martes, 20 de junio de 2017

Pico del Nevero desde el pueblo de Lozoya. Por sendas poco frecuentadas.


Pico del Nevero desde Lozoya
El Pico del Nevero, con sus 2.209m de altura, es la cumbre más oriental de las que componen el largo cordal que, comenzando en Cotos con los picos de Dos Hermanas y Peñalara, circunvala el valle del río Lozoya, delimitando las provincias de Segovia y Madrid. Unos veinte kilómetros hay entre el Nevero y la cima de Peñalara.

Se trata de un monte cuya silueta es visible desde que se entra en el valle del Lozoya, y cuyo pequeño cóncavo de la cara Sur  mantiene un nevero hasta bien entrada la primavera, de ahí su nombre.

Aunque la vía habitual hasta la cima arranca desde el puerto de Navafría, al cual se accede por carretera y cuya altitud (1.773m) convierte el ascenso en un agradable paseo que salva un desnivel de unos 450m, nuestro propósito de hoy es realizar la subida partiendo desde el pueblo de Lozoya, y más concretamente desde la ermita de la Fuensanta, lugar al que se llega por una corta pista que arranca en el km 2 de la carretera de acceso al puerto de Navafría, y donde se puede dejar el coche.

Hasta alcanzar la cima tenemos 1.000m de desnivel atravesando las diferentes franjas vegetales que cubren estas laderas: robles hasta los 1.500m, pinos y otras coníferas hasta los 1.800m y enjutos piornos y enebros a partir de ahí hasta que el pasto de altura y la piedra toman el relevo.

Félix, Jordi, José, Luís, Paolo, Santi y yo tenemos el propósito de completar una circular que nos llevará primero hasta el Puerto de Navafría a través de las escondidas sendas que atraviesan el bosque por el que discurre la carretera; desde el Puerto, cordal arriba hasta la cima y seguidamente bajada por las Lagunas del Nevero hasta la Peña del Cuervo para, desde ésta, descenso “todo tieso” y monte a través hasta el Depósito de Agua de Lozoya. En total, un recorrido de unos 16km de longitud, salvando un desnivel total en ascenso de 1.025m de D+.

Son poco más de las 8h cuando iniciamos la marcha en la ermita de la Fuensanta (1.230m). Cruzamos el puente que hay junto a la fuente y comenzamos ascendiendo hacia la derecha por la pista que se encuentra al otro lado, dejándola en la primera curva para continuar por una senda que enseguida se estrecha, aguas arriba del arroyo de la Fuensanta.

Ermita de la Fuensanta
Caminamos junto al arroyo, inmersos en un agradable y fresco robledal, escuchando cómo los pájaros van afinando sus trinos.

Arroyo de la Fuensanta
 
Hay que ir prestando atención para escoger la trocha debida si queremos evitar salir a la carretera, y no siempre se acierta a la primera. El robledal resulta fresco y agradable de transitar.  

 
Tres veces cruzaremos obligatoriamente el asfalto para, “al otro lado”, internarnos de nuevo en el bosque y seguir ascendiendo aprovechando trochas difusas, en el robledal, y sendas más marcadas, en el pinar.

Hacia los 1.450m de altitud el selvático roble comienza a dejar paso al rectilíneo y esbelto pino.

El sotobosque de helechos cubre de verde las laderas. Las ortigas “aderezan” el entorno dejando su impronta, tarde o temprano, en las piernas. Muy poco frecuentados se ven estos caminos.

Tras el tercero de los cruces de la carretera tomamos una clara y amplia pista que permite ganar altura más cómodamente. Este camino termina en un cortafuego hacia el que nos embocamos, para abandonarlo por la izquierda tras apenas cincuenta metros, tomando un sendero que conduce hasta el Puerto de Navafría (1.773m). Si hasta aquí hemos transitado por un entorno solitario e infrecuente, a partir de este punto, nos incorporamos a la ruta habitual de ascenso al Pico del Nevero. Es más, coincidimos con un autocar del que desciende un nutrido grupo de personas (¡Más de veinte!) que se preparan para iniciar la subida al Nevero ¡Cuántos somos cuando nos miramos, y cuán pocos cuando nos comparamos!

Antes de comenzar el ascenso hacia el Pico nos acercamos a “ver la hora” en el  reloj solar que hay en la proximidad.

