sábado, 9 de junio de 2018

El Cerro de los Álamos Blancos de la Jarosa; una rareza en la Sierra de Guadarrama.


El Cerro de los Álamos Blancos
Situado a poco más de kilómetro y medio al Este del cerro de la Salamanca (1.785m), y de algo menos al Sur del Cabeza Líjar (1.823m), se alza el Cerro de los Álamos Blancos (1.509m), visible desde distintos puntos de la Jarosa, cuya singularidad más reseñable la constituye un bosquete de unos 150 ejemplares de álamos temblones (Populus tremula), que no blancos (Populus alba), los cuales, de primavera a otoño (en invierno pierden la hoja), ponen una nota distintiva de color que resalta de entre la homogeneidad cromática del pinar.

A lo largo del recorrido de hoy, con origen y punto final junto al muro del embalse de la Jarosa, cruzamos numerosos arroyos, atravesamos plácidas navas donde el ganado de altura va a lo suyo, nos internamos en un espeso pinar cada vez más atractivo, cobijo de árboles singulares y visitamos el bosquecillo de álamos en lo alto del cerro, retornando finalmente al punto de partida por sendas flanqueadas de vegetación, discurriendo la mayor parte del itinerario por zonas alejadas de los circuitos tradicionales, donde tan sólo en los tramos inferiores (aproximadamente a lo largo del 15% del recorrido) coincidimos con alguien más. En total, una circular de unos 13.5km de longitud salvando un desnivel total en ascenso de 580m de D+.

Son las 9h 30m cuando comenzamos la marcha junto al embalse de la Jarosa tomando una pista asfaltada que, dejando la carretera, se enfila hacia el N en el pinar bordeando por el E el cerro de la Viña.

Al poco de comenzar la marcha, mirando hacia atrás, distinguimos en la lejanía la inconfundible silueta del Yelmo, allá en la Pedriza.

Al fondo destaca la silueta del Yelmo
A medida que sube, la senda va girando hacia el O. Abajo, tras las jaras y los pinos, va quedando el embalse de la Jarosa.

Atraídos por el ruido cada vez más fuerte de las aguas del arroyo de la Chorrera  abandonamos momentáneamente la pista en un punto determinado, y continuamos por una senda hasta localizar la pequeña chorrera que queremos ver, no muy alta, pero sí con un acceso incómodo y punzante, defendido por todo tipo de zarzas y pequeñas lianas.

Arroyo de la Chorrera
 
Aproximación a la chorrera
 
 
Una vez “recompuestos” de la visita retornamos a la pista principal pasando por los restos de la Casa de los Resineros para llegar, seguidamente, a la fuente de la Chorrera, amplio espacio ahora libre de las numerosas personas que lo ocuparán algo más tarde.

Restos de la Casa de los Resineros
Seguimos la amplia pista hacia el O para, a unos cincuenta metros, abandonarla y tomar una senda que se encamina hacia el N. Se trata de la senda de los Reajos. A partir de aquí la pendiente se acentúa sobremanera y pasamos del “modo paseo” al “modo montaña” durante los siguientes 250m de desnivel.

Casi al final de la pronunciada subida, y poco después de pasar la fuente de los Reajos, llegamos a una nava que parece un jardín de infancia equino, donde los potrillos se amontonan y curiosean.

 

A partir de este punto localizamos y seguimos, hacia el O, el Sendero de los Álamos Blancos (balizas indicadoras). La pendiente se atenúa, los pinos cobran más relevancia (algunos resultan imponentes) y el parche de color que conforman los álamos hacia los que nos dirigimos se encuentra cada vez más cerca.

El muérdago encuentra buen acomodo en los pinos
 
 
Los álamos brillan entre el pinar y las rocas
Alcanzamos al poco la fuente de la Pinosilla, de agua fría y abundante, emplazada en un apacible paraje donde destaca un gran pino silvestre, catalogado como “singular”, al que se le calcula una edad de unos 200 años.

 
En este entorno, donde los pájaros trinan sin parar y fluye el agua, tomamos un tentempié tratando de imbuirnos al máximo de la paz que nos rodea.

Fuente de la Pinosilla
Reanudamos la marcha; el Cerro ya está próximo, la senda se sigue muy bien y el porte de los pinos continúa siendo impresionante.

Una gran acumulación de acebos, formando un conjunto magnífico, atrae nuestra mirada.

Llegamos al pie del Cerro de los Álamos Blancos. Quedan pocos metros de desnivel para alcanzar a la parte más alta. Un enclave singular: algo más de un centenar de álamos temblones entre una mayoría de pinos, junto a varios robles.

 
El lugar mantiene también restos de fortificaciones provenientes de la guerra que infunden cierto desasosiego.

Son amplias las vistas sobre el Embalse y el valle de la Jarosa.

 
Deambulamos por este sitio en el que belleza y recogimiento se aúnan a partes iguales, tomándonos nuestro tiempo antes de emprender el descenso. Habrá que volver en otoño, cuando el amarillo de los álamos y el marrón de los robles "pinten" el lugar.

Abandonamos el Cerro de los Álamos y emprendemos el descenso
 

Bosque a través, siguiendo en sentido SE una trocha apenas indicada, descendemos hasta encontrar una pista forestal que seguimos en sentido N (hacia la izquierda), encaminándonos de vuelta hacia la fuente de la Chorrera. Nos pasamos de largo una senda secundaria hacia la derecha y llegamos hasta la misma fuente, con lo que debemos retornar unos 500m hasta el desvío que nos habíamos saltado.

