domingo, 8 de julio de 2018

La Sierra del Rincón desde la Hiruela. Naturaleza admirable, donde cada primavera los colores y los aromas inundan los sentidos.

Desde los dominios del cantueso, en la Sierra del Rincón, se divisa el Ocejón, al fondo
La Sierra del Rincón es un sistema montañoso que se encuentra entre las de Guadarrama y de Ayllón. Hay que destacar sus abundantes formaciones boscosas de roble melojo, sus pinares de pino silvestre, sus bosques de ribera muy bien conservados y el Hayedo de Montejo de la Sierra, el único hayedo de la Comunidad de Madrid, junto con diferentes formaciones de matorrales entre las que destacan el cantueso y el brezo.

Ocupa cinco municipios: La Hiruela, Horcajuelo de la Sierra, Montejo de la Sierra, Prádena del Rincón y Puebla de la Sierra, que se encuentran encajados en los fondos de los valles entre los abruptos relieves de la Sierra. La despoblación que sufrió durante muchos años hace de ella una de las "joyas" menos conocidas y más sorprendentes de estos sistemas montañosos.

El propósito del recorrido de hoy es visitar las partes altas, recorrer las extensas zonas tapizadas de cantueso y brezo en flor, e internarnos en los robledales centenarios, todo ello en una circular de 15.5km de longitud, salvando un desnivel en ascenso de 825m de D+, con origen y llegada en la pequeña población de la Hiruela.

En síntesis, el itinerario es el siguiente:

La Hiruela (1.300m) – Puerto de la Hiruela (1.480m) – Cerro Salinero (1.661m) – Collado del Salinero (1.575m) – Alto del Porrejón (1.824m) – Cuerda de la Astilla – Arroyo de las Huelgas (1.200m) – Arroyo de los Asperones (1.150m) – Collado Llovero (1.250m) – Collado del Espino – Vallejondo – La Hiruela.

Circular realizada
Son las 9h cuando iniciamos la marcha en la Hiruela en dirección al Puerto, claramente visible. Al principio la senda es buena y se sigue fácilmente en un entorno fresco y colorido, si bien al final se pierde y nos vemos obligados a buscar la mejor salida hacia la carretera a través de altas jaras y alguna que otra zarza.

Visible en lontananza el Puerto de la Hiruela
Las formaciones de pizarra en el Puerto le confieren un aspecto particularmente atractivo. 

Pizarras características en el Puerto de la Hiruela
Emprendemos loma arriba en dirección al Cerro Salinero. Los cantuesos embellecen notablemente el recorrido. Tenemos el aire de cara así que pasamos con prevención y cuidado pero sin problemas junto al primero de los dos colmenares que encontraremos hoy ¡No nos olieron las abejas!

Hacia el Cerro Salinero, en el centro de la imagen.
La ladera, cubierta en su mayor parte por un extenso tapiz de aromático cantueso, resulta fascinante. El camino no presenta duda alguna y la placidez del ambiente nos hace caminar en total armonía. 
Camino hacia el Collado del Salinero, tras el cual se ve el Alto del Porrejón (a la dcha.)
Alcanzamos el Collado del Salinero y emprendemos la subida al Alto del Porrejón. Aquí es el brezo el arbusto que predomina.

Collado del Salinero, al pie del Alto del Porrejón, que aparece detrás
Hacia la cima del Alto del Porrejón
Por ladera cubierta de brezo en flor
Paramos poco en la cima, más bien huimos de ella acuciados por la gran cantidad de insectos que, cual nube, se nos echa encima.

Cima del Alto del Porrejón. Lugar ocupado por los insectos
Suerte que una vez descendidos apenas diez metros ellos se quedan arriba y nosotros emprendemos el paseo Cuerda de la Astilla abajo, por el lomo de la misma, inmersos en los bienolientes efluvios del cantueso.
Lugar en plena Cuerda de la Astilla donde uno se quedaría largo rato
A los 1.500m de altitud una pista atraviesa la loma haciendo una curva abrupta. Nuestra ruta la cruza y continúa cuerda abajo hasta entroncar con el Arroyo de las Huelgas, a 1.200m de altitud.

