viernes, 14 de septiembre de 2018

Pico de Peñacabra, otero sobre los Hoyos Cerrado y Borrascoso, desde Alameda del Valle ¿Pero, quién viene por aquí, y más con este calor?



El Pico de Peñacabra forma parte de la alineación de cimas redondeadas que componen los Montes Carpetanos (parte norte de la sierra de Guadarrama comprendida entre Peñalara y el puerto de Somosierra) cuyas montañas presentan siluetas que son, en la mayoría de los casos, poco abruptas.

Constituye nuestro objetivo de hoy, no tanto por la cima en sí, sino como atalaya desde la que contemplar en la proximidad los dos encajonados Hoyos (nombre con el que en Guadarrama se conocen a las concavidades o zonas planas situadas al pie de un entorno vertical, de los cuales hay bastantes en la misma, y que suelen constituir rincones recoletos) que, unos trescientos metros por debajo, se encuentran en la vertiente Sur: los Hoyos Cerrado y Borrascoso, respectivamente.

En lo que a la vegetación se refiere la flora de esta sierra se caracteriza por los bosques de pino silvestre (entre los 1.400m y 1.800m de altitud, respectivamente), los robledales de rebollo (por debajo de los 1.400m / 1.500m de altitud), y los encinares en las zonas más bajas. En las cumbres predominan los pastizales y arbustos de alta montaña, de los cuales los dos más abundantes son el piorno y el enebro rastrero.

Como notable excepción a lo anterior, el tramo de sierra de apenas cuatro kilómetros de longitud entre Peña Crecientes (2.004m) y Alto del Parrinoso (2.169m), que incluye el Peñacabra, presenta una cara Sur (donde se encuentran los dos Hoyos y por la que discurre este recorrido) en la que la franja de pinar es inexistente, habiendo sido remplazada por piornos y enebros rastreros. 

Si durante el estío y partiendo de Alameda del Valle, basándonos en su bonancible aspecto desde la distancia, confiamos en encontrar una placentera ascensión a Peñacabra por verdes laderas, nos llevaremos una buena sorpresa.

Siendo cierto que las laderas son verdes, es tan extenso y abigarrado el tapiz vegetal que conforman piornos y enebros a partir de los 1.500m de altitud, y tan poco transitado el paraje, que la inexistencia de trochas o sendas con continuidad, aparte de las erráticas que el deambular del ganado ha trazado, obliga a un trabajoso progresar.

La situación en invierno, con la nieve cubriéndolo todo, facilita enormemente la tarea.

Hitos más relevantes del recorrido:

Alameda del Valle (1.115m) – El Palancar (1.500m) – Peñas Blancas (1.730m) – La Risca (1.830m) – El Saltadero (2.000m) – Pico de Peñacabra (2.159m) – Pico Crecientes (2.004m) – Puerto Malagosto (1.953m) – Collado Vihuelas (1.731m) – Alameda del Valle.

Circular de algo más de 22km de longitud salvando un desnivel total en ascenso de 1.165m de D+ a lo largo de la cual no encontramos lugar alguno donde reponer agua. Ni con nadie nos cruzamos.


Son las 8:30h cuando iniciamos la marcha en Alameda del Valle encaminándonos hacia nuestro objetivo, claramente visible desde la distancia.

Vamos por un amplio camino de tierra hacia el Palancar, dejando a mano izquierda la confluencia con otra pista que se orienta hacia las Lomas de Crecientes, que es por donde retornaremos.

El día, aun con las nubes que hay, promete ser caluroso.


En la distancia se alza el macizo de Peñalara.

Macizo de Peñalara
De momento caminamos por una cómoda pista que, en sucesivas lazadas, discurre por un robledal ganando altura hasta salir finalmente a terreno abierto en el Palancar.



A la dcha., el pico de Peñacabra. Hacia la izq. , siguiendo el cordal, los Hoyos Cerrado y Borrascoso, respectivamente.
Desde la explanada continuamos por un incipiente sendero que pronto desaparece, hasta llegar al amontonamiento de piedras que conforman el pico Peñas Blancas, que en todo momento está a la vista.

Desde Peñas Blancas hasta la siguiente altura relevante, la Risca, se puede ir por la cuerda sin más inconveniente que el incremento de los obstáculos vegetales en forma de leñosos piornos. Las estrechas y discontinuas trochas de ganado están semi ocultas por la exuberante vegetación.

A lo largo de la subida hasta la Risca son frecuentes los apostaderos de caza hechos con piedras.

En la parte superior hacemos un alto que aprovechamos para vaciar las zapatillas (¡Uf, por fin!) de las numerosas y punzantes semillas que hemos embarcado en los tramos anteriores.

