domingo, 12 de agosto de 2018

Pico de Otal o Peña Arañonera desde el valle de Bujaruelo, por el barranco del Turbón. Una montaña en terreno de simas espectaculares



Pico de Otal (izq) y Pico de Tendeñera (dcha) desde el collado de Otal.
Hacía tiempo que quería subir al Pico de Otal pero siempre me retrajo la larga marcha de aproximación que suponía hacerlo por el Sur, desde Linás de Broto. De manera que, tras leer la buena crónica confeccionada por Fer (Costra y Pus) decidimos Eduardo y yo hacerlo por el Norte, recorriendo el barranco del Turbón. Ya en el mapa se observa que tal itinerario es “muy corto”, lo cual es sinónimo de “muy empinado”, pues los más de 1.400m de desnivel no te los quita nadie.


Al poco de dejar atrás el camping de Bujaruelo, en sentido subida, en el margen izquierdo de la pista hay una pequeña piedra, apenas relevante, en la que se indica “Turbón. Cuevas-Simas de Arañonera. Collado Royo. Valle de Otal” que marca el inicio del ascenso. 


Entre esta roca y la linde de los árboles donde se inicia la subida apenas hay unos veinte metros. Son los únicos que encontraremos con escasa pendiente, porque una vez pasas bajo el arco vegetal que da acceso al bosque el sendero pica hacia arriba sin contemplaciones, y así sigue todo el rato hasta llegar al collado Royo o de Otal ¡Mil metros de subida en tres kilómetros!

Hasta alcanzar los 1.650m de altitud vamos recorriendo un hayedo húmedo y hermoso a lo largo del cual uno se hace idea desde el principio de lo que le va a tocar hasta acceder a la cima. La pendiente, en torno a los 30º, no da tregua, pero las fuerzas están intactas y vamos a la sombra.

Por el hayedo



Al salir a terreno despejado cruzamos el seco lecho del barranco del Turbón. Ahora seguimos una trocha marcada con puntos rojos y algún que otro mojón ¡Y continuamos ascendiendo de lo lindo! Pero en fin, ya sabemos que esto va a ser así a lo largo de toda la jornada.

Saliendo a zona despejada

Dejamos atrás el bosque por el que hemos subido


Mirando hacia atrás la gran mole formada por los picos de Mondarruego, Taillón y Gabietos se alza como un coloso. Tan fotogénico entorno nos brinda la excusa perfecta para hacer breves altos y sacar fotos.


Ascendiendo por unos inclinados planos herbosos al pie de un característico resalte vertical, con el collado a la vista pero aún lejano, notamos que una brisa fresca nos da en la cara. Acabamos de llegar al punto donde se localiza la gran cavidad de la sima Grallera del Turbón, que consta de una boca principal al pie de la ralla rocosa y dos de menor tamaño, una pequeña y otra mayor, en la pradera cercana a la misma, de las cuales emana una neblina fría. El espectáculo nos atrae mientras nos aproximamos cuidadosamente a los bordes de cada una para otear en su interior.

Gran boca de la Grallera del Turbón



Dos bocas de menor tamaño

Del fondo de la sima emana una neblina fría
Dejamos atrás la Grallera y encaramos un tramo de lapiaz que ya será continuo hasta alcanzar el collado de Otal (2.300m).

Por el lapiaz, hacia el collado de Otal

El collado de Otal
Una vez en él la contemplación del “patio” hacia el otro lado, junto con la vista de la cresta y caras Norte de los Picos de Otal y de Tendeñera, hacen que asentemos bien los pies sobre el terreno y, a renglón seguido, nos sentemos un rato para descansar, mientras consideramos que hemos completado la primera fase de la ascensión. Mil metros nos separan del punto de partida. Poco más de cuatrocientos nos faltan aún hasta la cima del  Pico de Otal.

Desde el collado el Pico de Otal se ve impresionante
Nos ponemos en marcha relajados, saboreando las vistas y los paisajes, sabiendo que nuestro itinerario nos llevará por la parte no aérea del entorno.

