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sábado, 30 de marzo de 2019

Los cerezos del Valle del Jerte. Albada de primavera.



Las albadas se entonan por la mañana, para animar a las gentes a comenzar la jornada.


Esta es una albada de primavera, entonada acercándonos de veras para percibir cada detalle.


Es delicadeza balanceada por el viento.


Insinúense los recatados.



Asomen sin tapujos los más osados.


Que ya ha llegado la hora de mostrarse sin reparo,


Dejando atrás los pretextos del invierno.


Siga luego el fruto el camino emprendido por  el atrevimiento de las flores.


Sea ésta albada un cántico a los detalles, para que no pasen desapercibidos en el fogonazo que  pronto se habrá esfumado.

domingo, 23 de diciembre de 2018

Los cisnes del estanque y sus polluelos. A way to say goodbye to 2018 and welcome 2019




Varios meses después, solo en el apeadero, mientras contemplo al tren que se aleja, me viene a la mente aquella jornada de finales de abril cuando, junto al estanque, tuve la fortuna de ver cómo el cisne hembra incubaba los huevos en su nido bajo la atenta vigilancia del macho que controlaba los alrededores.


“Si dentro de un mes  o mes y medio vuelvo por el lugar seguramente podré ver entonces a los pichones, celosamente cuidados por los dos padres”, me había dicho a mí mismo.  Lamentablemente he tardado más de lo previsto en volver; cinco meses casi.

Miro el reloj, constato que aún tengo tiempo; la evocación me impulsa a hacer una rápida visita al estanque.


Voy directo, no puedo entretenerme demasiado. 

En un rincón retirado encuentro a la familia al completo. 






Los dos adultos, macho y hembra, ambos con plumaje blanco, los cisnes pequeños presentan en cambio una coloración marrón grisácea.




Contemplo sus cuerpos exuberantes, con un cuello largo y flexible que les permite tomar fácilmente alimentos bajo el agua, lugar donde pasan la mayor parte del tiempo alimentándose: peces, ranas, insectos acuáticos y mucha vegetación acuática.



Un rápido cálculo mental, y la constatación de que los polluelos claramente ya pueden valerse por sí mismos, me llevan a estimar su edad en torno a los cuatro o cinco meses.



Todavía tardarán unos ocho meses en verse totalmente blancos ¡Para la próxima primavera!


Atrás quedó el momento, y me lo perdí, en el que, tras salir la camada, el macho los condujo al agua para recibir la primera lección de vida acuática. Ahora ya se valen por sí mismos y sus padres se han desentendido de ellos.


Será a partir de los tres años cuando logren conectar con alguna pareja para instalarse en un nuevo espacio y comenzar su apareamiento, manteniéndose fieles el uno al otro toda la vida (unos doce años) o hasta que la muerte los separe.




Es éste el ciclo de la vida del cisne, ave poseedora de un vuelo poderoso que sólo ocasionalmente pone en práctica.







domingo, 6 de mayo de 2018

Los cisnes del estanque.



He leído en algún sitio que la vida empezó en un charco caliente tras una lluvia de meteoritos.

La clave de los primeros pasos de la vida fue la aparición del ARN, un material genético compuesto por nucleótidos que se formó, según los autores, gracias a los ciclos de secado y humedecimiento en los estanques.

No suelo yo visitar muchos estanques, ni siquiera me habían llamado la atención con anterioridad, pero las circunstancias me han llevado a tener uno cerca, o más bien a ponerme al lado de uno, con cierta regularidad últimamente.

Lo examino con la sorpresa de quien no está habituado. Encuentro una atracción en rodearlo, no es demasiado grande, que me resulta extraña. Sus rincones y habitantes, forzosamente circunscritos al limitado enclave, presentan aspectos diferentes en función del punto desde el que los contemplo. Y todo ello me agrada. Me sorprende contemplar cómo estas criaturas siguen con sus vidas, ajenas a los que caminamos por el perímetro.

Los cisnes me llaman particularmente la atención; quizás porque no son las aves que habitualmente encuentro cuando me interno en la naturaleza.

A pesar de su espléndida figura sé que son cisnes vulgar​es, también llamados cisnes mudos o cisnes blancos.

En la pasada ocasión ya me quedé embelesado viendo el pausado y suave deslizar de la pareja sobre las aguas. Todavía era invierno entonces, y el día corto.

¿Qué comerán? Pensé durante aquel primer encuentro. Luego me enteré de que su alimento consiste en plantas acuáticas que obtienen del fondo del estanque, complementando su dieta con insectos, ranas, etc., no desaprovechando alguna que otra semilla cuando, en primavera, visitan campos sembrados de los alrededores. Y sí, hay unos cuantos en las proximidades.

Algo bajo la superficie del agua atrae su mirada
 
Y sin más dilación va a por ello
 
Tantas veces como sea necesario

Ahora ya es primavera, acaba de comenzar. Ha pasado poco más de un mes desde la ocasión anterior. El día ha alargado y en consecuencia tengo tiempo de visitar a la pareja antes de que se haga de noche. Mañana no podré hacerlo.

Circunvalo el estanque escudriñándolo. Los busco pero no los veo.

Los colores son vivos bajo la luz del sol poniente. Las hojas recién salidas lucen en los árboles.
 
Tilo con la flor ya apuntando
El entorno del estanque está espléndido.



