| Arco Natural |
La Sierra de Gúdar es una comarca
tapizada principalmente de pinares, que
encierra rincones muy atractivos accesibles por rutas poco habituales y
escasamente frecuentadas, a las que Eduardo, Rubén y yo somos tan aficionados.
El recorrido circular de hoy
tiene su inicio y final en el Puerto de San Rafael a 1.560m de altitud, que se
encuentra entre Mora de Rubielos y La Virgen de la Vega y tiene los siguientes hitos principales:
Puerto de San Rafael (1.560m) –
Pico de la Olmedilla (1.641m) – Barranco de los Arcos – Arco Natural (1.450m) –
Fuente de Fuen Narices (1.340m) – Cascada de la Hiedra (1.270m) – Barranco del
Lobo – Puerto de San Rafael. En resumen una circular de algo más de 13km de
longitud, salvando un desnivel total en ascenso de 580m de D+.
Iniciamos la marcha en el Puerto
de San Rafael (1.560m) yendo hacia el
Oeste por el camino de los Palancares, cogiendo altura suavemente a través de
un terreno cubierto de pinar que se va aclarando a medida que ascendemos. Altos
ejemplares coexisten con otros más achaparrados y aislados, “moldeados” éstos
por los fuertes vientos que suelen azotar estas partes altas y desprotegidas.
El camino, que se orienta inicialmente
de Este a Oeste, al cabo de unos dos
kilómetros tras el comienzo, a la altitud de los 1.670m, en el paraje de los
Trompos, sigue la parte más alta de la loma y enfila claramente hacia el SO,
por terreno kárstico, hasta alcanzar, tras otros dos kilómetros largos, el
vértice geodésico del Pico de la Olmedilla (1.641m). Aquí se acaba abruptamente
el trazado tendido y en suave ascenso que hemos llevado, ya que el terreno cae
cortado a pico casi doscientos metros, ofreciendo una amplia vista sobre la
plana donde se asienta la Masía de la Nava Baja y por la que discurre el Camino
de Ontejas de Abajo.
| Vista desde el Pico de la Olmedilla |
Sin demorarnos mucho, pues
queremos “entrar” cuanto antes en el bosque, damos la espalda al cortado y
emprendemos rumbo Este descendiendo campo a través por la ladera, al principio
suave, hasta encontrar la entrada del Barranco de los Arcos, amplio y que se
sigue sin dificultad ya que el pinar es bastante esclarecido.
| Descendiendo hacia el barranco de los Arcos |
| El barranco de los Arcos es amplio y se sigue sin dificultad |
Descendiendo por el seco cauce llegamos
a un elaborado abrevadero compuesto por largos troncos vaciados, que han sido dispuestos
a modo de larga fila en zigzag, de manera que permite beber a muchos animales a la vez. De momento los
únicos bichos que encontramos son un buen número de procesionarias, unas vivas
y otras ahogadas, que parecen haber colonizado el lugar.
| Elaborado abrevadero colonizado por las procesionarias |
Continuamos bajando el barranco,
por el fondo del mismo, al tiempo que la mirada se nos va hacia los lados
cubiertos de altos pinos.
De pronto, unos treinta metros
por encima, observamos un movimiento: distinguimos a una pareja de cabras montés
que se desplazan en sentido contrario. Tratamos inútilmente de enfocarlas con
las cámaras, porque los árboles nos lo impiden. Sin pensarlo dos veces Eduardo
y yo nos lanzamos ladera arriba, con la mayor celeridad y sigilo posibles, con
el fin de ponernos a su altura y conseguir verlas de cerca. Nosotros casi
gateando por la pendiente, tratando de alcanzar su estela, las cabras prosiguiendo
impertérritas a su rítmico paso. Estamos tras ellas, vemos sus grupas, las miramos,
nos ven, nos miran, y siguen a su marcha manteniendo, eso sí, una distancia de
seguridad en torno a los quince metros. Van más ligeras de lo imaginado y
nosotros, siguiéndolas, ya nos hemos alejado bastante de donde se ha quedado
esperándonos Rubén, así que ellas continúan y nosotros retornamos contentos por
el encuentro.
| Distinguimos sus grupas |
| Cruzamos las miradas |
Nos reagrupamos, seguimos cauce
abajo y enseguida llegamos al Arco Natural a los 1.450m. Resulta sorprendente
cómo los elementos esculpen la roca y dan lugar a tales formaciones.
| Arco Natural |
Paramos un rato para tomar un
frugal tentempié a la par que contemplamos el Arco desde distintos ángulos. Se
trata realmente de uno de los “rincones” que guarda esta Sierra.
Mientras observamos cómo se
asolea una lagartija, indiferente a nuestra proximidad, nos ponemos de nuevo en
marcha.
Enseguida llegamos a los caudalosos tres caños de la fuente de Fuen Narices y a la alberca que almacena el agua. Un lugar agradable donde refrescarse situado en un bello paraje boscoso de pinos.
Sus aguas forman un arroyo que se
dirige hacia el Sur y que seguimos para llegar a la Cascada de la Hiedra, que
se encuentra a medio kilómetro. Unos carteles indicadores marcan
inequívocamente el camino. Resulta ésta la parte más concurrida de la jornada. Accedemos
a su base por un tramo de peldaños a modo de escalera con una barandilla de
madera.
| Cascada de la Hiedra |
Las sales transportadas por sus
aguas (al ser terreno “calizo” el contenido en “cal” de las mismas es muy alto)
las hacen poco recomendables para el riñón, pero resultan muy adecuadas para
formar hermosos depósitos calcáreos.
Tras contemplar la Cascada
retornamos de nuevo a la fuente de Fuen Narices desde la cual ascendemos unos
metros por el barranco de los Arcos para, enseguida (apenas a los ciento
cincuenta metros), tomar a la derecha la entrada al barranco del Lobo que
seguiremos hacia el Norte durante unos tres kilómetros, hasta alcanzar el punto
de partida en el Puerto de San Rafael.
| Por el barranco del Lobo |
En resumen una circular tranquila,
sin dificultades técnicas, tan sólo precisa de correcta orientación (conviene
llevar un buen mapa y/o seguir alguno de los itinerarios para GPS que se
encuentran en wikiloc), que nos ha permitido recorrer unos parajes solitarios
de la Sierra de Gúdar (únicamente en la Cascada de la Hiedra y sus alrededores
nos encontramos con alguien), entre altos pinos, visitando varios de los
bonitos rincones que se encuentran en ellos escondidos.
| De dcha. a izq.: Eduardo, Rubén y Carlos |