (Oeste) se alza la ladera del Achar por la que, tras descansar brevemente, ascendemos en diagonal contorneando el pico para encontrar los mojones de la vía normal.

Achar de Alano desde el Paso de Tacheras
Que ya seguimos hasta llegar a una sencilla chimenea (II), de unos seis metros de longitud, en la que es necesario usar las manos,  que nos conduce directamente a la cumbre.

Superando la corta chimenea que da acceso a la cumbre
La cima del Achar constituye un mirador magnífico en los 360º.

Hacia el Este tenemos en primer lugar la cresta rocosa con las agujas de Alano, seguidas por el Mazandú y culminando al fondo con el circo formado por el Rincón de Alano (izq)  y el Achar de Forca (dcha). Este sector lejano queda apuntado para visitarlo en otra ocasión.

Desde la cima, hacia el Este. Tras el Rincón, al fondo, el Castillo de Acher
Hacia el Oeste de la cadena se ven la Punta Tacheras y la Peña de Alano, así como un collado herboso (collado de la Ralla) a cuya izquierda se alza el redondeado Trasveral Oriental. Es ésta la zona por la que deambularemos hoy.

Desde la cima hacia el Oeste. La altiva Punta Tacheras en primer plano.
Optamos por continuar la circular dejando de lado subir a la Punta Tacheras, que parece algo entretenida, porque queremos alcanzar el Espelunga y contemplar desde él la Peña de Ezkaurre, separados ambos por la impresionante Foz de Veral, mil metros más abajo.

INCISO:

A mitad del recorrido, cuando desde el Trasveral Occidental constatamos que íbamos bien de ritmo, lamentamos no haberlo subido -  “Total, no habría supuesto más de una hora adicional”, nos dijimos.

Sin embargo después, cuando, tras haber ascendido a seis puntas relevantes del valle suspendido de Alanos, llegamos al coche con la tormenta pisándonos los talones, comprendimos que esta vez el destino nos había sonreído pues, de haber subido a la Punta, la cortina de agua que nos cayó justo al meternos en el coche nos habría cogido descendiendo por el intrincado bosque de hayas, cuya fuerte pendiente ya nos exigió, aún sin lluvia, toda nuestra atención para evitar “esturrazarnos” (deslizarnos sin control) ladera abajo.

Así pues, descendemos del Achar por la chimenea de subida para continuar con nuestro recorrido encaminándonos hacia el  amplio  Collado de la Ralla bordeando la Punta Tachera por su base.

Una alambrera para ganado se extiende por el collado de la Ralla (2.050m) de Norte a Sur. 

Vista hacia atrás desde el collado de la Ralla.
En un recorrido de ida y vuelta accedemos fácilmente primero a la cima de la Peña de Alano (2.162). Otro mirador extraordinario sobre el amplio entorno.

Desde la cima de la Peña de Alano un sinfín de contornos pueblan el horizonte tras el rotundo Achar de Alano, en primer plano.
Regresamos de nuevo al collado herboso y accedemos a la suave cima que le sigue, el Pico Trasveral Oriental (2.088m). Desde su cumbre y hacia el Oeste hay una panorámica clara del karst en el que nos adentraremos seguidamente.

Trasveral Occidental (izq.), Espelunga (dcha.); tras él, la Peña Ezkaurre

Unos metros más abajo distinguimos a un solitario sarrio que nos tiene clavada la mirada.


Tras un último vistazo en derredor iniciamos la marcha hacia el siguiente Trasveral, el Occidental. Descendemos unos metros hacia el lapiaz y nos sobresalta el súbito sonar de unos cencerros. Un grupo de cabras escapan raudas abandonando la cueva en la que, bajo la misma cumbre pero invisible desde ella, han estado esperando a que nos fuéramos. No se van demasiado lejos, atentas a cuándo dejamos libre el terreno para volver a su lugar.

Cuevas y cabras bajo la cima del Trasveral Oriental
El tránsito por el terreno kárstico resulta menos fatigoso de lo previsto. Una pareja de sarrios se deja ver. 


Pasamos sin dificultad por el Trasveral Occidental (2.079m) desde el que hemos de rodear una gran hondonada que lo separa del Espelunga.

Subir al Pico Espelunga resulta tan sencillo como han sido los anteriores, aunque ya se van notando en las piernas los metros acumulados, porque cada uno de los tramos de cien en cien metros de desnivel que ya hemos realizado va sumando.

La vista desde la cima del Espelunga (2.106m) es de las que te retienen durante un rato. Enfrente, la imponente cara Este del Pico Ezkaurre; entre ambos el profundo corte en cuyo fondo está la Foz de Veral.

La Peña de Ezkaurre (cara Este) desde la cima del Espelunga.

