jueves, 16 de abril de 2015

La Pedriza: Un “cara a cara”por la naturaleza.

Caos rocoso que recorrido de forma aparentemente anárquica resulta aún más sorprendente.

Cuando los itinerarios clásicos están ya interiorizados, en función del ánimo, las fuerzas y la estación del año, la mente diseña y traza sus propios circuitos. En estos casos cada jornada resulta algo diferente, o muy diferente, de ocasiones anteriores, según se dé.

Comenzaba el día incierto y la ventana de buen tiempo se anunciaba restringida a unas pocas horas entre las 9h y las 14h, no demasiadas pero sí suficientes para una ruta “interesante”, si es que era capaz de combinar en ella rapidez y variedad, incluyendo en la ecuación un mínimo de kilómetros y de altitud a realizar. Al final resultará un recorrido de 18km salvando un desnivel total algo superior a los 1.200m de D+.

Circuito realizado: Canto del Berrueco (1.000m) – Collado de la Dehesilla (1.451m) – Yelmo (1.717m) – Lagunilla del Yelmo (1.400m) – Barranco de los Huertos – Canto Cochino (1.000m) – Gran Cañada (1.360m) – Canto del Berrueco.

En mi propósito de huir de lo trillado opto por el Hueco de San Blas como origen y fin de la ruta. De esta manera, a las 9:30h comienzo la marcha en el Canto del Berrueco en dirección al collado de la Dehesilla en una mañana todavía gris, húmeda y con abundantes nubes.

Collado de la Dehesilla desde el Hueco de San Blas
La primavera propicia que, junto a leñosos troncos de brezos cubiertos de líquenes, aparezcan verdes alfombras de gayuba en flor.


Hace frío en el collado de la Dehesilla de forma que sin pausa continúo la subida hacia las Cuatro Damas.

Dejo atrás la Pedriza Posterior, todavía brumosa y me adentro en la zona luminosa de la Pedriza Anterior acercándome al risco de la Cara, junto a las Cuatro Damas. Me detengo un rato confortado por el sol mientras admiro cómo la naturaleza ha esculpido la roca.

La Cara, a la dcha, y junto a ella, a su izq, Las Cuatro Damas
Pero he de seguir; si quiero subir y bajar del Yelmo con cierta “fluidez” no puedo demorarme, así que enfilo hacia el risco del Acebo.

Desde la base de La Cara, al fondo, en el centro, El Acebo
El acceso por la gran grieta/diaclasa de la cara Norte que supone la vía “normal” para ascender/descender del Yelmo se congestiona, y de qué manera, a partir de las 11h de la mañana, cuando las personas se agrupan en su base. Como es antes de esta hora, no encuentro a nadie, así que me empotro en la fisura y alcanzo el bloque intermedio que supone el punto más incómodo de superar, momento en el cual aparecen dos personas más. 

Grieta/diaclasa de la cara Norte del Yelmo
Entre los tres nos ayudamos a pasar las mochilas y, sin más apuros que las apreturas de la estrecha diaclasa, alcanzamos la cima del Yelmo.

Desde la cima del Yelmo: a la izq, la Cuerda de los Porrones que culmina en la cima de la Maliciosa. Seguidamente las cumbres nevadas de la Cuerda Larga
Parece que el tiempo va mejorando. Me despido de mis momentáneos compañeros y comienzo el descenso. Ya encuentro la grieta “ocupada”por tres personas subiendo, más otras siete esperando su turno. Consigo un “pase” entre la segunda y la tercera persona, al tiempo que ayudo a ésta última a superar el bloque empotrado que se encuentra hacia la mitad, para seguidamente continuar hacia el siguiente objetivo del día.

De pasada al trote por la Sur del Yelmo los ojos se me van hacia el descomunal “paredón” que acaba en la placa y torre de la Valentina.