La Cuerda de la Astilla ¡Cuidado con colmenar que hay al final de la misma!
Justo tras atravesar dicha pista hay un gran colmenar que se ve desde la distancia. Hemos de pasar junto a él sin más remedio. Así que ponderamos la situación:

a)         Las abejas defienden su colmena atacando si se sienten amenazadas. No pretendemos amenazarlas en absoluto  J

b)     Las abejas sólo permiten la entrada a la colmena a los miembros de su colonia, que reconocen por el olor corporal; los demás individuos no son bienvenidos y son repelidos con un feroz ataque. Tenemos el aire a favor, por lo tanto ahora sí nos olerán desde la distancia  L

c)     En el momento en que pican, las abejas obreras pierden su aguijón, que se desprende con parte del intestino, ocasionándoles la muerte. Este punto no aporta especial valor al análisis.

Por lo tanto decidimos:

1.       Cerrar todas las cremalleras de nuestra vestimenta para dejar la mínima parte del cuerpo expuesta.

2.       No abrir la boca bajo ninguna circunstancia.

3.       Calarnos el gorro, y

4.       Con decisión y entereza pasar a la máxima distancia posible de la colmena, la ladera permite unos cinco metros de separación, con el mayor disimulo y calma posibles, separados unos cuatro metros entre nosotros.

La realidad es que, cuando ya habíamos superado los dos tercios de la longitud de la colmena, el que iba primero (yo) fui atacado por unas cinco o seis que se centraron en la única parte descubierta, la cara. Los manotazos y el paso vivo para alejarme no evitaron que una de ellas me dejase su aguijón bien clavado en la nariz ¡Cómo duele! Afortunadamente cejaron en su ataque cuando ya había superado la línea de las colmenas; además sólo se fijaron en mí dejando al segundo tranquilo.

Con el ánimo ya recompuesto, hecha la valoración de daños, arrancado el aguijón y contrastada la suerte que habíamos tenido, continuamos descendiendo rápidamente hasta llegar al arroyo. El dolor del picotazo se mantuvo durante unos veinte minutos, hasta que se amortiguó notablemente.

Arroyo de las Huelgas
Cruzamos el Arroyo de las Huelgas y seguimos su curso aguas abajo durante un kilómetro y medio, encajonados entre las empinadas laderas cubiertas de jaras que conforman los parajes de los Camachos y los Quiñones, respectivamente. El calor se deja notar mientras nos movemos por las selváticas márgenes del arroyo, que vadeamos varias veces buscando la orilla más transitable.

No sin dificultades, por lo montaraz del recorrido y la falta de senda, alcanzamos el “morro” de los Quiñones y un arroyo que vierte en el de las Huelgas, y que seguimos ahora aguas arriba porque nos encamina de vuelta hacia la Hiruela.

Al principio la senda se ve clara y se adentra en un robledal cuya sombra agradecemos de veras como protección de la inmisericorde solanera.

La senda se adentra en le robledal, enfilándose hacia la Hiruela
Se agradece caminar bajo el amparo de la sombra
A medida que avanzamos por la trocha ésta se aproxima al cauce y, cuando resulta impracticable continuar aguas arriba, decidimos vadear el arroyo (a los 1.200m de altitud) para, tras varias idas y venidas y titubeos en la otra orilla, optar por “el todo tieso y ladera arriba” al encuentro de una pista que sabemos por el mapa que discurre a los 1.280m.

Esto nos brinda la oportunidad de deambular por el interior de un bosque de robles centenarios que difícilmente hubiéramos visto de haber habido una senda al uso.

Ejemplares de robles centenarios en lo profundo del bosque
Una vez en la pista seguimos su cómodo trazado, a la sombra de los árboles, perfectamente encaminados ya hacia la Hiruela.