Tras visitar el reloj continuamos la marcha descartando la senda hacia el área recreativa de las Lagunillas, y en su lugar cruzamos la valla por un torno para incorporarnos al inicio del Sendero de Pequeño Recorrido PR-M 32, con marcas blancas y amarillas, que termina en el Collado del Reventón a los pies del Pico de Peñalara.

Por delante, y hasta casi la cima del Alto del Puerto, unas rampas muy exigentes que ponen a cada uno en su lugar, compartiendo esfuerzo y sudores con el grupo del autocar.

El Alto del Puerto ya es visible y no tan lejano.

Alto del Puerto
Al finalizar el pinar las rampas se suavizan un poco, el piorno en flor toma el relevo de los árboles y las vistas se hacen más amplias, permitiendo contemplar el valle del Lozoya, la Cuerda Larga y hasta la cima de Peñalara.

Embalse de Pinilla. Al fondo, la Cuerda Larga
Pico del Nevero en primer plano. Al fondo, el Pico de Peñalara
Zoom sobre el Pico de Peñalara
Seguimos cordal adelante pasando junto a antiguos restos bélicos (trincheras y apostaderos) para alcanzar finalmente la muy concurrida cima del Pico del Nevero (2.209m) a cuyo paralelepipédico pilón geodésico ni nos acercamos, de tantas personas como hay a su alrededor y encima mismo.

Mientras tomamos algo de alimento en la cima, contemplamos el amplio paisaje que se divisa desde la misma. No nos demoramos demasiado porque la temperatura va subiendo persistentemente; los 20ºC que teníamos en la ermita al comenzar se han convertido ya en 25º, y eso que tan sólo son las 11:30h ¡Y ahora toca bajar por la cara Sur!

La Cuerda Larga desde la cima del Pico del Nevero
Dejamos la cima y seguimos unos mojones que indican el camino de descenso hacia las Lagunas de Hoyos de Pinilla, que se encuentran en una pequeña planicie al pie justo de la cara Sur del Pico del Nevero,  conformando un rincón recogido y agradable.

Las Lagunas de Hoyos de Pinilla 
El Pico del Nevero alzándose sobre las Lagunas
A partir de este punto seguimos el sendero que viene del área recreativa de las Lagunillas, vadeamos el arroyo del Hornillo,
 
Arroyo del Hornillo
Y nos encaminamos hacia la Peña del Cuervo (1.920m), lugar “sobreprotegido” con barandillas. La visión en línea recta desde este mirador: ladera, un claro y amplio cortafuego, área recreativa del Mirador y abajo del todo, Lozoya y el embalse de la Pinilla, nos impulsa a decidir que lo mejor y más rápido es emprender el rectilíneo descenso “monte a través” y todo derecho hacia Lozoya.

Rectilíneo itinerario de descenso, desde la Peña del Cuervo
A partir de aquí comienza lo más penoso de la ruta. El calor va apretando ya de lo lindo y la pendiente es muy fuerte. Hay que ir con cuidado para no tener una torcedura, que los guijarros son peligrosos.

Primero por una torrentera y después embocados en el cortafuego, tras haber descendido unos doscientos metros de altitud alcanzamos el torno que da acceso a la explanada del área recreativa del Mirador (1.725m).

Lugar inesperadamente solitario, muy apacible y ¡Con una fuente de agua fresca! Antes de proseguir cortafuego abajo nos refrigeramos un poco en la sombra y con el agua.

En el área recreativa del Mirador
Atrás queda lo descendido ya, desde el Pico del Nevero y la Peña del Cuervo.

A la izq. el Pico del Nevero; en el centro, la Peña del Cuervo; a continuación el cortafuego descendido
Por delante lo que aún nos queda por bajar, con el termómetro marcando ya los 29ºC.

Continúa la bajada
Tan abruptamente como empezó, acaba el cortafuego, dando paso a una empinada ladera que nos lleva al comienzo del robledal, en el que nos internamos sin dudarlo. Al menos iremos a la sombra.

El robledal nos espera
En un momento determinado vadeamos el arroyo del Navarejo, cuya fresca agua agradecemos sobremanera. Estamos a punto de abandonar el cobijo de los árboles y salir a la solana.

Alcanzamos una pista que reverbera y donde una vaca nos contempla como a unos “aparecidos”. En estos momentos la temperatura ya rebasa los 30ºC.

Seguimos por la pista hacia el Depósito de Agua de Lozoya contemplando la frondosidad del robledal que nos rodea.