Busco, y me cuesta encontrar, la trocha por la que acceder a la recoleta y escondida Lagunilla del Yelmo. Bello enclave, no siempre con agua, al que accedo por el amplio y luminoso Este, y del que salgo por el estrecho y umbrío Oeste para, roquedo a través, encaminarme en pos del Barranco de los Huertos.

Lagunilla del Yelmo. Arriba, llegando por el Este. Abajo, abandonándola por el Oeste
El descenso hacia el barranco lo realizo buscando el mejor paso que, sin ser complejo, es intuido, manteniéndome próximo a las altas rocas de mi izquierda. Es territorio montaraz y solitario, a la sombra, en el que aprecio y saboreo el encuentro con algunos de sus moradores.


Finalmente llego al fondo del barranco y al desusado sendero que lo surca. Hacia el Este, se sube al pie de la cara Norte del Yelmo; hacia el Oeste, se desciende hasta Canto Cochino. Hay que ir muy atento por esta senda, poco transitada y señalizada con antiguas y muy desvaídas marcas de color rojizo / lila que, en su gran mayoría, apenas se ven de tan descoloridas, si bien también hay algún que otro mojón. En caso de duda o pérdida de las señales, para no “embarcarse”, conviene retroceder unos pasos e intentarlo por otro sitio más evidente.

Desde el Barranco de los Huertos, al fondo, la Cuerda de los Porrones y Maliciosa
Resulta éste un tramo algo bronco y agreste, que permite imbuirse de pura naturaleza.


La cosa se dulcifica a medida que me aproximo a Canto Cochino, lugar donde la primavera y su frescor se han aposentado claramente.

Allí abajo ya se divisa Canto Cochino
Alcanzo el arroyo de la Majadilla y, sin cruzarlo, sigo unos metros aguas abajo, por su margen izquierda, hasta alcanzar el entronque con el sendero habitual de ascenso al Yelmo desde Canto Cochino, se trata de la Gran Cañada, balizada con marcas rojas y blancas.

Por la hora que es, subo a contracorriente con los que ya están bajando del Yelmo, voy rápido y enseguida alcanzo la explanada en la que confluyen varios caminos: por el Sur, el que viene desde el Tranco; hacia el Norte, el que asciende hacia el Yelmo; hacia el Noreste, el que se adentra en las Cerradillas (Cinco Cestos, Elefantito); de frente, hacia el Este, continúa la Gran Cañada hacia el Hueco de San Blas.

Sendero el de la Cañada que, conforme más se aleja de “la zona” del Yelmo más silvestre se torna.

La Gran Cañada
Poco antes de entroncar con la Senda de Maeso un macho cabrío me dirige una mirada sostenida.

El camino se adentra cada vez más entre las altas jaras; al Norte, graníticas moles; al Sur, las aguas del embalse de Santillana refrescan el ambiente en la distancia.

En un momento dado el número de “caras” se multiplica y me envuelve. Allá donde dirijo la vista encuentro rostros pétreos flanqueando la marcha. Me detengo, miro, entorno los ojos, y sí, la mente reconoce o interpreta faz tras faz. El espíritu se llena, me siento bien en la soledad del lugar, lo encuentro duro y acogedor al mismo tiempo.

¡Veo caras!
El fresco verdor de la dehesa que veo allí abajo me saca del ensimismamiento y me impulsa a continuar. La pendiente es pronunciada y el descenso es rápido; voy con precaución para no resbalar en la arenilla granítica que cubre el sendero.

Alcanzo la base, la dehesa, atrás queda el caos rocoso por el que acabo de deambular.

Por delante me topo con un grupo de machos reunidos entre las jaras.

Al frente ya distingo la silueta del Canto del Berrueco.

El Canto del Berrueco
La lozanía del pasto sobre el que se asientan los árboles, el rumor del arroyo y el color de las flores hacen que me detenga. La quietud y paz internas que me invaden en estos momentos no es sino el reflejo del entorno.




Finalmente llego al coche, de vuelta al punto de partida tras haber realizado un muy poco habitual recorrido “cara a cara” por la Pedriza.

