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| Desde los dominios del cantueso, en la Sierra del Rincón, se divisa el Ocejón, al fondo |
La Sierra del Rincón es un
sistema montañoso que se encuentra entre las de Guadarrama y de Ayllón. Hay que destacar sus abundantes
formaciones boscosas de roble melojo, sus pinares de pino silvestre, sus bosques
de ribera muy bien conservados y el Hayedo de Montejo de la Sierra, el único
hayedo de la Comunidad de Madrid, junto con diferentes formaciones de
matorrales entre las que destacan el cantueso y el brezo.
Ocupa cinco municipios: La
Hiruela, Horcajuelo de la Sierra, Montejo de la Sierra, Prádena del Rincón y
Puebla de la Sierra, que se encuentran encajados en los fondos de los valles
entre los abruptos relieves de la Sierra. La despoblación que sufrió durante
muchos años hace de ella una de las "joyas" menos conocidas y más sorprendentes de
estos sistemas montañosos.
El propósito del recorrido de hoy
es visitar las partes altas, recorrer las extensas zonas tapizadas de cantueso
y brezo en flor, e internarnos en los robledales centenarios, todo ello en una
circular de 15.5km de longitud, salvando un desnivel en ascenso de 825m de D+,
con origen y llegada en la pequeña población de la Hiruela.
En síntesis, el itinerario es el siguiente:
La Hiruela (1.300m) – Puerto de
la Hiruela (1.480m) – Cerro Salinero (1.661m) – Collado del Salinero (1.575m) –
Alto del Porrejón (1.824m) – Cuerda de la Astilla – Arroyo de las Huelgas
(1.200m) – Arroyo de los Asperones (1.150m) – Collado Llovero (1.250m) –
Collado del Espino – Vallejondo – La Hiruela.
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| Circular realizada |
Son las 9h cuando iniciamos la
marcha en la Hiruela en dirección al Puerto, claramente visible. Al principio
la senda es buena y se sigue fácilmente en un entorno fresco y colorido, si
bien al final se pierde y nos vemos obligados a buscar la mejor salida hacia la
carretera a través de altas jaras y alguna que otra zarza.
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| Visible en lontananza el Puerto de la Hiruela |
Las formaciones de pizarra en el
Puerto le confieren un aspecto particularmente atractivo.
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| Pizarras características en el Puerto de la Hiruela |
Emprendemos loma arriba en
dirección al Cerro Salinero. Los cantuesos embellecen notablemente el
recorrido. Tenemos el aire de cara así que pasamos con prevención y cuidado
pero sin problemas junto al primero de los dos colmenares que encontraremos hoy
¡No nos olieron las abejas!
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| Hacia el Cerro Salinero, en el centro de la imagen. |
La ladera, cubierta en su mayor
parte por un extenso tapiz de aromático cantueso, resulta fascinante. El camino
no presenta duda alguna y la placidez del ambiente nos hace caminar en total
armonía.
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| Camino hacia el Collado del Salinero, tras el cual se ve el Alto del Porrejón (a la dcha.) |
Alcanzamos el Collado del
Salinero y emprendemos la subida al Alto del Porrejón. Aquí es el brezo el
arbusto que predomina.
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| Collado del Salinero, al pie del Alto del Porrejón, que aparece detrás |
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| Hacia la cima del Alto del Porrejón |
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| Por ladera cubierta de brezo en flor |
Paramos poco en la cima, más bien
huimos de ella acuciados por la gran cantidad de insectos que, cual nube, se
nos echa encima.
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| Cima del Alto del Porrejón. Lugar ocupado por los insectos |
Suerte que una vez descendidos
apenas diez metros ellos se quedan arriba y nosotros emprendemos el paseo
Cuerda de la Astilla abajo, por el lomo de la misma, inmersos en los
bienolientes efluvios del cantueso.
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| Lugar en plena Cuerda de la Astilla donde uno se quedaría largo rato |
A los 1.500m de altitud una pista
atraviesa la loma haciendo una curva abrupta. Nuestra ruta la cruza y
continúa cuerda abajo hasta entroncar con el Arroyo de las Huelgas, a 1.200m de
altitud.
