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lunes, 19 de marzo de 2018

El Centenillo, antiguo pueblo minero en pleno corazón de Sierra Morena.


Perteneciente al “Jaén escondido”, se encuentra a 17 kilómetros de La Carolina. Acceder a él supone adentrarse en lo recóndito de Sierra Morena.

En el siglo II a. de C, y hasta la caída del Imperio romano, las minas de El Centenillo ya proporcionaban plomo y plata, ésta en menor medida.

A finales del siglo XIX los ingleses hicieron nuevas prospecciones y reanudaron las antiguas labores extractoras en la zona. Construyeron un pueblo minero a semejanza de los que había en la campiña inglesa.

Vivió su máximo esplendor durante la segunda mitad del siglo XX. El auge de la actividad minera en la zona hizo que alcanzase los 2.700 habitantes y llegase a contar con todo tipo de servicios: escuelas, biblioteca, cine, hospital, farmacia, mercado de abastos, casino, etc., si bien hoy día su censo de población habitual no sobrepasa las cuarenta personas. La forma de vida actual resulta bastante natural.

En 1964 se clausuraron las minas después de 100 años de actividad; en total se extrajeron unas 800.000 toneladas de plomo. La empresa concesionaria desmontó la totalidad de la maquinaria y solo quedaron en pie los edificios como testigos mudos a través del tiempo.

 
 Sobre la fachada de lo que antiguamente fue la botica, en la desierta plaza de la iglesia, se encuentra una placa “in memoriam” del practicante, atestiguando el agradecimiento al mismo de la población.  

El título de practicante nació en 1888, y es lo que actualmente conocemos como enfermero. En un principio era una profesión asociada a los hombres, y las principales tareas de los mismos eran poner inyecciones a domicilio si bien, en los lugares aislados, sus servicios incluían entre otros tratamientos: las curas de heridas, quemaduras y úlceras, así como la retirada de puntos de sutura, etc. El practicante, junto con el boticario, suplía la falta de un médico permanente.

Ahora, varios decenios después del cierre, las minas de plomo del Centenillo son tan sólo un recuerdo, como lo atestiguan los restos de las construcciones que todavía quedan en pie y que, parcialmente engullidas por la vegetación y el paisaje, transmiten un cierto halo de melancolía.

 
Sobreviene cierta pesadumbre cuando nuestra mirada atraviesa pórticos y ventanales de lugares, hoy enmudecidos, que otrora estuvieron llenos de bullicio.

 
 
 
 
Es entonces cuando toca sacudir la nostalgia, alzar la vista y sin ambages  contemplar el extenso panorama desde este mismo lugar, inmerso en una zona de media montaña, rodeado de especies mediterráneas y coníferas de repoblación, que constituye un auténtico atractivo para los amantes de la naturaleza.

 
 
Son reseñables los conjuntos naturales que componen los pinos, alcornoques y eucaliptus que pueblan el paraje. 

 
 
 
Se puede continuar con la inmersión a fondo en la naturaleza dejando atrás el Centenillo y adentrarse por una muy deteriorada carretera, a tramos pista, en el Parque Natural Sierra de Andújar, para recorrerlo en su integridad hasta enlazar con el "ilusoriamente" cercano Puertollano (¡Tan sólo 90km!).
 
El largo itinerario atraviesa extensísimas dehesas donde los ciervos se cuentan por centenares. Ejemplares con los que uno cruza la mirada a escasos dos o tres metros de distancia.  Es recomendable no perderse esta experiencia, si bien hay que abordarla con horas de luz por delante.