domingo, 14 de octubre de 2018

El Reajo Capón y el Pico Reventón desde la población de Lozoya .

Vertiente Sur de los Montes Carpetanos, desde Lozoya

Los Montes Carpetanos es el nombre que recibe la parte norte de la alineación montañosa principal de la Sierra de Guadarrama. Forman un cordal de lomo mayoritariamente redondeado, que tiene una longitud aproximada de 50km, extendiéndose en dirección suroeste-noreste desde el puerto del Nevero o Collado de Quebrantaherraduras en la base norte de Peñalara (extremo suroeste), hasta el puerto de Somosierra (extremo noreste). Los Montes Carpetanos definen el límite entre las provincias de Segovia y Madrid (valle del Lozoya).

La montaña más alta de Estos Montes es El Nevero (2.209 m), ubicado en la zona central de los mismos. La parte noreste del cordal, a partir del Nevero, está formada por montañas algunos de cuyos nombres hacen alusión a su forma, tales como Reajo Capón (2.092m; en el término de Lozoya) y Reajo Alto (2.100m;en el término de Navarredonda) (“reajo” significa “prado pequeño”).

Hoy tenemos el propósito de completar una circular que, con origen y final en la localidad de Lozoya (1.150m), nos llevará, siguiendo caminos y pistas, primero a través de la zona boscosa que cubre la vertiente Sur de la Sierra hasta alcanzar el punto culminante del Reajo Capón (2.092m), descendiendo luego hasta el Puerto de Navafría (1.774m) cordal abajo por el PR-33, para finalmente bajar a través de las escondidas sendas que atraviesan el bosque por el que discurre la carretera M-637, pasando por la Ermita de la Fuensanta justo antes de llegar a Lozoya de nuevo. En total un recorrido de 20km de longitud, salvando un desnivel total en ascenso de 960m de D+.


Para llegar al lugar de inicio salimos de Lozoya siguiendo la M-637 a Navafría por espacio de 1.2km hasta una pronunciada curva a izquierdas, punto en el que la abandonamos para tomar la pista (Calle nº 4) que entra en las urbanizaciones que hay encima de la población de Lozoya, en la que se puede dejar el coche. El recorrido a pie se inicia tomando la primera pista hormigonada hacia la izquierda que hay tras haber dejado la M-637.

Son las 8.30am cuando comenzamos la marcha. La aplanada cima del Reajo Capón es perfectamente visible desde la distancia, así como la boscosa ladera por la que accederemos a ella.

La omnipresente Peñalara capta nuestras miradas.


Conforme vamos ascendiendo el robledal se hace más denso al tiempo que van quedando atrás las explotaciones ganaderas que hay próximas a la población. La visión del embalse de Pinilla (que se tiene durante buen rato), junto con los robles que ya comienzan a "pintarse" del otoño recién estrenado, proporcionan un agradable y sosegado entorno.

Embalse de Pinilla


Paulatina y suavemente vamos ganando altura por la zigzagueante pista (Camino del Carretero) flanqueada por robles, helechos y alguna que otra zarza cuyas moras nos atraen y retienen (un buen alimento natural que no despreciamos en absoluto).



La pendiente se acentúa por la zona de los Collados Gordos (1.530m) y la pista enfila hacia el Camino Horizontal (1.800m) que, manteniendo dicha altitud, recorre el perfil de la Sierra por su vertiente Sur, entre el Puerto de Navafría hasta casi llegar al de Somosierra. Los panoramas son cada vez más extensos.

Muy abajo ya el Embalse de Pinilla


Cortafuego hasta el Reajo Capón
Son frecuentes los cortafuegos que lo conectan con el cordal cimero, constituyendo éstos, las más de las veces, un modo expedito de acceder a la parte alta de forma directa, sin el obstáculo para el avance que la abigarrada vegetación (pinos, piornos y enebros rastreros) suele presentar en estos lugares tan poco frecuentados, donde ni trochas de animales se encuentran.

