sábado, 21 de enero de 2017

Circular al Puerto de Navacerrada desde el Puente de la Cantina: Arroyos del Telégrafo y de las Pintadas.


Cencellada en el bosque de Valsaín
La niebla cubre las partes altas de la Sierra de Guadarrama por encima de los 1.700m. Hace frío, bastante frío, en torno a los -5ºC / -6ºC. El aire está en calma y la cencellada blanquea a fondo los altos Pinos de Valsaín.

Nos fijamos para hoy un recorrido circular por una zona poco frecuentada de los extensos pinares segovianos que cubren las laderas Norte del entorno del Puerto de Navacerrada. El Puente de la Cantina, sobre el río Eresma, es un buen punto de partida para ésta y otras numerosas rutas: Pinareja y Montón de Trigo (esquí travesía), Cítores (esquí travesía), etc.

Son las 9:30h de la mañana cuando iniciamos la marcha traspasando el torniquete que, a los pocos metros de cruzar la carretera, da acceso a la pista asfaltada que se adentra en el pinar de la cara Norte de los Siete Picos, en dirección al Collado de la Fuenfría. De salida hace un frío intenso que, poco a poco, se hacecada vez mayor.

El entramado de pistas y senderos que atraviesan los pinares de Valsaín requieren de una buena orientación dentro del bosque, lo cual no siempre resulta fácil. Para esta ruta vamos siguiendo el buen “track” dejado por gejota en Wikiloc.

Tan bien se camina por la pista asfaltada y con tanto ahínco nos afanamos en las zancadas para entrar en calor, que pasamos de largo el inicio del sendero que, dejando el asfalto, se enfila hacia la Pradera de Navalazor. De manera que, cuando nos percatamos de ello, hemos de retornar “bosque a través” hasta encaminarnos correctamente.

Al poco alcanzamos la Pradera de Navalazor, lugar de confluencia de varias sendas, desde donde la que nos corresponde comienza su descenso hacia el Arroyo del Telégrafo por entre altos pinos.

Descendiendo hacia el Arroyo del Telégrafo
Alcanzado el arroyo lo vadeamos y, unos metros más adelante, tomamos un sendero hacia la derecha (sentido de la marcha), que lo remonta próximo al cauce en dirección al Camino Schmidt.

Troncos que ayudan a vadear el Arroyo del Telégrafo
El tramo de ascenso junto al arroyo nos adentra en un pinar solitario de árboles muy altos con sotobosque de helechos. Un corzo que estaba bebiendo, sobresaltado por nuestra presencia, abandona precipitadamente el cauce y cruza el camino brincando ágilmente para perderse entre los pinos.

 
El rumor del agua acompaña nuestros pasos.

 
Cualquier charco o regajo está congelado. Sentimos el frío con mucha intensidad ¡Llevamos toda la ropa puesta y nada sobra!

 
Pasamos junto a varias chorreras o pequeñas cascadas. La helada se deja notar en todas partes.

 
 
 
 
La cencellada embellece el entorno blanqueando la vegetación

 
 
 
No hay nieve, pero el efecto es casi como si la hubiera.

 
 
 
 
Empezamos a escuchar voces por arriba, señal de que el Camino Schmidt está próximo.

Camino Schmidt
Lo que hasta ahora ha sido un solitario transitar, tan pronto accedemos al Camino, se torna en un frecuente cruzarnos con otras personas que lo recorren en ambos sentidos, todos igualmente ateridos.

Rápidamente alcanzamos el Puerto de Navacerrada, punto más alto de la ruta de hoy y lugar donde el viento azota fuerte, por lo que vamos rápidamente a buscar el inicio de la senda de bajada. Para ello debemos cruzar la M-601 y tomar el emboque de una trocha junto a una próxima torre eléctrica, iniciando el pronunciado descenso hacia el Camino de la Sotela que, unos 200m más abajo discurre en paralelo al Arroyo de las Pintadas ¿Quién, desde la transitada carretera, intuiría esta vereda?

Una vez al amparo del bosque aprovechamos que el viento ya no se siente tanto para tomar un bocado, que aún queda recorrido.

A medida que bajamos por la empinada senda lanzamos esporádicas miradas hacia la cencellada que se ha quedado en cotas más elevadas, e instintivamente nos abrigamos más si cabe.

 
La pendiente disminuye, el sendero se aplana notablemente y a los 1.450m de altitud alcanzamos el Puente de las Pintadas; tras pasarlo enfilamos hacia el Camino Viejo del Paular.

Puente de las Pintadas
El agua fluye bajo el Puente
A los pocos metros cruzamos el Arroyo del Puerto del Paular y seguidamente el Camino Viejo. A estas alturas ya hemos perdido la cuenta de los cursos de agua que hemos debido cruzar o vadear durante la jornada, tal es la abundancia de los mismos.