Al poco de pasar junto al Depósito (1.200m) buscamos un sitio adecuado para cruzar el arroyo del Palancar y  el campo que hay entre él y la ermita, tarea esta poco grata por la ingente cantidad de resecas espigas que traspasan zapatillas y calcetines, así como por la necesidad de salvar un murete delimitador rematado por una línea de alambre espinoso.

Alcanzada la pista del “otro lado”, bajo un sol de justicia (33ºC), ascendemos los últimos metros que nos llevan de vuelta a la ermita de la Fuensanta, donde rápidamente buscamos el remojo que proporcionan las aguas del arroyo del mismo nombre, cerrando así la circular que iniciamos con la fresca de la mañana y que culminamos con el tórrido calor de este mediodía de un verano que ha entrado con fuerza.
De izq. a dcha.: Paolo, Jordi, José, Santi, Félix y Luís

Circular realizada

 

viernes, 9 de junio de 2017

La Peñota y el Monumento al Arcipreste de Hita, en circular desde la Panera.


La Peñota: a la izq. Segovia, a la dch. Madrid
Entre el Alto del León (1.511m) y la Peñota (1.945m) se extiende un cordal con orientación  Sur – Norte / Noreste a lo largo de unos 6km, separando las provincias de Segovia (al Oeste) y Madrid (al Este).

Optar por al área recreativa de la Panera (Segovia) como punto de origen y final de la circular, enlazando ambos lugares permite adentrarse algo en el muy poco frecuentado entorno del valle del Río Moros, alcanzar la cima de la Peñota o Pico de Carpentier, rocosa y venteada, recorrer en descenso la loma divisoria de las dos provincias, con buenas y extensas vistas sobre las vecinas: Mujer Muerta, Siete Picos, Maliciosa y valles del Río Moros y de la Fuenfría, respectivamente, y todo ello, si el ritmo acompaña, en una mañana.

Recorrido: La Panera (1.275m) – Dehesas de la Garganta – Navalatienda (1.500m) – Collado de Cerromalejo (1.775m) – La Peñota (1.945m) – Monumento al Arcipreste de Hita (1.530m) – La Panera. Itinerario de 17km de longitud salvando un desnivel total en ascenso de 850m de D+

Son las 8h cuando inicio la marcha desde el último de los aparcamientos de la Panera, junto al Río Moros. El verde pasto, las tranquilas aguas y la frescura de la mañana transmiten una agradable sensación de placidez y bienestar.

La Panera y el río Moros
Los primeros metros los hago por la pista que, de seguirla en su totalidad, me llevaría hasta lo profundo del Valle del Río Moros, pero hoy mi destino es otro, así que tras unos quinientos metros, al llegar al Puente Negro, la abandono y tomo otra hacia la derecha, que se enfila hacia el SE, por las Dehesas de la Garganta. Voy buscando el camino que, saliendo de ésta hacia el N, y unos seiscientos metros más adelante, gana altura paulatinamente por la Loma de la Cacera, apuntando a la pradera de Navalatienda.

Voy atento para no pasarme de largo el desvío, veo ya próxima la senda que he de tomar pero a la vez observo que hay un “toro enorme” transitando por ella, con lo cual me detengo a prudente distancia hasta constatar que sigue su marcha y se aleja.
"El más grande del lugar"
Aliviado, tomo el desvío y me encamino por la Loma de la Cacera atentamente observado por una vaca y su ternero, en el cual creo advertir alguno de los rasgos de su progenitor.

La buena senda, flanqueada por altos pinos y sotobosque de helechos, gana altura suavemente (unos 170m de desnivel en poco menos de 2km de longitud).

La pradera de Navalatienda (1.500m) forma un gran claro entre los pinares desde donde ya es visible la Peñota.

Pradera de Navalatienda
La Peñota
Decididamente me dirijo hacia el camino que se ve al Oeste del claro y que lleva, tras confluir con otro algo más adelante, hacia el arroyo de la Gargantilla.

Alcanzado el arroyo, sin cruzarlo tomo una senda bastante empinada que sale hacia el E, en dirección al Collado de Cerromalejo. Por delante casi 300m de desnivel que suponen la cuesta más empinada de todo el recorrido.

Arroyo de la Gargantilla
Los brezos y acebos, junto con las retamas en flor, confieren al entorno el característico aspecto y olor de Guadarrama en primavera.