Hacia atrás, la última cima del recorrido, el Pico Ruzquía, parece lejana. No lo está tanto.

A la izq. el Pico Ruzquía
Las nubes son cada vez más abundantes, algunas bastante negras; la tormenta se va anunciando, así que emprendemos el descenso.

Acceder a la cima del Pico Ruzquía (2.074m) resulta más rápido de lo previsto. Se conoce que vamos estimulados por la presencia de los nubarrones, ya que no querríamos que nos lloviera en las Canales del pico que desembocan en la gran pedrera de su base. La vista sobre la abrupta cara Norte de la Sierra de Alanos nos lo recuerda.

Cara Norte de la Sierra de los Alanos desde la cima del Pico Ruzquía

El Pico de Espelunga (dcha.) desde la cima del Ruzquía
Así que sin más demora dejamos la cima y nos encaminamos a las Canales de Ruzquía, eligiendo para descender la más próxima al pico. 

Última mirada hacia la Peña Ezkaurre desde el Ruzquía, antes de abandonar su cima.
Desde arriba de la canal se aprecia continuidad en el descenso.

Hacia / por las canales de Ruzquía


Bajar por los grandes bloques que hay en la canal no es difícil, y enseguida embocamos la gran pedrera que le sigue.

La pedrera, comparada con la que tuvimos que “tra-bajarnos” entre el Pico de Otal y de Fenés hace unos días, nos resulta corta y hasta cómoda.

La pedrera "tra - bajada" al pie de las Canales de Ruzquía, con el pico a su dcha.
De nuevo en el pasto encontramos gran cantidad de matas de Vincetóxico o Pimiento de monte (Vincetoxicum hirundinaria) cubriendo la base de este pedregal calizo.

Vincetóxico

Dejando atrás la Sierra, a la altitud de unos 1.700m, nos encaminamos directamente hacia el Norte por laderas herbosas, enfilando hacia el bosque que cada vez tenemos más cerca.


Y en él nos internamos, a los 1.500m de altitud, cuando los nubarrones ya cubren más de las dos terceras partes del cielo. Hay un mojón que marca el inicio de la senda.

Mirada hacia atrás antes de internarnos en el hayedo.
El atractivo y frondoso hayedo, en el que gustosamente entramos creyendo que ya todo será coser y cantar hasta llegar al coche, aún nos depara alguna sorpresa. El sendero está tan poco usado que numerosas hayas jóvenes lo han colonizado, haciendo que en algunas partes se pierda.



Lo que no es senda es una ladera muy inclinada alfombrada de hojas sobre piso de guijarros menudos en terreno duro, que la convierte en muy inestable. Hay que ir muy atentos e intuir cada zigzag de la antigua senda.



Resulta un tramo muy intrincado pero bonito.

Se acaba el hayedo
Finalmente, tras la inmersión de bosque, salimos directamente a la pista, muy próximos al coche, habiendo realizado una circular de 13km de longitud salvando un desnivel total en ascenso de 1.300m de D+.

Suenan los truenos; desde fuera del hayedo podemos ver los nubarrones que cubren por completo la Sierra; nos metemos en el coche con las primeras gotas de lluvia cayendo sobre nosotros; apenas tenemos tiempo para “echar dentro de él” mochilas y bastones y comienza a caer una cortina de agua que nos acompañará hasta bien pasada la Foz de Veral.

La Sierra de los Alanos bajo la tormenta
Tuvimos suerte cuando, en el Achar de Alano, decidimos no incluir el ascenso a la Punta Tacheras en la circular de hoy.



domingo, 2 de septiembre de 2018

La Peña Ezkaurre. Vertiginoso mirador sobre el río Veral (Zuriza), mil metros más abajo.

Vertiente Este de la Peña Ezkaurre, sobre la Foz de Veral (desde el Espelunga)

Ezkaurre, en la zona de Isaba, es una mole caliza orientada de noroeste a sureste. Dos barrancos / valles, el barranco de Berroeta, al Sur, y el valle de Belabarze, al Norte, flanquean su lomo calcáreo. Este espinazo tiene más de tres kilómetros de longitud y sus alturas oscilan entre los 1.700m (la peña más occidental) y los 2.045m de la cumbre más oriental (la propia Peña Ezkaurre) cuya cima es el límite entre los valles de Ansó (Aragón) y Roncal (Navarra).

Tanto Berroeta como Belabarze están cubiertos por frondosos bosques, mayoritariamente de hayas, cuyo enorme atractivo supone un plus al de la propia cima, de manera que nos planteamos un recorrido que, con origen y llegada en la población de Isaba, los integre en una circular que resulta exigente (por su longitud: 26,3 km y desnivel acumulado en ascenso: 1.485m de D+), pero espléndida a nivel “sensorial”.