Ascendiendo hacia el Otal la mirada se nos va hacia la placa calcárea del Fenés y a su Cueva Helada

Cueva Helada de Fenés

La afilada cresta que une el Otal con el Tendeñera
Primero caliza blanca hasta encarar una pedrera anaranjada por la que nos encaminamos hacia un evidente corredor en la pared que se supera sin mayores problemas, si bien hay que ir con cuidado para no tirar piedras a quien va por detrás.

Cumbre anaranjada del Pico de Otal

Trepando por la descompuesta canal
Tras una trepada sencilla salimos a una antecima para enseguida alcanzar finalmente la cumbre del Pico de Otal (2.704m), que resulta inesperadamente amplia y confortable, desde donde hay una visión en 360º que incita a mirar, y mirar, y mirar, identificando la pluralidad de montañas que pueblan el horizonte.

Grupo del Vignemale desde la cima del Pico de Otal
Al cabo de estar un rato en la cima reanudamos la marcha e iniciamos el descenso hacia el cuello de Fenés siguiendo la cresta SE, a tramos aérea pero que se destrepa sin problemas. 

Destrepando por la cresta hasta llegar a la pedrera blanquecina que se ve más abajo

Hasta llegar al comienzo de una gran pedrera, que de nuevo es de caliza blanca, por la que efectuamos un rápido descenso enfilando hacia la base de la gran laja caliza del Pico Fenés, lugar donde está la gran cueva del mismo nombre y que queremos visitar.

Enfrente la gran losa caliza de la pared del Fenés, en cuya base está la entrada a la cueva

Detrás queda el Pico de Otal y la gran pedrera por la que hemos descendido
Mientras marchamos por el lapiaz hacia la boca de la gran cueva las piernas acusan el pronunciado descenso que hemos realizado por la pedrera.

Nos acercamos a la gran Cueva Helada de Fenés y trepamos hasta su boca. La nieve cubre el tramo de acceso al interior de la gruta. Recogemos una poca en una de las botellas de agua para que se vaya derritiendo, ya que la sed se va notando.

Gran losa calcárea y Cueva Helada de Fenés

Nieve en el acceso al interior de la cueva


Retornamos a la base de la abertura e iniciamos sin más demora la bajada siguiendo unas trazas de senda hacia el NE, que se pierden de vez en cuando.

Al poco llegamos a una zona plana en la que hay unas bolas de sal a disposición de las ovejas que en verano pastan por estas laderas y puedan lamerlas. Pensamos que "si aquí hay sal, el agua no puede estar muy lejos".

Bolas de sal


Y en efecto, unos metros más adelante damos con una fuente “bienhechora” donde reponemos agua en todos los recipientes que llevamos ¡Por fin podemos  dejar de racionarla!

El agua: fuente de vida y alegría
Seguimos las trazas hasta enlazar con el itinerario de ascenso. 

Ya tenemos a la vista el ansiado bosque


Adentrándonos de nuevo en el fresco hayedo.

Dejamos atrás las zonas altas que hemos recorrido
Descendiendo finalmente a la sombra hasta llegar de nuevo al coche tras haber realizado una contundente circular de poco más de 10 km de longitud, superando un desnivel total en ascenso de 1.445 m de D+, por un paraje de simas singulares sobre las que se alza el gran Pico de Otal, sin habernos cruzado con persona alguna a lo largo de un  recorrido que, si no tiene contemplaciones a la hora de subir, tampoco deja de exigir atención continua en la bajada, dada la gran inclinación que presenta de manera sostenida.

miércoles, 1 de agosto de 2018

Calderas del río Cambrones, Cascadas del Chorro Chico y del Chorro Grande y Fuente del Infante ¡Una circular Dos X Uno!


Las Peñas Buitreras desde las proximidades de la Granja de San Ildefonso
A los pies de las Peñas Buitreras discurren varios cursos de agua que, encajonados y formando pozas, o saltando de roca en roca, formando chorreras, constituyen unos parajes atractivos y particulares en la vertiente segoviana de la Sierra de Guadarrama, próxima a la Granja de San Ildefonso.