Mientras realizo estiramientos y tomo un bocadillo, comparto paraje con un abejorro que se asolea sobre un poste. 


domingo, 12 de abril de 2015

Integral de la Sierra de Algairén. Un itinerario para correr y trepar.

Al sur de la provincia de Zaragoza, en plena depresión del Ebro, sobre el campo de Cariñena, se alza la sierra de Algairén, prolongación del sistema Ibérico en sentido Este-Oeste. Su línea de cimas está en el entorno de los 1.000m, con picos relevantes como el de Valdemadera (1.275m), el Mirador de la Falaguera (1.177m) y el Cerro del Espino (1.188m). Recorrerlos en su totalidad, de punta a punta, es algo que, viendo su perfil en el horizonte, surge como idea natural.

Tampoco he madrugado hoy, de hecho son casi las 10 de la mañana cuando empiezo la marcha en el Raso de la Cruz. Agradable y apacible lugar con fuente y riachuelo que después se llenará de coches. De momento, tan sólo otro vehículo más que acaba de llegar. Como únicos sonidos: el de un invisible pájaro carpintero percutiendo contra uno de los troncos, el del agua fluyendo y, en la distancia, algún animado comentario de los recién llegados.

El Raso de la Cruz
Miro los abundantes carteles indicadores que hay mostrando las distintas sendas que, partiendo de este sitio, llevan a lo alto de la Sierra. Opto por el que marca “Collado de Valdecerezo y La Nevera”.

Comienzo el recorrido por un camino que se embosca pronto. Robles con sus caídas hojas alfombrando el terreno, yedras arropando los desnudos troncos, algún que otro acebo, y una pendiente por la que se trota bien.

Monte arriba llego a un cruce y, dejando de lado el sendero a la derecha que enfila hacia “la Nevera y el Mirador de la Falaguera”, sigo por el de la izquierda hacia el collado de Valdecerezo.

El bosque comienza a clarear y la luz del sol se cuela por entre los desnudos robles cuyas hojas pronto apuntarán.

Salgo a la zona despejada del collado donde carrascas desperdigadas sobresalen de entre las jaras.

A la derecha (hacia el Oeste) se inicia la trocha que asciende a la primera y más alta cima de la sierra, el pico de Valdemadera (1.275m), con pendiente creciente a medida que se aproxima al mismo. Gayuba, jaras y alguna carrasca aislada componen la vegetación predominante en esta zona. Las antenas y repetidores que pueblan la cumbre le dan un aspecto “demasiado” urbano. No obstante, desde su punta, el panorama que se domina es muy extenso.

Pico de Valdemadera
En la distancia, el siguiente objetivo y segundo pico de esta integral, el Mirador de la Falaguera con la característica “cinta de hormigón” que asciende hasta la cima.

Mirador de la Falaguera, tras él, el Moncayo nevado
Sin más demora emprendo cómoda carrera hacia la Falaguera. Éste tramo discurre por pista que resulta agradable por las buenas vistas, con el Moncayo nevado al fondo; enseguida me encuentro al pie del hormigón y …. ¡Para arriba!

Desde la cima del Mirador de la Falaguera (1.177m), mirada hacia el Valdemadera y a descender hasta entroncar con el sendero que hay justo donde acaba el hormigón por el que, una vez alcanzado, sigo hacia el Oeste entre olorosas jaras y punzantes carrascas.

Desde el Mirador de la Falaguera, las antenas del pico Valdemadera
Tengo a la vista el tercer pico del itinerario, el Cerro del Espino.

El Cerro del Espino
Alcanzo un collado tras el que, durante unos diez metros, coincido con un tramo de pista, para abandonarla enseguida y tomar una nueva trocha que se interna en un pinar no demasiado espeso pero cuya sombra se agradece.