A medida que nos aproximamos a la población empezamos a encontrar los signos precursores de la misma.

Señales inequívocas de que la Hiruela no está muy lejos
Carbonera primitiva
Tras llegar y cruzar la carretera que circunvala el pequeño pueblo, remontamos hacia la Hiruela por la Senda de los Oficios, terreno sombreado y apacible que nos permite completar una bella circular.

Accediendo a la Hiruela por la Senda de los Oficios
Flanqueada por primitivos bancos donde reposar
Recorrido sorprendente que atraviesa parajes bien diferenciados y todos ellos muy hermosos: extensas zonas perfumadas y tintadas por el cantueso, que crece allí donde la encina y el roble han sido desalojados por el hacha; empinadas laderas blanqueadas por los brezos en flor; primigenias márgenes de arroyos escondidos y densos robledales que albergan numerosos ejemplares centenarios.
El Pico del Lobo, el más alto del lugar

8 comentarios:

  1. Ufffffffffffffffff... hoje você me deixou praticamente sem palavras e quase sem fôlego, e de certa forma nostálgica... Sierra del Rincón é muito conhecida minha... já estive por estes lados 2 vezes em momentos únicos da minha vida... obrigada por me recordar tanta beleza e quietude...
    (esse cenário púrpuro de beleza sem igual não tive o privilégio de vivenciar...)
    Um beijo

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    1. “El espectáculo de lo bello en cualquier forma en que se presente, levanta la mente a nobles aspiraciones.” (Gustavo Adolfo Bécquer)

      Gracias Teca por la visita y el comentario.

      Un abrazo

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  2. Hola, bonita excursión aunque vaya movida con las abejas. Hay que protegerlas ya que sufren demasiados ataques por los pesticidas y otras especies provenientes de otros lugares, y te has cargado a la que te dejó el aguijón de regalo.... Son los riesgos del campo campero, los bichos pican a los que se acercan demasiado :-)
    Te podías haber acercado a la Peña de la Cabra, un poco más allá del puerto de la Puebla, te quedaba cerca.

    Salud y mucha montaña!!

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    1. Mire vuestra merced, amigo Francisco, que aquella que aquí me atacó no fue mi víctima, sino una kamikaze con poco discernimiento, y lo que a ella le pareció que era una amenaza y por tanto atacable hasta el fin, no fuera sino yo, que inocente de mí ningún mal previsto tenía hacer a la colmena, y ni aún acercarme a ella pensé ni por un instante. Confundiola pues tanto su olfato, que no lo tuvo, como el ardor guerrero que acumulaba en exceso y así vino a parar a entregar su existencia sin provecho alguno.

      Salud y Montaña

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  3. Hola Carmar.

    Claro ha quedado que los aramos y las abejas inundan los sentidos, por lo menos eran abejas y no mastines :), el cantaueso no se si será lo mismo que la lavanda, de la misma familia o nada tienen que ver ...

    Un saludo

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    1. Se conoce como Lavandula stoechas pero es muy conocida como Cantueso. Si nos movemos por pueblos o zonas rurales y tradicionales quizá sea mejor nombrarla como tomillo borriquero (un nombre muy particular).

      Un saludo, Eduardo

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  4. Ya sabes Carlos, la próxima vez una percha llena de abejarucos y podrás pasearte sin temor cerca de las colmenas.
    Has conseguido unas imágenes estupendas. Los cantuesos son una maravilla; que poder de colorido tienen.
    También he estado por esa sierra y es maravillosa. Tengo muchos buenos recuerdos.

    Un abrazo.

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    1. Los eché de menos a los abejarucos, ya lo creo. No había taludes cerca donde buscar su ayuda. La percha, como tú dices, va a ser la solución para la próxima.

      Quedamos fascinados con el espectáculo floral, que estaba en su punto álgido. Es una maravilla de sierra, verdaderamente.

      Un abrazo, Javier

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