Algo llama mi atención. El sol me deslumbra pero allí, junto a la orilla,  creo haber descubierto a la hembra que está,……, sí, posada sobre su gran nido hecho de hierbas y ramas.

Aplico el zoom y ya no hay duda.

Mientras centro mi atención en la escena, contento por ser testigo de ello, la garza y el pato se muestran indiferentes al cisne y a su incubación.

La hembra, sobre el gran nido, incubando los huevos
Trato de acercarme algo más para, sin importunarla, observar con más claridad. En ello estoy cuando por la derecha oigo algo parecido a un siseo o bufido que me suena agresivo. Detengo el avance, miro alrededor y descubro al macho que, desde la proximidad, me advierte de que estoy a punto de traspasar la línea de seguridad. Entiendo de qué va la cosa y me detengo.

El macho avisa con un bufido de que no soy bien recibido
Los cisnes pueden ser muy agresivos en la defensa de sus nidos. La mayoría de las maniobras defensivas comienzan con un fuerte silbido y, si esto no es suficiente para expulsar al intruso, son seguidas por un ataque físico utilizando las espuelas óseas de sus alas, acompañado de mordeduras con el pico.

Doy por satisfecha mi curiosidad y, sonriente por el inesperado encuentro, retorno lentamente sobre mis pasos, lo cual nos relaja a todos.

Si dentro de un mes  o mes y medio vuelvo por el lugar seguramente podré ver entonces a los pichones, celosamente cuidados por los dos padres. 

Mientras tanto el sol casi se ha puesto del todo. El estanque va quedando en sombra. Me retiro lentamente.
 
 

viernes, 6 de abril de 2018

El bosque urbano, un lugar para conectar con la naturaleza.


Supongo que la cancelación de mi vuelo de retorno, obligándome a permanecer en este hotel de las afueras casi dos días más de lo previsto, ha sido la causa de que  esta noche no haya dormido bien.

El hecho de que sea un día festivo no impide que me despierte tan temprano como es habitual. Encuentro el comedor prácticamente vacío cuando acudo a desayunar.

Sin nada concreto que hacer hasta la tarde, cuando llegue el momento de tomar un vuelo de última hora que sí volará, salgo a sentir el aire fresco y a desconectar. Fuera me encuentro mejor.

Contemplando la naturaleza siento su pálpito y me integro en ella. Es afortunado quien puede percibir sus sonidos y sus silencios sin perturbarlos.

Si bien lo que me ha llamado la atención desde la distancia son los altos árboles colonizados por las bolas de muérdago (“mistel” se dice por estas tierras alemanas), me detengo unos instantes a contemplar el estanque que hay junto al hotel.

Diversas variedades de ánades aprovechan los lánguidos rayos de un sol inusual por estas latitudes en los últimos días del invierno.

Una pareja de cisnes contribuye a iluminar el escenario mostrando el “anverso” y el “reverso” de su elegante figura.

Anverso y reverso. La cara oculta de la elegancia.
 
Continúo mi paseo aguas arriba de un pequeño arroyo del que se alimenta el estanque y que pasa junto a un antiguo molino, hoy ya en desuso.

Tras cruzar un puente me adentro en una amplia zona boscosa atravesada por el susodicho arroyo.

 
Primeramente transito entre robles, todavía esperando la aparición de las hojas, que aún tardarán; los enhiestos álamos completan el panorama.
 
 
 
Me encuentro, finalmente, en el territorio del muérdago (“viscum álbum”), a donde quería llegar. Siempre me he sentido interesado por él y aquí lo hay en abundancia.

Las bolas de muérdago resaltan sobre las desnudas ramas
El muérdago es una planta singular, “semi parásita”, que sí puede realizar la fotosíntesis (su color verde amarillento manifiesta una baja concentración de clorofila), pero que, al carecer de raíces, depende completamente de un huésped vegetal para la obtención del agua y las sales minerales que necesita para completar su ciclo metabólico.

 
Normalmente se sitúa sobre ramas de árboles de gran porte y de hoja caduca, como robles, álamos, arces o castaños, en los cuales inserta un chupón u órgano succionador que se ramifica entre la corteza y la madera, a través del cual se ancla y obtiene sus necesidades. En otras zonas también coloniza los pinos.

Aunque no lo aparente, con ese color apagado y poco llamativo y tan alejado de nuestro alcance, el muérdago ha sido ampliamente utilizado como planta medicinal. Ya los antiguos curanderos celtas conocían sus propiedades medicinales y lo empleaban en ritos de fecundidad.

Durante el paseo la mirada topa de vez en cuando con elementos propios de la metrópolis, que disturban un tanto. Al fin y al cabo se trata de un bosque urbano.

Pinceladas de metrópoli recuerdan que el bosque está en territorio "urbano"
 
Pero inmediatamente la vista continúa recorriendo las orillas del arroyo, cuyo curso de agua fluye ajeno al entorno que atraviesa. Los árboles todavía “quietos” aún están a la espera del estímulo de la primavera; el sotobosque, en cambio, ha comenzado a revivir.
 
 
 
El tiempo ha transcurrido; ya queda menos para acudir al vuelo que me llevará de retorno a casa, pero aún dispongo de un rato para continuar integrado, junto al banco y los desnudos robles, en este bosque que me ha proporcionado energía para continuar con mi camino.