El río Cambrones nace en la vertiente segoviana del Puerto de Malagosto, lugar de paso para los que desean atajar en el camino entre Segovia y Rascafría (pinchar aquí para ver el itinerario)

Más al Sur, los arroyos del Chorro Chico y del Chorro Grande nacen entre los 1.850m y 1.950m en las aplanadas y extensas majadas que hay en la vertiente Oeste del tramo de los Montes Carpetanos comprendido entre el Puerto del Reventón y el Collado de la Flecha, recorren a saltos las empinadas barranqueras graníticas hasta amansarse en torno a los 1.450m, yendo finalmente a desaguar en el río Cambrones, junto a la Granja de San Ildefonso (pinchar aquí para ver el itinerario).

Uniendo ambos recorridos resulta la circular de hoy.


En resumen, el recorrido realizado es el siguiente:

Origen y llegada en la Granja de San Ildefonso junto a la plaza de toros – acceder a las Calderas del río Cambrones por dehesa y robledal – continuar aguas arriba junto al cauce hasta salir del barranco y alcanzar la zona de sucesivos escalones a la altitud de 1.300m – abandonar  el curso del río por “empinada ladera a través” densamente tapizada de avena loca de unos dos metros de porte, en pos de una pista superior que, a los 1.450m de altitud, discurre paralela al perfil de la cresta divisoria entre Segovia y Madrid – recorrer su zigzagueante trazado de vuelta hacia la Granja – cruzar la parte inferior de los arroyos de Chorro Chico y Chorro Grande, respectivamente – vadear éste último, abandonar la pista y empezar la fuerte subida que, aguas arriba, se interna en el pinar que cubre la ladera – enlazar con el PR-10 a los 1.800m – Fuente del Infante – Retorno a la Granja.  En total una circular de algo más de 21km de longitud, salvando un desnivel total en ascenso de 950m de D+.


Son las 8:30h cuando iniciamos el itinerario junto a la Plaza de Toros de la Granja en dirección a la Fábrica de Vidrio. Los primeros kilómetros hasta llegar al barranco del río Cambrones discurren por buena pista y sendero a la fresca sombra de los robles.

Deambular por el bosque permite ir observando detalles y escenas que le son propias: rincones sombreados o luminosos, la desgarrada posición del árbol abatido por la tormenta, las evoluciones mañaneras de los insectos, etc.

Rincones del bosque



Insectos danzarines


Al poco se llega a un puente sobre el río Cambrones. Aguas arriba seguimos el cauce del río hasta el pie del Cerro de Valmesado, punto a partir del cual el agua fluye en forma de pequeños saltos o escalones sucesivos para, seguidamente y algo más arriba, embarrancarse entre paredes graníticas creando un abundante número de pozas o calderas que invitan al baño, conformando un refrescante y estrecho entorno de agua y arbolado enclavado entre laderas empinadas.

Seguimos una trocha bastante bien definida, que al principio se aparta del río para después internarse decididamente en la garganta de granito por la que fluye. Finalmente la senda conduce al mismo cauce. Una pequeña fuente permite aprovisionarse de agua antes de seguir (fuente de Malpaso).



Aparece la primera caldera y se cruza el río que, a partir de este momento, se remonta por su orilla izquierda orográfica (derecha en el sentido de la marcha).


Sucesivamente, y durante un par de kilómetros, vamos pasando junto a las numerosas pozas, unas más accesibles que otras, todas ellas excavadas en el sólido granito de la zona.




La roca junto al agua está bastante pulida por lo que conviene andarse con cuidado para evitar un baño imprevisto. La opción de buscar paso por la ladera cubierta de avena loca resulta también viable, sólo que muy trabajosa, dado que las altas hierbas (superan la altura de una persona) y su densidad hace que no se vea trocha alguna.

Sobrepasadas las calderas el barranco comienza a abrirse; es entonces cuando dejamos la proximidad del agua y, ladera arriba, con la inestimable ayuda de los bastones, subimos por la incómoda pendiente cubierta de alta y resbaladiza hierba (la “dichosa” avena loca), en pos de la pista que sabemos que está unos metros por encima de la linde de pinos hacia los que nos dirigimos.

