jueves, 2 de enero de 2014

Siempre nos queda la zona de Foratata. Para esquiar serenamente en soledad o en buena compañía.

Ya apuntaba borrasca desde el alto de Monrepós, de color rosa por lo temprano de la hora, pero borrasqueando al fin y al cabo.

Alba, Manumar y yo habíamos salido de Zaragoza con la idea de hacer un buen tour de “randonee skiing” (va por ti, Manumar) en Francia, tras cruzar el Portalet, por la zona del Peireguet y pico de la Canal Roya, así que, como la meteo había dicho que a partir de media mañana el anticiclón se impondría, hacía allí que nos fuimos presos de nuestra credulidad y perseverancia.

Llegando a Formigal los tres miramos hacia la Foratata, dentro de lo que cabe en zona de cielo azul claro y desvaído, y decidimos “acercarnos hasta la frontera a ver cómo pinta el tiempo en la otra vertiente del Portalet”. Las nubes lo cubren todo en Francia, la nieve cae en copos menudos y ligeros, así que, sin dudarlo, optamos por el plan B, y retornamos a Formigal. Nuestro objetivo del día es ahora “dar una vuelta” por el hermoso valle de las Ferraturas, en la vertiente Norte de la Foratata.

Todo lo que de escarpada tiene la peña, lo tienen de suave y placenteras sus laderas Oeste y Norte. Esquiarlas es una delicia para los sentidos.

La peña Foratata, desde Formigal.
Largas y suaves palas nevadas se extienden de Sur a Norte, hacia el collado del Forato.


A la derecha, los escarpes de la Peña Foratata, rocosos y abruptos por todas sus caras.

A la izquierda, alguna que otra roca sobresaliendo entre los pinos blanqueados por la ligera y continua nevada que, entre idas y venidas, no nos abandona desde que emprendimos la subida.

En el collado del Forato nos encaminamos hacia “la espalda de la Foratata”. El aire sopla con fuerza, la pendiente se acentúa, la nieve está perfecta, y la que nos va cayendo encima, también.

El sol reaparece, pero enseguida vuelven las nubes. En todo momento los copos bailan ante nuestros ojos.

Las dos cumbres de la Foratata, la Occidental y la Oriental, asoman ya. Comienzan a mostrar su áspera cara Norte.

Mientras nos aproximamos a ellas, alejados de la cornisa, vamos mirando a través de las “balconadas” que el viento ha abierto.


Alcanzamos el punto más elevado al que se puede acceder con esquíes, nos hacemos la foto, 

y nos acercamos al tronco helado y seco que marca “el límite del esquí”, antes de iniciar el descenso.

Con suaves y agradables giros llegamos de nuevo al collado del Forato. Sin dudarlo decidimos continuar bajando hacia el barranco del Arrigal ¿Quién se puede resistir a un poco más de esquiada placentera por terreno solitario y nieve virgen?

En los últimos pinos decidimos detenernos, volver a pegar las pieles, comer algo y reemprender la vuelta y subida al Forato.

La continua nevada, que no nos ha abandonado durante todo el rato, va cobrando cuerpo.

Optamos por subir algo más arriba del collado, buscando alargar lo más posible la última bajada.

Al fondo, la sierra de Partacua, abajo, a la derecha, más próximo, el collado del Forato. 
Y descendemos finalmente hacia Formigal, prestando atención al relieve que, bajo la tenue luz que filtra la bruma, se hace cada vez más difícil de distinguir. Literalmente vamos esquiando “como en una nube”.

¡La sonrisa no nos ha desaparecido del rostro durante todo el recorrido!

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