Hitos más característicos de la ruta:

Isaba – Barranco de Berroeta – Sierra de Arrigorieta – Solano de Ezkaurre – Ibón de Ezkaurre – Peña Ezkaurre – Collado Abizondo – Collado de Argibiela (Zuriza / Belabarze) – Valle de Belabarze – Barranco y Cascada homónimos – Ateak (puertas) de Belabarze – Isaba.

Es temprano cuando iniciamos la marcha en Isaba y nos encaminamos hacia las “ateak” (puertas) de Belabarze por un sendero bien marcado que al poco se transforma en pista.

Dolmen en Isaba

Ermita en el camino hacia las "ateak" de Belabarze
Por suave pendiente y por la derecha orográfica del arroyo de Belabarze, alcanzamos al cabo de un par de kilómetros una bifurcación con puente: a la izquierda la señal marca el comienzo del ascenso a la cascada de Belabarze por un estrechamiento entre dos peñas (las "ateak") por donde pasa el arroyo, que no tomamos, pues es por donde retornaremos a la vuelta; en su lugar continuamos por la propia pista en un giro pronunciado hacia la derecha para, siguiendo el GR-11 que ya no dejaremos hasta la propia cima, enfilarnos hacia el barranco de Berroeta, por donde ascenderemos.

Al poco la pista llega a una explanada dando fin a su trazado. De aquí, y siempre guiados por las marcas blancas y rojas del GR-11, nos internamos en el frondoso bosque que cubre el barranco de Berroeta, ascendiendo a la sombra de los árboles hasta que estos se acaban a la altura de los 1.400m. 



Ocasionales ventanas en la vegetación dejan contemplar las calizas que conforman las montañas en esta zona.




La salida a campo abierto permite tener una perspectiva completa de lo que todavía nos queda, con la alargada mole de la Peña de Ezkaurre visible en lontananza. A partir de aquí caminaremos a la descubierta por el cordal cimero, flanqueados por árboles solitarios (pinos y hayas).

Barranco de Berroeta con la alargada mole de la Peña de Ezkaurre, al fondo.
El cordal discurre inicialmente en dirección sureste y los árboles son cada vez más escasos conformando grupos aislados de uno o varios ejemplares. 


La Peña Ezkaurre cada vez más próxima.
La pendiente es suave y a la derecha van quedando las redondeadas cimas de la Sierra de Arrigorieta (Arnaia y Kañadaxiloa). Atrás, y cada vez más alejado, queda el punto en el que hemos abandonado el bosque.

A la izquierda se ve el claro en el que hemos abandonado el bosque que cubre el barranco de Berroeta, en primer plano.
Caminar tranquilo y solitario que, de repente, se ve interrumpido por un grupo de cabras que, cual vigilantes atentas del lugar, aparecen recortándose contra el horizonte y, tras advertir de nuestra presencia al resto del rebaño, se agrupan todas y se lanzan nerviosamente ladera abajo buscando el cobijo del bosque próximo.


En un momento determinado el sendero se orienta francamente hacia  el Norte, enfrente la poderosa muralla calcárea de la Peña Ezkaurre.


Hacia atrás las hayas solitarias que flanquean la senda por la que hemos venido.


Vamos siguiendo las marcas del GR que nos guían hacia un altiplano bajo su cara Sur, donde está el ibón de Ezkaurre, hoy sin agua y ocupado por ovejas.


Las señales rojiblancas nos llevan hasta el mismo pie de una canal que supera en línea recta los 300m de desnivel que nos separan de la cima. Salir del prado y entrar en la roca es todo uno.

Canal de acceso a la Peña Ezkaurre
La trepada resulta sencilla (I+) y está bien marcada con hitos y pintura. La aspereza de la caliza proporciona una adherencia excelente pero hay que tener cuidado porque sus afilados bordes resultan muy cortantes.


Los primeros doscientos metros son de pronunciada pendiente si bien al final se suaviza hasta llegar al ancho lomo cimero de Ezkaurre el cual, una vez alcanzado, hay que seguir en ligero ascenso y en sentido este hasta llegar a la cima de la Peña Ezkaurre (vértice geodésico), lugar “adornado” por unas características lajas que forman una curiosa composición. Hoy está la cumbre muy concurrida.

Cima de la Peña Ezkaurre
No nos detenemos junto al vértice, sino que continuamos loma adelante unos doscientos metros, hasta que ésta se acaba. Enfrente tenemos el pico de Espelunga, entre ambos, el espectacular tajo de mil metros de profundidad que los separa. Abajo, en el fondo, la Foz de Veral.