En la solana el calor aprieta de lo lindo. El tramo que sigue hasta Peñacabra se vislumbra con nitidez, si bien la cobertura vegetal nos exige trabajar  más de firme todavía. Caminamos entre y sobre la densa alfombra formada principalmente por entrelazados enebros rastreros, bien perfumado el ambiente por sus olorosas bayas. Alcanzar la parte alta del cordal supone una actividad de puro desgaste.

Los enebros rastreros lo cubren todo

Abajo y lejos queda el embalse de Pinilla
En la cima del pico Peñacabra (2.159m) compartimos las amplias vistas con los abundantes saltamontes que pueblan la zona. A partir de aquí caminaremos cómodamente por el PR-32.


Durante un rato contemplamos y bordeamos en altura el Hoyo Cerrado, primero de los dos que veremos hoy.

El Hoyo Cerrado


A continuación subimos a la cota 2.157, tras la cual nos acercamos al borde del cordal para observar el segundo de los Hoyos, el Borrascoso.

Nos aproximamos al borde del cordal para ver el Hoyo Borrascoso. Una pétrea cara lo observa también, "sin parpadear"

Hoyo Borrascoso
Continuando hacia el Puerto de Malagosto pasamos previamente por el pico Crecientes, desde el que somos observados con cierta curiosidad y disimulo.



Para enseguida hacer un alto en el siguiente y último montículo antes del puerto, la Cruz del Puerto de Malagosto (apenas unos metros por encima de él) lugar donde sí paramos para tomar un tentempié. Con respecto al agua vamos en modo racionamiento; dos litros por persona hay que administrarlos.

La Cruz del Puerto de Malagosto y detalle del rústico altar


Alcanzamos la portera metálica (1.953m) y la gran piedra que constituye la mojonera entre las provincias de Segovia y Madrid. En el mojón hay una inscripción: Puerto Malangosto  o Puerto del Libro del Buen Amor. Año 1330.


La atravesamos y empezamos el largo descenso hacia Alameda siguiendo un amplio camino que enseguida hace un giro hacia la izquierda enfilándose visiblemente hacia las Lomas de Peña Crecientes, que cierran por el Este el amplio barranco surcado por el arroyo de Entretérminos ¡Solana y ladera tapizada de arbustos en este lado, mientras que en el otro los pinos sombrean la ladera! Pero es la tónica de hoy.

Las Lomas de Peña Crecientes y la senda que la recorre

Barranco de Entretérminos: solana a un lado y sombra de pinar en el otro.
A pesar de que los altos matorrales cubren la senda en casi toda su anchura, señal de lo poco frecuentada que está, la marcha cunde mucho ¡Nada mejor que tener una trocha a disposición!

Muy atrás se ve ya el Puerto de Malagosto, mientras nos aproximamos y superamos el collado Vihuela. No tiene pérdida. La senda es inequívoca.


Arriba quedan las soledades por las que hemos transitado hoy, cubriéndose de las nubes que nos han respetado durante la jornada.


Cerca ya del final del recorrido desviamos la vista hacia el macizo de Peñalara, que se nos antoja más lejano que cuando lo mirábamos por la mañana. Suponemos que la larga marcha que ya llevamos influye en la apreciación.

En la aparente lejanía, el macizo de Pañalara

Al llegar a Alameda no podemos menos que beber abundante agua, reponiendo la perdida, tras haber completado una circular atípica e infrecuente, de algo más de 22km de longitud, superando un desnivel total en ascenso de 1.165m de D+ que, si a finales de verano supone un desgaste importante, en invierno, cuando la nieve cubre las extensas zonas de piornos y enebros rastreros a partir de los 1.500m de altitud, promete una esquiada perfecta.

domingo, 9 de septiembre de 2018

Los Alanos en Zuriza. Achar de Alano, Ralla de Alano, Trasveral Oriental y Occidental, Espelunga y Ruzquía, en circular.

Fachada Norte de la Sierra de los Alanos desde Tacheras

Los Alanos, además de hacer referencia a un pueblo bárbaro de origen germánico que invadió España en el siglo V, o a un perro de presa, cruce de dogo y lebrel, son también, y en este caso, una serie de pináculos rocosos que emergen altivos desde los llanos de Tacheras, en Zuriza, constituyendo la Sierra de los Alanos.

Contemplados desde el Norte quizás el más llamativo de los picos que componen esta esbelta y alargada Sierra sea el Achar de Alano, rotundo y flanqueado por dos grandes brechas. A su izquierda (hacia el Este), siguiendo en línea recta la cresta rocosa, encontramos en primer lugar las agujas de Alano, luego aparece la Faja Mazandú y acaba en el Rincón de Alano. A su derecha (hacia el Oeste), el primero es la Punta Tacheras, sigue la Peña de Alano y acaba en el Pico Ruzquía, al pie del cual se aprecia una gran pedrera. Lo que desde esta vertiente parece inexpugnable, por el Sur resulta accesible.

