martes, 22 de diciembre de 2015

Instantes para soñar, instantes para vivir.

Momentos en los que nos quedamos como en suspenso.


Porciones brevísimas de tiempo durante las que se hace u ocurre una cosa.



Ocasiones en las que durante varios segundos pasamos a ser parte del paisaje que nos circunda.





Circunstancias en las que alzamos la cabeza y nuestra vista atraviesa en un santiamén entramados en busca del cielo que todo lo cubre.




Un soplo que, mientras dura, nos mantiene quietos, en trance, postergando lo demás.



A un tris de que algo o nada ocurra.


Deseo para todos un buen puñado de instantes para soñar y vivir.





Momentos en los que nos quedamos como en suspenso,
Porciones brevísimas de tiempo durante las que se hace u ocurre una cosa.
Ocasiones en las que durante varios segundos pasamos a ser parte del paisaje que nos circunda,
Circunstancias en las que alzamos la cabeza y nuestra vista atraviesa en un santiamén entramados en busca del cielo que todo lo cubre.
Un soplo que, mientras dura, nos mantiene quietos, en trance, postergando lo demás.
A un tris de que algo o nada ocurra.
Deseo para todos un buen puñado de instantes para soñar y vivir.

Feliz Navidad y mucha salud y montaña para 2016.


viernes, 11 de diciembre de 2015

Vuelta a los Mallos de Riglos: Foz de Escalete, Mirador de los Buitres y ferrata Cubilillo.

Los Mallos de Riglos, a su izquierda Peña Rueba, desde el Mirador de los Buitres
Circunvalar los Mallos de Riglos nos pareció a Eduardo, Rubén y a mí un circuito que cubría ampliamente nuestras expectativas. Por sugerencia de Eduardo, que ya había hecho varias incursiones por la zona, decidimos incluir en el recorrido el ascenso por la Foz de Escalete hasta el Mirador de los Buitres, y el retorno a Riglos desde el collado de la Peña de Don Justo utilizando la vía de descenso de la ferrata de Cubilillo, en el macizo D’os Fils. En conjunto, un itinerario muy variado, mayormente corredero, con su dosis de destrepe a pie de los paredones, en un entorno tupido de flexibles bojes de “bien asir”.

Pintaba incierto el tiempo cuando entre nieblas y nubes iniciamos la marcha en el pueblo de Riglos. En sentido de las agujas del reloj comenzamos el trote por sendero ligeramente descendente, bordeando la base de los espectaculares pilares de conglomerado, en dirección a la vía del tren.

Mallos y pueblo de Riglos 
Buena senda, señales amarillas y blancas, sendero que sigue el trazado de la línea del ferrocarril manteniendo siempre a la vista el río Gállego.

Vaho que empaña las gafas, incómodo trote sobre guijarros cuando toca marchar junto a las traviesas hasta encontrar las marcas para tomar otra vez el sendero, señales que nos pasamos de largo en un par de ocasiones, lo que nos obliga a recorrer unos cuantos centenares de metros adicionales de raíles hasta percatarnos del despiste, pero dándonos la ocasión, de paso, de cruzarnos con el “Canfranero”, antaño tan utilizado cuando teníamos que subir a las tierras altas.

Los mallos van quedando atrás, engullidos por la distancia y la niebla.

Cada vez estamos más cerca del pantano de la Peña, primer objetivo del día. El otoño todavía persiste en esta zona. Cuerpo, mente y sensaciones a tono con el entorno. Naturaleza y detalles que la vista capta.



Humedad, nubes, agua, serenidad y persistente marcha. Delante el pantano de la Peña, detrás los Mallos.

Presa del pantano de la Peña
Los Mallos en la niebla
Ya estamos bordeando el pantano cuyo perímetro parece no tener límite.


Llegamos a la entrada de la Foz de Escalete. Por buena pista cruzamos la brecha abierta en la roca y nos encaminamos hacia el Mirador de los Buitres.

Nos internamos en la Foz de Escalete
Dejamos atrás las vaporosas nubes que cubren el pantano y continuamos por la pista que cada vez aumenta más su pendiente, no en vano hemos de subir hasta el Mirador, a 1.000m de altitud.

La Foz de Escalete; tras la abertura, las nubes cubren el pantano de la Peña
Colorido bosque, atentos vigilantes en sus atalayas y afanadas arañas en sus telas acompañan nuestro ascenso por esta parte; cada vez más altos, cada vez más lejos de las nieblas mañaneras.



Finalmente damos vista al Mirador de los Buitres, a sus pies y en segundo plano, los Mallos de Riglos, al fondo, la Peña Rueba.

A la izq. sobre el acantilado, el Mirador de los Buitres, en el centro, al fondo, la Peña Rueba, a su dch., los Mallos de Riglos
A la izquierda los restos del castillo de Marcuello, hacia donde se dirige la pista para, posteriormente, girar a la derecha hasta llegar al Mirador.

Castillo de Marcuello
Tras dieciséis kilómetros recorridos desde que dejamos el pueblo de Riglos alcanzamos el Mirador, que se alza sobre el borde del macizo D’os Fils.

Algunos lo alcanzan con más facilidad que otros ;-)) (Acentor alpino, identificado por Luís y Javier; gracias ornitólogos amigos)

Pajarico en el Mirador de los Buitres
Mientras contemplamos el amplio panorama tomamos unas barritas energéticas y un plátano.

Panorámica desde el Mirador de los Buitres
Seguidamente iniciamos la bajada. Por delante seis kilómetros para completar nuestro circuito.

A pocos metros de la caseta del Mirador arranca una trocha en dirección al cortado, que entronca con la vía de descenso de la ferrata de Cubilillo en la Peña de Don Justo. A partir de aquí el sendero desciende fuertemente,

Iniciando el pendiente descenso ayudándonos de los  bojes de "bien asir"
Discurriendo por un terreno muy escarpado, con tramos de cable de vida, puente tibetano de cadena para superar una grieta y escalera, incluidos.

Secuencia del puente tibetano


El mallo del Tornillo resulta impactante en la proximidad. Nos viene a la mente que fue ascendido por primera vez en 1963, por Rabadá y Navarro, siendo ésta la última proeza que realizaron ambos escaladores antes de fallecer el 15 de agosto en su intento a la cara Norte del Eiger.

El Tornillo, al fondo, la Peña Rueba y los Mallos
Al rato el camino se vuelve menos escarpado para, finalmente, cruzar el barranco de la Mora.

Vamos llegando al barranco de la Mora
Y entroncar con la pista del GR-1, al pie del paredón de los Buitres (nunca escalado, que se conozca; antaño por la dificultad que entrañaba su enorme techo, después, por razones ecológicas y de preservación de los numerosos nidos), por donde volvemos de nuevo a Riglos.


Paredón de los Buitres
El sol del atardecer tiñe de rojo los Mallos, 

Algunas cordadas están completando los últimos largos de las vías clásicas, nosotros llegamos al coche tras haber realizado un bello y variado itinerario de 22 kilómetros, habiendo superado un desnivel en ascenso de 875m de D+, que nos ha abierto los ojos a unos escenarios tan próximos y tan desconocidos hasta el momento. 

Macizo D'os Fils. En la punta del acantilado, el Mirador de los Buitres