Lo tomamos y ya, de nuevo por zona nada frecuentada, cruzamos el arroyo de la Jarosa cuyo curso seguimos encaminándonos hacia uno de los aparcamientos intermedios de la Jarosa.

A partir del aparcamiento, y siempre próximos a la carretera, tomamos una bonita senda que va bordeando el embalse de la Jarosa, discurriendo entre diversa vegetación y pinos, con ventanas ocasionales a las aguas del pantano y a sus alrededores, de forma que alcanzamos el punto de partida tras apenas un kilómetro que se nos hace corto, quedándonos prendidas unas bellas imágenes en el recuerdo.
 
 
 
 
 
 

sábado, 2 de junio de 2018

Chorrera del Hornillo desde Robledondo


Robledondo es una pequeña localidad ubicada a unos 1.400m de altitud, próxima al Puerto de la Cruz Verde, en territorio madrileño de la Sierra de Guadarrama, lindando con la provincia de Ávila. La ladera Oeste de la sierra que, culminando en el Pico de Abantos, separa esta vertiente de la del Escorial, está cubierta principalmente de robles y jaras, a la par que surcada por varios cursos de agua.

Uno de estos arroyos, el del Hornillo, con nacimiento próximo al Puerto de Malagón, tiene en su parte alta un discurrir tranquilo por parajes muy atractivos y solitarios, culminando en una chorrera o cascada cuya contemplación en primavera, cuando más caudal de agua presenta, vale en sí misma una visita.                                    

Si bien la chorrera puede visitarse en un recorrido de ida y vuelta apto para todos los públicos, dejando el coche en una zona de aparcamiento junto al Puente de la Aceña (km 5.5 de la M-535), nosotros optamos por hacer un recorrido con inicio y final en Robledondo, a lo largo del cual la contemplación de la Chorrera sea un punto más de una circular que nos permita deambular por los distintos parajes que ofrece la parte meridional de la sierra.

No madrugamos mucho, de hecho son pasadas las 9h 30m cuando iniciamos la marcha en Robledondo, habiendo dejado el coche detrás de la iglesia. Nos guiamos por el buen track de losK2delascumbres que, como en tantas ocasiones, dibuja un trazado original por zonas infrecuentes que los amantes de la naturaleza y buscadores de lo inédito apreciamos sobremanera.

Los primeros tres kilómetros, paralelos y en altura sobre el trazado de la carretera M-535, caminamos de E a O manteniendo la altitud, en pos del Puente de la Aceña por zona de olorosas jaras y abundantes robles cuyas hojas se encuentran en distintas fases de crecimiento.

 
 
 
 
Flor y hojas tiernas de roble
 
Agallón del roble: inducido por insectos,  se trata de la respuesta del vegetal a la presencia del parásito 
La frescura y luminosidad de la vegetación, junto con la soledad de la trocha (salvo por un grupo de vacas con las que la compartimos en un determinado momento) confieren a este tramo un atractivo particular.

Finalmente, en la zona del Palancar, con el Puente de Aceña a la vista, el sendero desciende rápidamente hasta embocar, junto al puente de la carretera, con el arroyo del Hornillo y el inicio de la senda hacia la Chorrera; comienza aquí el tramo más frecuentado de la circular de hoy. De hecho, el único en el que coincidimos con alguien más.

Hermosa encina próxima al inicio de la senda de la Chorrera
Si hasta ahora hemos transitado al sol, a partir de este punto el camino discurre bajo la sombra de altos pinos y luminosos álamos, siguiendo aguas arriba el arroyo del Hornillo.

Álamos y pinos sombrean la senda de la Chorrera
 
No tardamos mucho en llegar a la Chorrera. El agua del arroyo desliza por las placas graníticas dando la sensación de una gran caída que en realidad no lo es tanto. El conjunto induce a detenerse durante un rato para su contemplación desde todos los ángulos.

Chorrera del Hornillo
 
En la parte superior de la cascada tomamos un tentempié mientras observamos cómo la velocidad y el discurrir del agua va acelerándose y transformándose a medida que se aproxima al borde superior de la cascada. Un numeroso grupo de ciclistas se hacen muchas fotos al pie de la chorrera antes de montar de nuevo en sus bicis y tornar por donde han venido.

El agua del Hornillo se acerca mansamente al borde superior de la chorrera
Aguas arriba de la chorrera la trocha al principio se introduce en el cauce para luego abandonarlo, obligando a vadear al arroyo en varias ocasiones. En cualquier caso, se sigue sin dificultad, a la sombra de pinos y álamos. El tramo es corto y muy apacible.

 
 
 
En un momento dado salimos a cielo abierto, dejando atrás la arboleda. Entre el lugar donde estamos y el lejano pinar al que no habremos de llegar, se abre un espacio sin árboles, de arbustos y muretes.
 
 
Numerosos muretes que hay que ir sorteando (buenas las indicaciones del track) y que abandonaremos para, tras vadear por última vez el arroyo del Hornillo, acceder a la amplia pista que, en altura, vemos unos cien metros por encima del cauce. De nuevo distinguimos a un grupo de ciclistas que circulan por ella.

Alcanzamos la pista (1.500m), echamos una mirada hacia la solitaria zona que acabamos de abandonar y emprendemos el retorno hacia Robledondo por la zona de pasto y arbustos de poca altura que, al cabo de dos kilómetros y medio, nos permite llegar al lugar donde habíamos dejado el coche a tiempo de volver a casa a comer, tras haber realizado una bonita circular mañanera, de unos 8km de longitud salvando un desnivel total en ascenso de 350m de D+, por unos rincones sosegados, bellos y poco frecuentados.