Son prácticamente las 9h cuando Eduardo y yo iniciamos la marcha en el llano de Tacheras (1.280m). El bien marcado sendero discurre en un principio por un bonito bosque en el que predominan las hayas y los pinos. El Achar de Alano sobresaliendo por encima de los árboles capta las miradas.

El Achar de Alano
Se acaban los árboles y salimos a una zona de prados desde la que el Paso de Tacheras (a la izq., del Achar) muestra el punto hacia el que se dirige la senda en pronunciado ascenso.

El Achar de Alano flanqueado por dos grandes brechas. La de la izq., es el Paso de Tacheras
A buen ritmo nos plantamos al pie del corredor rocoso que enfila el visible Paso (1.905m), lo superamos y accedemos a la meseta superior de la Sierra de los Alanos. 

Alcanzando el Paso de Tacheras.
Se trata de un valle suspendido cubierto de tasca, rodeado de picos aparentemente accesibles, lo cual contrasta notablemente con la verticalidad y aspereza de la vertiente Norte de la que venimos.

A nuestra derecha (Oeste) se alza la ladera del Achar por la que, tras descansar brevemente, ascendemos en diagonal contorneando el pico para encontrar los mojones de la vía normal.

Achar de Alano desde el Paso de Tacheras
Que ya seguimos hasta llegar a una sencilla chimenea (II), de unos seis metros de longitud, en la que es necesario usar las manos,  que nos conduce directamente a la cumbre.

Superando la corta chimenea que da acceso a la cumbre
La cima del Achar constituye un mirador magnífico en los 360º.

Hacia el Este tenemos en primer lugar la cresta rocosa con las agujas de Alano, seguidas por el Mazandú y culminando al fondo con el circo formado por el Rincón de Alano (izq)  y el Achar de Forca (dcha). Este sector lejano queda apuntado para visitarlo en otra ocasión.

Desde la cima, hacia el Este. Tras el Rincón, al fondo, el Castillo de Acher
Hacia el Oeste de la cadena se ven la Punta Tacheras y la Peña de Alano, así como un collado herboso (collado de la Ralla) a cuya izquierda se alza el redondeado Trasveral Oriental. Es ésta la zona por la que deambularemos hoy.

Desde la cima hacia el Oeste. La altiva Punta Tacheras en primer plano.
Optamos por continuar la circular dejando de lado subir a la Punta Tacheras, que parece algo entretenida, porque queremos alcanzar el Espelunga y contemplar desde él la Peña de Ezkaurre, separados ambos por la impresionante Foz de Veral, mil metros más abajo.

INCISO:

A mitad del recorrido, cuando desde el Trasveral Occidental constatamos que íbamos bien de ritmo, lamentamos no haberlo subido -  “Total, no habría supuesto más de una hora adicional”, nos dijimos.

Sin embargo después, cuando, tras haber ascendido a seis puntas relevantes del valle suspendido de Alanos, llegamos al coche con la tormenta pisándonos los talones, comprendimos que esta vez el destino nos había sonreído pues, de haber subido a la Punta, la cortina de agua que nos cayó justo al meternos en el coche nos habría cogido descendiendo por el intrincado bosque de hayas, cuya fuerte pendiente ya nos exigió, aún sin lluvia, toda nuestra atención para evitar “esturrazarnos” (deslizarnos sin control) ladera abajo.

Así pues, descendemos del Achar por la chimenea de subida para continuar con nuestro recorrido encaminándonos hacia el  amplio  Collado de la Ralla bordeando la Punta Tachera por su base.

Una alambrera para ganado se extiende por el collado de la Ralla (2.050m) de Norte a Sur. 

Vista hacia atrás desde el collado de la Ralla.
En un recorrido de ida y vuelta accedemos fácilmente primero a la cima de la Peña de Alano (2.162). Otro mirador extraordinario sobre el amplio entorno.

Desde la cima de la Peña de Alano un sinfín de contornos pueblan el horizonte tras el rotundo Achar de Alano, en primer plano.
Regresamos de nuevo al collado herboso y accedemos a la suave cima que le sigue, el Pico Trasveral Oriental (2.088m). Desde su cumbre y hacia el Oeste hay una panorámica clara del karst en el que nos adentraremos seguidamente.

Trasveral Occidental (izq.), Espelunga (dcha.); tras él, la Peña Ezkaurre

Unos metros más abajo distinguimos a un solitario sarrio que nos tiene clavada la mirada.