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| La Cuerda de la Astilla ¡Cuidado con colmenar que hay al final de la misma! |
Justo tras atravesar dicha pista
hay un gran colmenar que se ve desde la distancia. Hemos de pasar junto a él
sin más remedio. Así que ponderamos la situación:
a) Las
abejas defienden su colmena atacando si se sienten amenazadas. No
pretendemos amenazarlas en absoluto J
b) Las
abejas sólo permiten la entrada a la colmena a los miembros de su colonia, que
reconocen por el olor corporal; los demás individuos no son bienvenidos y son
repelidos con un feroz ataque. Tenemos el aire a favor, por lo tanto ahora sí
nos olerán desde la distancia L
c) En
el momento en que pican, las abejas obreras pierden su aguijón, que se
desprende con parte del intestino, ocasionándoles la muerte. Este punto no
aporta especial valor al análisis.
Por lo tanto decidimos:
1. Cerrar
todas las cremalleras de nuestra vestimenta para dejar la mínima parte del
cuerpo expuesta.
2. No
abrir la boca bajo ninguna circunstancia.
3. Calarnos
el gorro, y
4. Con
decisión y entereza pasar a la máxima distancia posible de la colmena, la
ladera permite unos cinco metros de separación, con el mayor disimulo y calma
posibles, separados unos cuatro metros entre nosotros.
La realidad es que, cuando ya
habíamos superado los dos tercios de la longitud de la colmena, el que iba
primero (yo) fui atacado por unas cinco o seis que se centraron en la única
parte descubierta, la cara. Los manotazos y el paso vivo para alejarme no
evitaron que una de ellas me dejase su aguijón bien clavado en la nariz ¡Cómo
duele! Afortunadamente cejaron en su ataque cuando ya había superado la línea
de las colmenas; además sólo se fijaron en mí dejando al segundo tranquilo.
Con el ánimo ya recompuesto,
hecha la valoración de daños, arrancado el aguijón y contrastada la suerte que
habíamos tenido, continuamos descendiendo rápidamente hasta llegar al arroyo.
El dolor del picotazo se mantuvo durante unos veinte minutos, hasta que se
amortiguó notablemente.
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| Arroyo de las Huelgas |
Cruzamos el Arroyo de las Huelgas
y seguimos su curso aguas abajo durante un kilómetro y medio, encajonados entre
las empinadas laderas cubiertas de jaras que conforman los parajes de los
Camachos y los Quiñones, respectivamente. El calor se deja notar mientras nos
movemos por las selváticas márgenes del arroyo, que vadeamos varias veces
buscando la orilla más transitable.
No sin dificultades, por lo
montaraz del recorrido y la falta de senda, alcanzamos el “morro” de los
Quiñones y un arroyo que vierte en el de las Huelgas, y que seguimos ahora aguas arriba porque
nos encamina de vuelta hacia la Hiruela.
Al principio la senda se ve clara
y se adentra en un robledal cuya sombra agradecemos de veras como protección de
la inmisericorde solanera.
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| La senda se adentra en le robledal, enfilándose hacia la Hiruela |
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| Se agradece caminar bajo el amparo de la sombra |
A medida que avanzamos por la
trocha ésta se aproxima al cauce y, cuando resulta impracticable continuar
aguas arriba, decidimos vadear el arroyo (a los 1.200m de altitud) para, tras
varias idas y venidas y titubeos en la otra orilla, optar por “el todo tieso y
ladera arriba” al encuentro de una pista que sabemos por el mapa que discurre a
los 1.280m.
Esto nos brinda la oportunidad de
deambular por el interior de un bosque de robles centenarios que difícilmente
hubiéramos visto de haber habido una senda al uso.
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| Ejemplares de robles centenarios en lo profundo del bosque |
Una vez en la pista seguimos su
cómodo trazado, a la sombra de los árboles, perfectamente encaminados ya hacia
la Hiruela.
A medida que nos aproximamos a la
población empezamos a encontrar los signos precursores de la misma.
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| Señales inequívocas de que la Hiruela no está muy lejos |
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| Carbonera primitiva |
Tras llegar y cruzar la carretera
que circunvala el pequeño pueblo, remontamos hacia la Hiruela por la Senda de
los Oficios, terreno sombreado y apacible que nos permite completar una bella
circular.
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| Accediendo a la Hiruela por la Senda de los Oficios |
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| Flanqueada por primitivos bancos donde reposar |
Recorrido sorprendente que
atraviesa parajes bien diferenciados y todos ellos muy hermosos: extensas zonas
perfumadas y tintadas por el cantueso, que crece allí donde la encina y el
roble han sido desalojados por el hacha; empinadas laderas blanqueadas por los
brezos en flor; primigenias márgenes de arroyos escondidos y densos robledales
que albergan numerosos ejemplares centenarios.
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| El Pico del Lobo, el más alto del lugar |