domingo, 7 de abril de 2019

Mondinero, Fragineto, Corcurezo y Tozal de Guara. Una circular de envergadura.



Tres cimas consecutivas conforman el cordal que, en sentido Sur – Norte, enlaza el Alto de la Carrasca, próximo al embalse de Vadiello, con el Puerto de Petreñales, paso de comunicación de la vertiente Norte de Guara (Nocito) con la Sur (Fabana).

El Pico de Mondinero (1.467m) es el de más al Sur, luego, tras descender al collado de Fragineto (1.294m) viene la subida hasta el Pico de las Canales de Fragineto (1.750m) para, a continuación, seguir el cordal de la Ronera que lo une al Corcurezo (1.666m), dando vista, desde las alturas, tanto al flanco Oeste (Vadiello, Borón y mallos de Ligüerri), como al Este (cara Sur del Tozal de Guara), con la línea del Pirineo permanentemente visible.


En la N-240, Huesca-Lérida, en el Km 193, se toma el desvío hacia Liesa-Ibieca y se sigue en dirección al embalse de Guara o Calcón. Antes de llegar al mismo, en una rotonda junto a una zona recreativa, se toma dirección San Cosme y San Damián. Por esta pista se llega hasta la Tejería, donde se deja el coche en una zona de parking junto a un cruce de caminos.

Son poco más de las 9h cuando, desde la Tejería, Eduardo y yo iniciamos la marcha hacia el Alto de la Carrasca con la idea de realizar la integral del cordal y retornar por las Gargantas del Calcón. El Tozal no entrará en nuestra consideración hasta unas horas más tarde.

El cómodo sendero por el que vamos permite tener una visión completa de los mallos y paredones que contornean el embalse de Vadiello, mientras nos vamos aproximando al Alto de la Carrasca de cara a la primera de las grandes cuestas que subiremos hoy y que culmina en el Pico de Mondinero.

Mallos de Ligüerri (izq), Huevo de San Cosme (ctro) y Pico Borón (dcha)

La subida es evidente y está marcada con mojones. La parte de pedrera está asentada. El calor se deja notar.

Alto de la Carrasca y canal de subida al Pico de Mondinero, cuya cima se ve en el centro

Vista atrás durante la subida al Mondinero; la zona plana es el Alto de la Carrasca
Alcanzamos la cima del Mondinero, excelente mirador desde donde observamos el conjunto que forman el Fragineto, el Puerto de Petreñales y el Tozal de Guara. La idea de incluir al Tozal en la circular empieza a tomar forma; pero no nos precipitemos, que todo dependerá de cómo vayan las fuerzas.

Pico Fragineto (izq), Puerto de Petreñales (ctro) y Tozal de Guara (dcha) desde la cumbre del Mondinero
Ahora toca bajar por la Norte del Mondinero hasta el collado de Fragineto. Sin ser difícil sí requiere ir atentos porque la trocha es estrecha y bastante empinada (con nieve o barro puede complicarse este tramo), incluyendo un corto destrepe (I+) de unos seis metros asegurado con una cuerda.

El cuello de Fragineto (1.294m), entre el pico de Mondinero, al Sur y el de Fragineto, al Norte, es un parche verde y relativamente plano que agradecemos tras la bajada.

Cara Norte del Pico Mondinero
Buscamos la senda que, flanqueando por el Este el cordal, va remontando hacia el pico de Fragineto. Hay mojones, no muchos, y alguna marca de pintura azul, bastante desvaída, que conviene no perder hasta que se desemboca sobre la misma cresta. La cuerda no es difícil y tiene amplitud bastante como para permitir la contemplación del hermoso paisaje que se ofrece a la vista.

Vista atrás desde la cuerda del Fragineto, con el Mondinero al fondo.
Atrás va quedando el embalse de Vadiello,

Embalse de Vadiello
Por delante el Pico de Fragineto cada vez más próximo, y en el horizonte la línea nevada de las cumbres del Pirineo.

Cima del Pico Fragineto
Una vez alcanzada la cima, muy concurrida con un grupo de exultantes excursionistas (en torno a 15), y mientras tomamos algo de alimento, el Tozal de Guara reclama insistentemente mi atención sin que Eduardo participe de las ganas. 

El Tozal de Guara desde la cumbre del Fragineto
Enseguida llegamos al acuerdo de que yo atienda a la llamada mientras él se ciñe al plan original de descender por las Gargantas del Calcón, y nos separamos diciéndonos “hasta luego, vayamos con cuidado y nos vemos en el coche”.

Acelero la marcha por el cómodo cordal hasta llegar al Corcurezo, continuando el rápido descenso hacia el Puerto de Petreñales. Por delante la gran mole del Tozal que, como ya la conozco, sé que si en la distancia ya impone, después resulta más dura de lo que parecía.

El Tozal de Guara (cara Norte) desde el Puerto de Petreñales
Tras alcanzar el Puerto continúo al trote por el suave “descenso” que marca el inicio del “ascenso” al Tozal desde Petreñales. Hay que bajar unos 80m antes de iniciar la subida, ahora ya sí continua, hasta la cima.