Arroyo del Puerto del Paular
Finalmente, y siguiendo unas marcas amarillas sobre los troncos de los pinos, entroncamos con la Vereda de la Canaleja.

Llegando a la Vereda de la Canaleja
Emboscado entre el arbolado un caballo nos sigue atentamente con la mirada.

 
El trayecto va tocando a su fin. Un par de abetos parecen pequeños en comparación con los altos pinos entre los que se encuentran.

 
Completamos finalmente la circular llegando de vuelta a la Fuente de la Canaleja, junto al Puente de la Cantina, tras haber completado un circuito de 15km de longitud, habiendo salvado un desnivel total en ascenso de 790m de D+, por el solitario y bello entorno del bosque de Valsaín, en el que tan sólo encontramos gente en la zona del Puerto de Navacerrada.

Fuente de la Canaleja
Quedan los altos pinos en el frío y bajo la bruma a la espera de las nevadas que, quizá, en algún momento de este invierno llegarán a cubrir de blanco manto árboles y entorno, propiciando, tal vez, el próximo deambular con raquetas y esquíes.

domingo, 15 de enero de 2017

El Pinsapar de Orcajo. Una reliquia de los bosques de coníferas.


Pinsapos en Orcajo
Cerca de Orcajo (pequeño pueblo de la comarca de Daroca), en la ladera Norte de la Sierra de Santa Cruz, hay una mancha boscosa, dentro del pinar predominante, compuesta por Pinsapos. El pinsapo (Abies pinsapo) es una especie de abeto, perteneciente a la familia Pinaceae y de distribución restringida a sierras mediterráneas del sur de la Península Ibérica y el Rif marroquí. Es pues una rareza en esta latitud, que Eduardo y yo decidimos visitar en una mañana de frío enero en detrimento de destinos de mayor envergadura.

Zona ésta de las proximidades de Daroca donde los entornos singulares son frecuentes: laguna de Gallocanta, ríoPiedra, etc.

Son pasadas las 9 de la mañana cuando empezamos a caminar tras haber dejado el coche en la Plaza Mayor de Orcajo, junto al Palacio de los Valenzuela. Nuestras rápidas zancadas, acuciados por el frío, apenas son perceptibles en el silencio de las solitarias calles.

Salimos a campo abierto y en las afueras del pueblo, junto a un cruce, damos con el Peirón de la Pilarica.

Peirón de la Pilarica (foto tomada al atardecer). Al fondo, la Sierra de Santa Cruz
Tomamos el camino de la derecha, sentido de la marcha que, para nuestro pesar, discurre a la sombra entre encinas, vides y almendros, con campos de cereal en rastrojo, helados y blanqueados por la helada que muerde y de qué manera (-6ºC). Por el camino de la izquierda volveremos más tarde.

Al otro lado del campo hay un antiguo colmenar a punto de ser tocado por el sol.

Antiguo colmenar
Ateridos, continuamos descendiendo hacia la fuente del pueblo. Lugar de merendero en el que a esta hora suelo y bancos permanecen recubiertos de la pátina helada que ha dejado la rosada. El agua retenida en el aljibe de la fuente está recia y literalmente congelada.

Fuente / merendero. Orcajo visible en la distancia.
Por fin, siguiendo el trazado de la pista (coincidente con el PR-Z 60; marcas blancas y amarillas), entramos en terreno soleado.
 
 
Abrimos algunas de las almendras caídas que encontramos bajo los árboles, para saborearlas al tiempo que nos reconfortamos en la tibia calidez.

 
Atrás va quedando Orcajo.
 
Orcajo
Mientras continuamos la marcha que, pasando junto a  varios corrales y parideras abandonados, se encamina hacia la ermita de San Nicolás.

 
Algún ejemplar aislado de pinsapo junto a la pista indica que no lejos está el objetivo de hoy.
 
Abies pinsapo
 
Aunque de momento postergamos su visita y seguimos hacia la ermita, pasando de largo los mojones que, enfrente mismo de unos corrales en ruinas, marcan el arranque de la trocha hacia el pinsapar que, desde la distancia, ni siquiera se adivina entre los visibles pinos. Algunas marcas verdes y desvaídas en las piedras completan la indicación del mojón.

El frío sigue siendo intenso. Todo lo que está húmedo y a la sombra se encuentra bajo los efectos de la cencellada.

Cencellada manifiesta
En la ermita de San Nicolás, a la que hemos decidido acercarnos aunque nos separamos algo de la circular que nos llevará luego por el pinsapar, y en el carasol de su fachada Sur, comemos algo antes de ascender a lo alto de la Sierra de Santa Cruz.