Al poco llego a la cima del Cerro del Espino (1.188m) que, a diferencia de las dos anteriores, ya aparece más “al natural”, salvada sea la cruz metálica con adornos multicolores. Las amplias vistas desde el Cerro sobre lo recorrido, el resto de las sierras circundantes y lo que queda por recorrer hacen de él un buen otero y lugar para tomar un bocado.

Desde el Cerro del Espino, arriba, lo recorrido (Valdemadera y Falaguera); abajo, lo que queda por recorrer.
Aquí he podido llegar corriendo, a partir de este punto, unos metros más de carrera por el cordal hasta el vecino Cerro de la Garba, para después ponerse en modo trepada, porque la parte que sigue consiste en una entretenida cresta rocosa en la que es preciso usar las manos en algún que otro paso, sin que ello suponga dificultad técnica mayor …., con la roca seca, porque en caso de lluvia o piedra húmeda, el cuidado ha de aumentarse.

Pasos aéreos sobre el filo de la cresta, con algún destrepe a izquierda o derecha, siguiendo los mojones, son la tónica de este tramo, el más montañero del recorrido, en el que todo aquello sobre  lo uno se apoya resulta áspero: la caliza, las coriáceas y punzantes hojas de las carrascas y los leñosos troncos y ramas cubiertos de liquen.

Trepando y destrepando

Al final, superado el mismo, lanzo una mirada atrás y reanudo la carrera hasta el próximo collado de la Hermana.

El acceso al siguiente cerro está bloqueado por una alta alambrera, con lo cual doy por concluida la integral y tomo un sendero descendente entre los árboles que me lleva a pasar por bellos rincones.




De hecho es coincidente con una ruta botánica marcada y bien balizada, hasta entroncar con una pista que tiene un trazado paralelo al cordal que acabo de realizar, y que sigo hacia el Este, para retornar al punto de partida.

Estos primeros kilómetros de pista “pican” ligeramente hacia arriba, en realidad se ascienden unos 150 m de altitud que, al calor del mediodía y tras lo que llevo recorrido, son los que más empeño me cuestan, aunque me distraigo contemplando desde la distancia la cresta por la que acabo de “cabalgar”, 

Mientras evito pisar las líneas de procesionarias que ocasionalmente cruzan de lado a lado y observo los cerezos en flor que hay junto a la Casa de los Frailes, ligeramente por debajo de la pista que voy siguiendo.


Ahora ya todo es cuesta abajo y enseguida llego al punto de partida en el Raso de la Cruz, tan solitario esta mañana y tan concurrido a esta hora de comer, tras haber completado un circuito de 17km salvando un desnivel acumulado de casi 1.000m de D+ (988m, para ser precisos).

El bullicio de la chiquillería puebla el ambiente. Ni rastro del pájaro carpintero ni de la calma de hace unas horas
. 

domingo, 5 de abril de 2015

Gabardiella desde Lúsera. Un monte con excelentes vistas.

Pico Gabardiella
Apantallado quizá por el Tozal de Guara, el coloso del valle de Nocito, el pico Gabardiella, también merece una visita. Las panorámicas que ofrece en todas direcciones hacen de él un objetivo que no decepciona.

De las varias rutas de acceso posibles elijo un circuito que consiste en ascender por su cara Norte, descender posteriormente por el collado de Paúles y completar el itinerario bordeando los embalses de Cienfuens y de Belsué. En total, un recorrido de unos 17km salvando un desnivel total de 1.060m de D+.

Todo apunta bien: no hay que madrugar (son las 10h cuando comienzo la marcha), el tiempo es bueno, la visibilidad total y sin viento, ingredientes sobrados para un buen día de montaña.

Unos metros después de haber dejado atrás el desvío hacia Lúsera, tras atravesar una reja “canadiense” que hay en la carretera, se ve próximo un puente que cruza el río del barranco de Lúsera, y es aquí donde dejo el coche. Hay un cartel indicador de los acantilados de Cienfuens y un senderillo que desciende hasta el puente. 