Voy pensando que si no puedo reponer agua en la fuente del Chinebro no continuaré. Llevo dos botellas de medio litro cada una. La fuente no mana pero sí mantiene una pequeña poza con agua clara de la que rezuma. Lleno ambas botellas y decido continuar: medio litro para la subida y otro medio para la bajada, que realizaré por la pedrera y el barranco del Abadejo.

Una mirada hacia atrás, sobre el cordal recorrido junto con Eduardo, y comienzo el ascenso.

Cordal: Mondinero (izq), collado de Fragineto (a continuación), P. Fragineto (punta más alta del ctro) y Corcurezo (dcha)
En la señal indicadora rechazo inmediatamente la opción de subir “por la pedrera” y opto por la del “Abadejo”, entre erizones punzantes pero terreno firme.  Cuatrocientos metros de desnivel que llevan hasta la cima del Tozal.

Por el Abadejo hacia la visible cima del Tozal de Guara
La deshidratación es intensa y comienzo el racionamiento del agua a la par que voy tomando pequeñas dosis de sal. Con todo, los últimos cien metros de desnivel se me atragantan un poco. Llego a la cima a las 4pm, media hora más tarde de lo previsto ¡Me va a tocar bajar rápido!

Una breve parada en la cumbre, la suficiente como para recuperar fuerzas tomando un plátano y acabando el medio litro de agua destinada al ascenso, antes de emprender la bajada, porque todavía queda un trecho hasta el coche y la tarde va entrando.

Cumbre del Tozal de Guara. Al fondo, la línea del Pirineo
La pedrera es un “todo tieso muy pendiente” que se hace rápido, ya que la piedra permite grandes zancadas deslizantes. Con todo hay que extremar el cuidado, y más yendo sólo. Cuatrocientos metros de desnivel descendidos en un santiamén.

Inicio de la pedrera "lunar" 
Las marcas llevan hacia la derecha, adentrándose en el barranco seco del Abadejo, también muy pendiente y vestido de bojes y erizones. Es fácil de seguir porque discurre por el estrecho y escalonado cauce mientras todo alrededor es vegetación abigarrada.

Voy preso de la sed (cada cien metros de desnivel descendidos tomo un sorbo) y del reloj, pues la tarde se está echando encima y las horas de luz están contadas.

Abigarrada vegetación en el barranco del Abadejo

La cumbre y la pedrera quedan lejanas
Afortunadamente en la cota 1250 aflora el agua del arroyo del Abadejo. Bebo, me hidrato, relleno ambas botellas, tomo una manzana, me pongo de nuevo a tono, y ya corriendo por buena senda conecto con el barranco del Calcón. Continúo la carrera contra el reloj hasta finalmente entroncar con el buen camino que viene de las Gargantas del Calcón.

Arroyo del Abadejo

Por emboscada y corredera senda
Aún hay luz cuando paso por la ermita de la Fabana, poco después me encuentro con Eduardo, que ha venido en mi búsqueda tras haberme esperado durante largo rato en el coche y llegamos juntos a La Tejería con las últimas luces del día tras haber realizado una gran circular de unos 19km de longitud, habiendo superado un desnivel positivo total en torno a los 1.800m de D+, enlazando varias de las cumbres señeras de Guara en unos parajes agrestes y gratificantes a partes iguales.

Ermita de la Fabana


sábado, 30 de marzo de 2019

Los cerezos del Valle del Jerte. Albada de primavera.



Las albadas se entonan por la mañana, para animar a las gentes a comenzar la jornada.


Esta es una albada de primavera, entonada acercándonos de veras para percibir cada detalle.


Es delicadeza balanceada por el viento.


Insinúense los recatados.



Asomen sin tapujos los más osados.


Que ya ha llegado la hora de mostrarse sin reparo,


Dejando atrás los pretextos del invierno.


Siga luego el fruto el camino emprendido por  el atrevimiento de las flores.


Sea ésta albada un cántico a los detalles, para que no pasen desapercibidos en el fogonazo que  pronto se habrá esfumado.

domingo, 24 de marzo de 2019

Aceña y Hornillo, río pausado y arroyo deslizante, respectivamente, en la Sierra de Malagón.



Al Sur y Oeste del puerto de Guadarrama se levanta la Sierra de Malagón que, además de marcar el límite entre Madrid y Ávila, es el enlace entre las parameras de Ávila y el conjunto montañoso de Gredos.

El "dorso" SSO de Malagón, con el punto más señero en el Pico de Abantos, constituye una especie de plano inclinado de superficies onduladas surcadas por los cursos de agua que se encajan en gargantas más bien amplias, como la del río de la Aceña y la del arroyo del Hornillo.

La circular de hoy discurre por zonas de Majadas, Rentas y Cercas, Solanas y Umbrías en una franja de aproximadamente  1,5km de ancha por unos 5km de larga, orientada de Oeste/Este, con puntos más distantes en el Puerto de Malagón (1.536m) y el Puente de la Aceña (1.160m), respectivamente.