Cara Oeste del Pico de Espelunga desde la Peña Ezkaurre, entre ambos, la Foz de Veral
Sobre nuestras cabezas no paran de dar pasadas rasantes unos pájaros habituales de los altos roquedos; el avión roquero (Ptyonoprogne rupestris), cuyo curioso comportamiento está tan bien descrito por Javier en su blog de La Naturaleza Que Nos Queda. Junto con dos personas que también se han separado de la poblada cima / vértice (Lidia y Bea) contemplamos largamente el impresionante paisaje y las evoluciones de los pájaros. Dentro de pocas fechas visitaremos la zona del Espelunga y de los Alanos, y contemplaremos la abrupta vertiente Oeste del Ezkaurre desde allí, pero eso será otro día.

Finalmente decimos adiós a Lidia y Bea, ellas permanecerán más rato de contemplación, y emprendemos el descenso hacia el Collado Abizondo.

La bajada de Ezkaurre por su vertiente norte abandona la cima por una pendiente moderada, las marcas del GR indican el camino, hasta que al poco éste empieza a bajar bruscamente hacia el boscoso collado de Abizondo a través del karst. La pendiente es tan pronunciada y las rocas están tan pulidas que bajar por ella requiere de una atención constante para evitar los resbalones que acechan.


Iniciando el pronunciado descenso hacia el collado de Abizondo


En los momentos de descanso durante la fuerte bajada, la mirada se va hacia el grupo de los Alanos, en Zuriza.
Y así hasta llegar al collado de Abizondo, donde súbita y  momentáneamente la pendiente se modera y uno se da de bruces con el comienzo de un hayedo. Aquí hacemos un breve descanso para recomponernos tras la tensa bajada.

Amable inicio del hayedo tras la delicada bajada por rocas pulidas
Las marcas blancas y rojas siguen indicando el camino, que prosigue en suave descenso adentrándose en el hayedo. Pero esto dura muy poco, ya que a los apenas trescientos metros de haber dejado el collado el bosque se hace más denso y el GR se enfila en fuerte bajada entre hayas de troncos acodados (¿Será para sostenerse mejor?), a los que nos vamos agarrando a medida que descendemos. 


Finalmente la pendiente se modera y las marcas se orientan hasta desembocar en la carretera que une Isaba con el camping de Zuriza, por la que continuamos en dirección ascendente unos cien metros, hasta llegar al alto del puerto o Collado de Argibiela, límite entre Navarra y Aragón. Nos quedan todavía 9,5km de recorrido hasta Isaba.

Desde este collado parte una pista en dirección oeste que tomamos para, a unos doscientos metros,  abandonarla y seguir por un sendero a la derecha que sale de la misma. Como siempre, las marcas del GR lo indican ¡Conviene ir atento a ellas!

Hacia Isaba por Belabarze
Este camino desciende por un bosque mixto de pinos y hayas hasta llegar al fondo del valle, donde se arrellana.

Por el valle de Belabarze
El valle de Belabarze es prácticamente plano y durante todo él llaneamos paralelos al curso de agua, por la margen izquierda orográfica, con alguna que otra subida suave, hasta llegar al final del mismo, donde el río empieza a bajar bruscamente. El bosque resulta acogedor y su recorrido supone un gozo para los sentidos.

Por el bosque de Belabarze



Llegados al final del valle, y junto a unos prados, vadeamos el cauce y pasamos a la margen derecha orográfica. Perdemos momentáneamente las marcas y damos unas cuantas vueltas hasta que las volvemos a encontrar; siguiéndolas y claramente hacia la izquierda (en sentido de la marcha) nos conducen enseguida al barranco de Belabarze.

El barranco es bastante estrecho, y el evidente sendero discurre por un entorno de hayas centenarias que inducen a contemplarlas con respeto.


No tardamos mucho en escuchar el ruido que produce la Cascada de Belabarze, lugar, éste sí, bastante concurrido.

Cascada de Belabarze
Tras visitarla, enseguida llegamos al final del barranco, cruzamos la estrechura de las “ateak” de Belabarze y salimos junto al cartel indicador en el que por la mañana nos detuvimos antes de seguir hacia Berroeta. Acabamos de cerrar el círculo, pero no la circular, ya que todavía nos resta seguir por la pista de ascenso hasta llegar a Isaba.  Son poco más de dos kilómetros, pero las piernas acusan los veinticuatro ya recorridos junto a los más de 1.450m de desnivel ascendidos.

La luna comparte la tarde.


Mientras tanto, los tendidos rayos del sol poniente aún iluminan los densos arbolados que componen estos bellos bosques navarros por los que hemos deambulado, habiendo trazado una larga ruta que nos ha llevado por una gran diversidad de terrenos y paisajes, tocando la cima de la Peña Eskaurre y recorriendo íntegramente sus vertientes Sur y Norte, respectivamente.