Chicharra macho 
El pinar “homogéneo” da paso al más “variopinto” a medida que ascendemos. Cruzamos y dejamos atrás el Camino Horizontal y, siguiendo una senda hasta los 1.880m entroncamos con otra superior y con aspecto de “poco utilizada” que deriva paralela al Camino. Varios puestos de caza la van jalonando.




El paso hacia la parte alta de la cuerda está totalmente asilvestrado, así que optamos por derivar nosotros hacia el Sur (izq) por la pista de cazadores, en busca del cercano cortafuego que ya vimos desde la distancia.

Vegetación demasiado tupida que nos induce a buscar el cortafuego
Que nos facilitará el acceso al cordal tras una empinada remontada de unos 100 metros de desnivel (es lo que tienen los cortafuegos) hasta alcanzar el Llano del Reajo Capón (2.000m) desde donde fácilmente llegamos a la aplanada cumbre del Reajo Capón (2.092m).

Un murete de piedras en forma de circunferencia encierra en su interior un amplio espacio en el que se aprecian los restos de antiguas trincheras.


Las vistas son extensas desde este punto elevado.

Sierra de la Cabrera desde el Reajo Capón
Un solitario pino muestra claramente que estos lugares están habitualmente azotados por los vientos del Norte.


Tras un rato de contemplación emprendemos la marcha hacia el Puerto de Navafría, para llegar al cual antes pasaremos por el Pico del Reventón (1.925m) y el Alto de la Pinarilla (1.867m), siguiendo durante unos 3km el cómodo PR-33 que discurre pegado a una ininterrumpida alambrera que separa las dos provincias (Segovia y Madrid), al que se accede tras atravesar una puerta metálica.


El cómodo camino permite ir observando los panoramas y los detalles del entorno.


Rectilíneo PR con el pico del Nevero al fondo
Al Sur la vertiente madrileña del Lozoya

Al Norte la vertiente segoviana de Navafría
El mirador que constituye el Alto de la Pinarilla anuncia la proximidad del Puerto de Navafría al que llegamos seguidamente.

Alto de la Pinarilla
En el Puerto hacemos una breve parada antes de emprender el descenso final hacia Lozoya por la extensa y poco frecuentada zona boscosa por la que discurre la carretera M-637 que une esta localidad con la de Navafría.

Tres veces cruzaremos obligatoriamente el asfalto para, “al otro lado”, internarnos de nuevo en el bosque y seguir transitando aprovechando sendas más marcadas, en el pinar superior, y más difusas, en el robledal de la parte más baja.

Tras dejar atrás el Puerto de Navafría la senda se adentra de nuevo en el bosque


Hacia los 1.450m de altitud el rectilíneo y esbelto pino comienza a dejar paso al roble.


Hay que ir prestando atención para escoger la trocha debida si queremos evitar salir innecesariamente a la carretera, y no siempre se acierta a la primera. 


El sotobosque de helechos cubre de verde las laderas. Las ortigas “aderezan” el entorno dejando su impronta en las piernas del descuidado. Muy poco frecuentadas se ven estas sendas.


Finalmente caminamos junto al arroyo de la Fuensanta llegando enseguida a la Ermita del mismo nombre. Lugar agradable y solitario cuya fuente hoy no mana. Habrá que esperar a que las próximas lluvias de este otoño vuelvan a traer el agua.

Ermita de la Fuensanta
Salimos a la carretera M-637 por la que caminamos apenas unos metros hasta llegar a la Calle 6ª e internarnos por ella en las urbanizaciones que hay en la parte alta de Lozoya, a través de las cuales, tras el correspondiente  “callejeo”, alcanzamos el punto de partida.

Agradable y extenso recorrido, aproximadamente el cincuenta por ciento por bosque (lo que viene muy bien en verano), por sendas y caminos bien trazados, a la par que poco frecuentados, que surcan la vertiente del Lozoya de los Montes Carpetanos.

sábado, 6 de octubre de 2018

Pico de la Pala, Pico Perdiguera y Mina Cubero, desde Miraflores de la Sierra.