La pendiente se atenúa y alcanzo el Collado de Cerromalejo (1.775m). Lugar recoleto, agreste y generalmente silencioso al que hasta hoy siempre había accedido desde las Dehesas de Cercedilla, y que me agrada especialmente.

Collado de Cerromalejo
Bebo un trago de agua para reponer la perdida durante la subida y sin más demora sigo el GR hacia la Peñota, ya a la vista.

La Peñota desde el Cerromalejo
En cuanto salgo de la protección de los árboles el viento barre la loma. Las nubes, afortunadamente, no van en aumento. El pronóstico de tormentas parece no consolidarse.

Me cruzo con un solitario corredor que ha tocado cima y retorna hacia el Collado, mientras yo continúo hacia la punta más alta y relevante de las tres que constituyen la Peñota.

Alcanzo el punto geodésico (1.945m) y busco protección tras él porque las ráfagas son fuertes. Buena atalaya desde la que, mientras como algunas almendras, contemplo los perfiles de las montañas próximas.

El valle del río Moros y la silueta de la Mujer Muerta (de dcha a izq: cabeza, busto y pies), desde la Peñota
Los Siete Picos, en primer plano, y la Maliciosa, al fondo, desde la Peñota
El viento, el incierto evolucionar de las nubes, y que pretendo estar de vuelta temprano, me inducen a abandonar el cobijo y continuar hacia el siguiente objetivo.

Viene ahora la parte más sinuosa y áspera del itinerario, que lleva desde la Peñota hasta el Collado de Gibraltar.

Las marcas blancas y rojas del GR se siguen perfectamente, al principio por la vertiente segoviana, desde donde vienen habitualmente las rachas, como atestigua la inclinación de la mayoría de los pinos.

 
Al poco la senda vuelve a la vertiente madrileña para seguidamente discurrir al pie de unos paredones graníticos, sin dificultades técnicas pero precisando de alguna que otra zancada amplia y destrepes ocasionales.

Los contornos de las rocas evocan “formas” en la imaginación. En mi fuero interno lo denomino “el tramo de las faces” ya que pétreas y  diversas “caras” es lo que veo a mi alrededor.

Comienza el "tramo de las faces"
 
 
 
Atrás queda la última de las "caras" del tramo
El resto del recorrido por la loma divisoria de provincias consiste en un prolongado sube y baja, mayormente por la vertiente segoviana, que pasa sucesivamente por los distintos collados y puntas que jalonan el cordal, perdiendo progresivamente altura, en el que se van encontrando restos bélicos y apilamientos rocosos.

 
Restos bélicos
Por detrás la Peñota y sus paredes graníticas van quedando cada vez más alejadas.

La Peñota
En un punto determinado la trocha del GR se aproxima hasta la alambrera delimitadora de vertientes. La podría cruzar fácilmente porque tan sólo el alambre superior queda en ella, pero continúo por “este lado” hasta llegar al Collado del Arcipreste de Hita momento en el que me doy cuenta de que he dejado atrás el Monumento.

Cruzo aquí la alambrera por un paso habilitado y ya en la vertiente madrileña asciendo por trocha muy definida hasta llegar al pie del Monumento al Arcipreste de Hita, gran apilamiento de rocas graníticas, a la punta del cual desisto de subir tras rodearlo completamente y comprobar que aún por el punto más accesible el riesgo no sería menor.

Monumento al Arcipreste de Hita
Bloques superiores del Monumento
Unas frases alusivas al Arcipreste de Hita talladas en la roca y un pequeño arcón de madera en una oquedad al pie de la parte más alta, conteniendo un ejemplar del libro del Buen Amor, constituyen lo más característico del Monumento.

Sin más demora retorno al Collado y, por una senda balizada con las señales amarillas y blancas de PR, emprendo el claro descenso por el Cordel de las Campanillas hacia el punto de partida en la Panera, siendo éste el tramo que habitualmente se utiliza para, desde ella, acceder a visitar el Monumento.

 
La circular se va completando, los carteles indicadores solventan cualquier duda en las encrucijadas y la placidez de los campos anuncian la proximidad de la Panera a la cual llego sin que las nubes hayan descargado tormenta alguna, habiendo saboreado las agradables sensaciones que proporciona un inusual circuito por lugares solitarios, en la primera mitad, y con muy buenas vistas en su totalidad.
De vuelta al punto de partida