Tras un último vistazo en derredor iniciamos la marcha hacia el siguiente Trasveral, el Occidental. Descendemos unos metros hacia el lapiaz y nos sobresalta el súbito sonar de unos cencerros. Un grupo de cabras escapan raudas abandonando la cueva en la que, bajo la misma cumbre pero invisible desde ella, han estado esperando a que nos fuéramos. No se van demasiado lejos, atentas a cuándo dejamos libre el terreno para volver a su lugar.

Cuevas y cabras bajo la cima del Trasveral Oriental
El tránsito por el terreno kárstico resulta menos fatigoso de lo previsto. Una pareja de sarrios se deja ver. 


Pasamos sin dificultad por el Trasveral Occidental (2.079m) desde el que hemos de rodear una gran hondonada que lo separa del Espelunga.

Subir al Pico Espelunga resulta tan sencillo como han sido los anteriores, aunque ya se van notando en las piernas los metros acumulados, porque cada uno de los tramos de cien en cien metros de desnivel que ya hemos realizado va sumando.

La vista desde la cima del Espelunga (2.106m) es de las que te retienen durante un rato. Enfrente, la imponente cara Este del Pico Ezkaurre; entre ambos el profundo corte en cuyo fondo está la Foz de Veral.

La Peña de Ezkaurre (cara Este) desde la cima del Espelunga.

Hacia atrás, la última cima del recorrido, el Pico Ruzquía, parece lejana. No lo está tanto.

A la izq. el Pico Ruzquía
Las nubes son cada vez más abundantes, algunas bastante negras; la tormenta se va anunciando, así que emprendemos el descenso.

Acceder a la cima del Pico Ruzquía (2.074m) resulta más rápido de lo previsto. Se conoce que vamos estimulados por la presencia de los nubarrones, ya que no querríamos que nos lloviera en las Canales del pico que desembocan en la gran pedrera de su base. La vista sobre la abrupta cara Norte de la Sierra de Alanos nos lo recuerda.

Cara Norte de la Sierra de los Alanos desde la cima del Pico Ruzquía

El Pico de Espelunga (dcha.) desde la cima del Ruzquía
Así que sin más demora dejamos la cima y nos encaminamos a las Canales de Ruzquía, eligiendo para descender la más próxima al pico. 

Última mirada hacia la Peña Ezkaurre desde el Ruzquía, antes de abandonar su cima.
Desde arriba de la canal se aprecia continuidad en el descenso.

Hacia / por las canales de Ruzquía


Bajar por los grandes bloques que hay en la canal no es difícil, y enseguida embocamos la gran pedrera que le sigue.

La pedrera, comparada con la que tuvimos que “tra-bajarnos” entre el Pico de Otal y de Fenés hace unos días, nos resulta corta y hasta cómoda.

La pedrera "tra - bajada" al pie de las Canales de Ruzquía, con el pico a su dcha.
De nuevo en el pasto encontramos gran cantidad de matas de Vincetóxico o Pimiento de monte (Vincetoxicum hirundinaria) cubriendo la base de este pedregal calizo.

Vincetóxico

Dejando atrás la Sierra, a la altitud de unos 1.700m, nos encaminamos directamente hacia el Norte por laderas herbosas, enfilando hacia el bosque que cada vez tenemos más cerca.


Y en él nos internamos, a los 1.500m de altitud, cuando los nubarrones ya cubren más de las dos terceras partes del cielo. Hay un mojón que marca el inicio de la senda.

Mirada hacia atrás antes de internarnos en el hayedo.
El atractivo y frondoso hayedo, en el que gustosamente entramos creyendo que ya todo será coser y cantar hasta llegar al coche, aún nos depara alguna sorpresa. El sendero está tan poco usado que numerosas hayas jóvenes lo han colonizado, haciendo que en algunas partes se pierda.



Lo que no es senda es una ladera muy inclinada alfombrada de hojas sobre piso de guijarros menudos en terreno duro, que la convierte en muy inestable. Hay que ir muy atentos e intuir cada zigzag de la antigua senda.



Resulta un tramo muy intrincado pero bonito.

Se acaba el hayedo
Finalmente, tras la inmersión de bosque, salimos directamente a la pista, muy próximos al coche, habiendo realizado una circular de 13km de longitud salvando un desnivel total en ascenso de 1.300m de D+.

Suenan los truenos; desde fuera del hayedo podemos ver los nubarrones que cubren por completo la Sierra; nos metemos en el coche con las primeras gotas de lluvia cayendo sobre nosotros; apenas tenemos tiempo para “echar dentro de él” mochilas y bastones y comienza a caer una cortina de agua que nos acompañará hasta bien pasada la Foz de Veral.

La Sierra de los Alanos bajo la tormenta
Tuvimos suerte cuando, en el Achar de Alano, decidimos no incluir el ascenso a la Punta Tacheras en la circular de hoy.