Elegimos un recorrido que nos dé la posibilidad de descubrir una parte de la Sierra de Guadarrama todavía desconocida para nosotros, partiendo de Miraflores de la Sierra.

Lo que en principio iba a ser una circular en torno a los 11km de longitud y con un desnivel de unos 700m de D+, se convirtió en dos atractivos itinerarios de ida y vuelta, enlazados, con una longitud conjunta de 16.5km y un desnivel total en ascenso de 1.050m de D+. El primer itinerario hasta el Pico Perdiguera y el segundo a la Mina Cubero.

En azul, ascensos; en rojo, descensos. A la dcha., itinerario 1; a la izq., itinerario 2

El motivo del cambio de planes sobre la marcha fue la consecuencia lógica tras finalizar la incómoda e innecesaria subida entre altos espartales de más de metro y medio de altura (¡Cómo se enganchan y obstaculizan la marcha!) durante los primeros 300m de desnivel hasta alcanzar La Carcamala, en modo todo tieso y sin trocha (“subida 1” en el mapa adjunto), en lugar de haber seguido por la sombreada, bonita y agradable senda (marcada con señales blanquiverdes) que luego tomaríamos en la bajada (“descenso 1” en el mapa adjunto).

Tal desacierto nos quitó las ganas de, una vez en la cima de la Perdiguera, continuar gastando tiempo y resoplidos en más campo a través, optando en su lugar por enlazar los dos recorridos de ida y vuelta (1 y 2 en el mapa), dejando para otra ocasión, cuando ya tuviéramos una idea del conjunto, completar si acaso la circular original.   

Es Miraflores un pueblo grande y extendido, en el que antiguas y reseñables construcciones coexisten con otras más recientes. Nuestro punto de partida es un parque junto a la travesía de Cabezuelo, al que llegamos siguiendo las marcas blanquiverdes que ya aparecen a la salida de Miraflores hacia el Puerto de Canencia, en el lado izquierdo de la carretera junto a un letrero que indica “al Pico de la Pala”.

Son las 9 de la mañana cuando salimos de Miraflores (1.100m) en busca de la subida más directa hacia el pico de la Pala, primer otero relevante de la Cuerda de la Vaqueriza.


El por qué al poco rato de haber iniciado la marcha guiados por las marcas las abandonamos conscientemente, para ascender ladera a través siguiendo un track que habíamos descargado, podemos achacarlo más a la obstinación que al buen juicio. En este caso la intuición se plegó ante la tecnología, para mal.

El caso es que seguimos el track en el GPS hasta llegar al primer pico, La Carcamala (1.450m), tras enredarnos y pelear con las abundantes matas de desarrollados espartos que cubren la ladera (Lygeum spartum / esparto basto / albardín, que de todas estas formas se puede llamar) ¡Craso error! De hecho, la proliferación de estas plantas, en sazón al final del verano, resulta significativa en esta zona y, siempre que sea posible, conviene evitarlas.

Abundantes espartales  cubren las laderas

Algún que otro escaramujo (rosal silvestre) completa el cuadro vegetal
Una vez alcanzado el promontorio de La Carcamala, en el lomo de la Cuerda de la Vaqueriza, entroncamos con la evidente senda marcada con las señales blanquiverdes que desestimamos al inicio, a la cual nos incorporamos gustosos, para llegar seguidamente al Pico de la Pala (1.540m), segundo del cordal.

Las vistas a derecha (Este) y a izquierda (Oeste) son muy amplias y permiten tener una buena perspectiva del entorno. Al Este, la Cuerda del Mondalindo, Cabeza Arcón y Pendón, con el fondo del Cancho Gordo de la Sierra de la Cabrera. Al Oeste, La Pedriza y La Najarra.

Cuerda del Mondalindo con la Sierra de la Cabrera al fondo

Embalse de Santillana y la Pedriza
Hacia atrás, el Monte de San Pedro, como una isla lejana emergiendo en la distancia.