La población queda en alto, en las margas de la solana; al otro lado del puente la sombra del Norte. De los dos senderos que hay tras cruzarlo opto por el que va aguas arriba, hacia el Este, por el del Oeste será por el que retorne después.

Sigo unos metros junto al cauce del río y enseguida el camino se enfila directamente hacia arriba. Asciendo rápidamente, el sol ya me da de pleno. Lúsera va quedando muy abajo.

Transito por el reino del boj y del erizón. Los restos de un antiguo refugio a duras penas sobresalen de los bojes de altura, sí, de altura considerable.

Hacia arriba, la cima del Gabardiella,

Hacia atrás, la cadena Pirenaica con las cumbres nevadas.

Alcanzo una zona de pasto que indica que estoy próximo a llegar al cordal.

En lo alto del mismo, un cartel indicador, tras él, se abre el panorama sobre Guara: el Tozal y el pico Borón captan principalmente la atención.

Es éste un punto de ida y vuelta. De aquí hacia el Este una larga loma asciende hasta el pico de Gabardiella, y aquí hay que retornar nuevamente para seguir el circuito hasta la zona de Cienfuens.

Gabardiella desde el poste indicador en el cordal
Fácil sendero entre erizones, ¿qué otra vegetación podría ser en Guara?, hasta llegar a la cumbre del Gabardiella.

Llegando a la cima del Gabardiella
Desde la cima (1.616m) hay una vista en 360º que da para muchas instantáneas prendidas en las retinas: soledad, calma, bienestar, y …… ¡Despierta que hay que continuar!

Desde la cima del Gabardiella: a la izq. el Tozal de Guara, en el centro,  cresta de la Ronera y pico de Fragineto, a la dcha. pico Borón.
Toca ahora retornar hasta el cartel indicador y seguir cabalgando por la loma,

que gira poco a poco hacia el Sur, dando vista al sinclinal de Belsué, 

A la dcha. el sinclinal de Belsué y los acantilados de Cienfuens. Al fondo, en la lejanía y en el centro, la Peña de Gratal
hasta alcanzar el collado de Paúles (1.321m). Si desde este collado se puede o no ascender al pico de Matapaños es algo que me ronda por la cabeza y que, por las prisas que llevaba, me queda pendiente de averiguar para una futura ocasión.

Las calvas que constituyen el collado de Paúles. Al fondo, a la izq., el Tozal de Guara.
Desde el collado de Paúles un bien marcado sendero desciende hacia el Oeste, alcanzando al poco una zona despejada bastante plana en la que gira claramente hacia el Norte, transformándose en pista que hay que seguir hasta que, a la altura de los 1.230m se corta, tomando entonces un claro sendero que aparece a la derecha (sentido bajada), que se interna en el bosque. Al poco rato la trocha sale frente al acantilado de Cienfuens: roca, verticalidad, sol, y unas cuantas cabras que me miran con cierta suspicacia. Al pie de los cortados fluye el río Flumen.

Acantilados de Cienfuens
El sendero discurre ahora  contorneando desde la altura el vacío embalse de Cienfuens.

De pronto algo me llama la atención; me detengo, saco la cámara, aproximo, y ….., sí, ¡Un coche!, abandonado y caído en el fondo, ahora al descubierto por la falta de agua. 

Cábalas aparte, enfundo la máquina de fotos, ajusto la mochila, y sigo corriendo hacia el próximo embalse de Belsué, éste ya con agua.

El resto del sendero hasta alcanzar el puente de partida sobre el río del barranco de Lúsera discurre a la sombra, cosa que se agradece tras la solana que acabo de dejar atrás.


Puente y torrente del barranco de Lúsera
Circuito corredero en su totalidad que permite echar una ojeada sobre Guara, otra sobre el distante Pirineo, diseñar futuras rutas, contemplar cómo el sinclinal, suave y monótono por un lado, de pronto se corta y cae abruptamente sobre el río Flumen y su excavado cauce. Un lugar para salir de él oxigenado y entonado.