Ermita de San Nicolás
Reanudamos la marcha, retrocedemos unos metros hasta encontrar una pista de subida a la Sierra. Una vez en lo alto del cordal recorremos la loma de Oeste a Este.  La ladera Norte de la Sierra, pendiente y cubierta de pinar, contrasta con la Sur y con la loma cimera, donde la vegetación es baja, de tomillos y aliagas fundamentalmente, con alguna que otra encina.

Sobre la Sierra de Santa Cruz. Izq.: el bosque de su cara N. Al frente, la loma cimera.
En la distancia, hacia el Sur y a continuación de los campos de cultivo, se divisa la tenue línea azulada que marca la posición de la Laguna de Gallocanta.

Mirada al S desde el cordal de la Sierra. Tras los campos de cultivo, la laguna de Gallocanta.
Alcanzamos finalmente uno de los puntos altos de la Sierra de Santa Cruz, el Mojón Blanco (1.300m). A partir de él desaparece el bosque de la ladera Norte. Todo lo que sigue es monte bajo y rocas.

Desde esta elevación optamos ya por descender "pinar a través" en busca de la pista que, a la altitud de 1.050m – 1.150m, recorre toda la cara Norte de la Sierra.

Llegados a la pista enfilamos de nuevo hacia el Oeste, a buscar el acceso al pinsapar. Desandamos así lo recorrido por la loma cimera, hasta llegar a los corrales en ruinas, cruce desde donde arranca la trocha indicada con mojones.


Embocadura del acceso al pinsapar
Guiados por los hitos encaramos el pinar dentro del cual esperamos encontrar los pinsapos localizados en una franja entre los 1.150m y 1.200m de altitud.

Están disimulados, es el pino lo que predomina. Al principio sólo hay pinsapos aislados y pequeños.

Algún pinsapo empieza a verse entre los pinos
Su tamaño y concentración aumentan a medida que nos adentramos en el bosque. Ahora sí estamos en el pinsapar.

Ejemplares de pinsapo, cada vez más numerosos.
 
 
Cuanto más uno se interna, más grandes son los pinsapos que se encuentra. La zona de pinsapar se sitúa en la ladera Norte, en el entorno de los 1.200m de altitud, y ocupa una franja de unos 50 metros. No hay una ruta determinada, hay que adentrarse en el bosque y deambular por él.

Pinsapos muy desarrollados
 
 
Donde el boscaje impide el paso, retrocedemos y buscamos otro camino. De esta forma nos hallamos inmersos entre unos árboles elegantes, piramidales, cuya altura estimamos de hasta 20m o 25m.

Tienen las hojas gruesas, rígidas y punzantes, de color verde oscuro. Todo en ellas pone de manifiesto la resistencia de éste abeto a la sequía.

 
La lisa superficie de sus piñas, grandes y cilíndricas, situadas en la parte superior de la copa, indica que ya están maduras.

 
Tras varias idas y venidas salimos del pinsapar y retornamos  junto a los corrales en ruinas. Para volver a Orcajo y completar la circular, optamos por desandar / des-correr la pista por la que hemos venido, al pie de la loma cimera.

Durante el trayecto pasamos junto a un gran depósito de agua cuya superficie, a pesar de estar recibiendo los rayos del sol desde hace varias horas, continúa totalmente helada.

 
Correr es una buena forma de combatir el frío que vuelve a adueñarse de la umbría por la que transitamos. El buen trazado y piso uniforme de la pista, con suaves toboganes, nos permite correr en paralelo, modalidad que induce a ir pensando que el surco por el que transita el compañero está siempre en mejores condiciones que el propio, concentrándose en éste los guijarros, los charcos helados y alguna que otra raicilla traicionera, mientras el del otro lado se presenta liso y uniforme. Da lo mismo optar por uno u otro, porque la impresión es siempre la misma.  

Finalmente la senda se enfila directamente hacia Orcajo y desciende francamente dejando atrás el pinar, a la par que desaparecen como por ensalmo los pensamientos anteriores, ya que la fuerte pendiente obliga a concentrarse bien en dónde se apoyan los pies.

La luna se hace visible sobre los muros deteriorados de una antigua edificación rodeada de almendros deshojados; todo (s) sometido (s) a la nueva helada que se avecina, de la que nosotros tratamos de alejarnos velozmente. 

 
Llegamos de nuevo al Peirón de la Pilarica, completando una circular de algo más de 18km de longitud, habiendo salvado un desnivel total en ascenso de 725m de D+, que nos ha permitido visitar el Pinsapar de Orcajo, una reliquia de los bosques de coníferas terciarios en los campos de Daroca.