Al fondo, el monte de San Pedro
Por delante, la Perdiguera, a cuya cima se accede continuando por la senda muy bien marcada tras superar unos empinados doscientos metros de desnivel.

Al fondo, la Perdiguera
Un par de pájaros posados sobre la roca cimera y el gran vértice geodésico marcan el punto más alto al que llegaremos hoy, los 1.866m de la cumbre.

En la cima de la Perdiguera


Tras una mirada a la vecina Najarra, y con cierta frustración por no seguir con la circular, nos aprestamos para una rápida bajada, retornando por el camino debidamente marcado, eso sí, observando detalles que no vimos durante la subida, hasta casi llegar de nuevo a Miraflores.

La Najarra desde la cima de la Perdiguera
Ni comparación tiene la facilidad y belleza de este recorrido frente al utilizado en la subida. Los mismos paisajes se ven diferentes durante la bajada. 

Vista hacia el Mondalindo

La Najarra, al fondo, como punto culminante

Detalles de proximidad
Sin llegar a descender hasta el propio Miraflores, atravesamos un sombreado pinar bordeando por su base el promontorio de La Carcamala y entroncamos con una pista que, paralela y por encima de la carretera M-611, se adentra en el amplio barranco del arroyo del Gargantón. Emprendemos el segundo itinerario de la jornada que nos conducirá a la Mina Cubero.

Pinar en la parte baja de la Carcamala
Enseguida la pista se transforma en trocha y se deja atrás la sombra protectora de los robles. El sol cae de plano sobre nuestras cabezas a esta hora del mediodía.

Unas vacas, al sol, :-(, y unas cabras, a la sombra :-), nos contemplan con cierta curiosidad.



Poco a poco vamos remontando el barranco hasta llegar al pie de la bocamina (1.500m).

Bocamina de la Mina Cubero
La Mina Cubero, actualmente abandonada, fue explotada en el siglo XIX en busca de arsenopirita. Si hoy día no resulta evidente llegar a ella, sabiendo que está ahí, tratamos de imaginar quién o quienes decidirían excavarla, en base a qué criterio empezarían a horadar precisamente al pie de este roquedo y cuántas penurias pasarían para extraer y transportar el mineral. Otras épocas, otros oficios de dura subsistencia.


Vencido el atávico repelús que uno siente al adentrarse en la oscuridad de una cueva, la curiosidad puede con todo, recorremos los aproximadamente quince metros de longitud que tiene el túnel, recto y amplio. Resulta útil la linterna que hemos traído.

En las paredes vemos que hay posadas unas mariposas oscuras ¿Vivas o muertas? No lo comprobamos.

¡Negras mariposas impávidas; no osamos tocarlas!


De vuelta al exterior, y a la sombra de los pinos, hacemos un descanso antes de reemprender la marcha.

La mina próxima, y nosotros a la sombra de los pinos
Para el retorno buscamos alguna trocha por el bosque que nos evite la solanera por la que hemos venido, de manera que marchamos manteniendo la altitud de 1.500m hasta que, al cabo de varios centenares de metros, divisamos un mojón ¡Estupendo! ¡La intuición nos ha funcionado esta vez!  


A partir del hito damos con una tenue trocha que pronto se transforma en cómoda senda, permitiéndonos atravesar el fresco y sombreado pinar del Gargantón hasta entroncar con la carretera M-611.


Algunos detalles en el color de algunas de las hojas indican que el otoño está empezando a hacer acto de presencia.

Mientras al roble aún no le ha alcanzado el otoño

El álamo ya lo tiene encima

A partir de éste punto, tras unos centenares por el asfalto, remontamos fácilmente unas rocas hasta confluir de nuevo con el camino utilizado en la subida hacia la Mina, que seguimos ahora hasta Miraflores de la Sierra, concluyendo y conformando un recorrido que, si bien se truncó en el formato circular original,  acabó convertido en dos alternativas de ida y vuelta, una de ellas, la visita a la cueva, poco habitual e interesante.