Una vez en la pista la tomamos hacia la derecha (al Sur), recorriendo su sinuoso y agradable trazado flanqueado por los altos pinos, dando vista a las Peñas Buitreras.

Las Peñas Buitreras
Tras los cuatro primeros kilómetros alcanzamos el mirador de la cascada del arroyo del Chorro Chico y un kilómetro y medio más allá el del arroyo del Chorro Grande.

El Chorro Chico

El Chorro Grande
Una vez vadeado éste último abandonamos la pista y empezamos la fuerte subida que, aguas arriba, se interna en el pinar que cubre la ladera. Comienza así el recorrido ascendente del Chorro Grande y de sus numerosas cascadas o chorreras que se pueden contemplar, con mayor o menor cercanía, desde varios miradores naturales. Se nos hace extraño iniciar el ascenso a las 12:30pm, horario muy tardío para lo que estamos habituados. En realidad el tramo que emprendemos ahora se puede considerar como una excursión aislada en sí misma, solo que en este caso la estamos integrando en una circular única y bastante más extensa.

Curso del Chorro Grande

Las piernas tardan menos de lo esperado en ponerse en modo ascenso y la subida resulta bastante cómoda. La pendiente es notable pero la trocha es clara, pudiéndose observar distintos tramos del Chorro Grande.

La senda está cada vez más rodeada de altos "escobones". El tapiz vegetal de enebro resulta apacible a la vista pero literalmente esconde lo que hay debajo: ¿Roca o hueco?, por lo que vale la pena no arriesgar.

El enebro lo cubre todo

Alcanzando la parte superior del Chorro Grande
En la parte superior, y tras cruzar un arroyo secundario que vierte en el Chorro Grande a la altitud de 1.700m, lo seguimos aguas arriba hasta alcanzar y superar un murete de piedras (1.850m) que se extiende a derecha e izquierda sin que se vea su límite.

A poco de llegar al murete delimitador, junto al arroyo secundario que vierte en el Chorro Grande


El calor aprieta y los 30ºC al descubierto resultan rigurosos. El accesible cordal y el Puerto del Reventón, unos doscientos metros más arriba, no nos resultan nada tentadores. En otra ocasión quizá. En ésta optamos por subir unos pocos metros más y alcanzar el PR-10  por el que rápida y cómodamente llegamos al emplazamiento de la Fuente del Infante y del Chozo que hay junto a ella (1.840m). Cómo se agradece reponer energías, y beber de la fresca agua que mana, antes de emprender el muy pendiente descenso hacia la Granja por la pista que la comunica con la Fuente.

Fuente y Chozo del Infante


Seiscientos metros de desnivel que se bajan con mayor rapidez y comodidad de lo esperado siguiendo el sinuoso trazado de la pista, dando vista a la cara Sur de las Peñas Buitreras.

Cara Sur de Peña Buitreras, a la dcha.
Un oportuno “mirador con banco artesanal” (1.450m) constituye la excusa perfecta para hacer un alto y contemplar la Granja de San Ildefonso y el embalse del Pontón Alto, abajo, en la planicie.

Oportuno mirador con banco


Continuamos camino, apagamos la sed con el agua que mana de la Fuente de los Helechos unos metros más abajo, para después tomar el tramo de pista que se encamina hacia el Esquinazo.

A la altura de los 1.300m, muy poco antes de alcanzar la tapia que bordea el Palacio de la Granja, nos detenemos atraídos por un grupo de cerezos silvestres repletos de frutos ¿Quién se resiste ante semejante tentación? ¡Desde luego que nosotros no! Así que dedicamos un rato a saborear las cerezas, agradeciendo sobremanera su intenso y fresco sabor que sirve como inesperado colofón gastronómico a una extensa e inusual circular recorriendo distintas partes del río Cambrones y de sus dos afluentes más destacados, el Chorro Chico y el Chorro Grande. 

Deliciosas cerezas