El recorrido, realizado en el sentido de las agujas del reloj, sigue aguas arriba el fluir pausado del río de la Aceña, y de su afluente el arroyo del Tobar, descendiendo luego, tras pasar por el Puerto de Malagón, junto al arroyo del Hornillo en su deslizar por las Chorreras Alta y Baja. Es el Aceña el cauce principal, que primero recoge las aguas del arroyo del Tobar (en la zona de Las Hurdillas) y posteriormente, en el  Puente de la Aceña, las del arroyo del Hornillo.


Son las 9h cuando emprendemos la marcha en el solitario Puente de la Aceña, aguas arriba del río del mismo nombre hasta alcanzar la Umbría Calleja. El ganado pasta aparentemente insensible al frío que hace a la sombra mientras nosotros apretamos el paso para llegar cuanto antes a la zona soleada, al tiempo que observamos el incipiente brotar de los arbustos.




En un momento dado, tras cruzar los cauces del río Aceña y del arroyo Tobar, un sendero pedregoso enfila directamente hacia arriba, abandonando el llano, al encuentro del sol que hace rato está dando sobre el Risco del Galdano.

Es una subida empinada que salva unos doscientos metros de desnivel. El sol y la pendiente tardan poco en “templarnos” a medida que dejamos atrás y abajo la sombra junto al río. Las jaras perfuman el ambiente y los enebros lo adornan.


Alcanzamos un murete en lo alto del cordal (encontraremos muchos más a lo largo de la jornada) y continuamos ascendiendo pegados a él. Por encima, a la izquierda y a lo lejos, se divisa el embalse de la Aceña, a los pies de la población de Peguerinos.

Embalse de la Aceña
Seguimos la senda que pronto se transforma en camino de herradura, y por debajo del Risco del Galdano nos adentramos en un corto desfiladero que luego da acceso a unas amplias laderas, al pie de las Rentas del Tobar y de Robledondo.

Desfiladero del Galdano


Tras abandonar el desfiladero la trocha, al principio difusa y que exige cierta orientación, se va consolidando a medida que se acerca al embalse del Tobar, hasta confluir con una clara pista que ya se sigue sin dificultad alguna. A pesar de ser entrado el invierno aún quedan hojas de roble prendidas de algunas ramas. De nuevo detalles que adornan la marcha.


Paulatinamente nos acercamos al Puerto de Malagón, lugar de referencia y de confluencia de caminos. Atrás queda el embalse del Tobar.


Una vez en el Puerto tomamos dirección SSO por el Camino del Pinar, iniciando un largo llaneo con zona de páramo a la derecha y de pinar a la izquierda.  El paisaje es amplio e induce a la serenidad.

En un momento dado una pista lateral hacia la izquierda abandona la que venimos siguiendo y se interna en el pinar para, al poco, embocar con un cortafuego que se enfila directamente hacia la cima del Cerro de la Cabeza, cuyo vértice geodésico es visible desde la distancia.

El Cerro de la Cabeza (1.679m) es el punto más alto por el que pasamos hoy, y constituye una buena atalaya desde la que observar alrededor, desde el lejano Gredos a los más próximos Pedriza, y San Lorenzo del Escorial, al pie mismo del Cerro.

Sierra de Gredos

La Pedriza, con el collado de la Dehesilla en el centro

San Lorenzo de el Escorial
Retomamos la marcha iniciando el descenso hacia la Majadahonda, en busca del arroyo del Hornillo. Seguimos y cruzamos varias de las pistas que abundan por la zona, con el punto final fijo en la mirada.

Llegamos junto a un oportuno abrevadero / fuente cuya agua bebemos con agrado a la par que observamos sus detalles.



Continuamos el descenso y nos internamos en un pinar en el que se pierde la perspectiva. Encaramos el tramo en el que más atentos hay que ir del track.

Finalmente ya vemos el barranco del Hornillo; amplio e inconfundible por su arroyo directo hacia una mancha de pinar y por el gran número de cercas y muretes que anteceden. Paisaje en verdad característico.

Barranco del Hornillo


Abandonando la senda vamos directamente a cruzar el arroyo del Hornillo atravesando las lajas tumbadas que conforman las Chorreras Altas por las que el agua se desliza silenciosamente ¡Atención a los resbalones! Tienen poca inclinación pero caer sentado de golpe sobre el pulido granito es una sensación a evitar.

Chorreras Altas del Hornillo
Seguidamente, con la vista fija en la embocadura del pinar, vamos perdiendo altura progresivamente a la par que vamos franqueando muretes. Una especie de entretenida gymkana campestre.

Alcanzado el pinar se encuentra la nítida senda que, aguas abajo del arroyo del Hornillo, conduce hasta la popular Chorrera Baja, hoy con poca agua pero espectacular en primavera (pincha aquí), a tope de caudal.

Chorrera Baja del Hornillo
Estamos cerrando la circular; tan sólo un último tramo dentro de un bosque de muy altos pinos que, cómodamente nos devuelve al Puente de la Aceña, ahora repleto de vehículos y de personas, dando por finalizado un recorrido de unos 14km de longitud, salvando un desnivel total en ascenso de unos 600m de D+ sosegado y pleno de detalles que permite orear el espíritu en paisajes solitarios.