jueves, 6 de agosto de 2015

Punta de las Olas (3.020m), Soum de Ramond (3.252m) y Pico Baudrimont SE (3.024m). Por la Ordesa más escondida.

La Peña Montañesa desde Ciarracil bajo las primeras luces del día
Acceder al Soum de Ramond pasando previamente por la Punta de las Olas supone adentrarse en la zona recóndita de Ordesa. Aparte de los que siguen el GR11 en su “Ruta de los Perdidos” pocos más son los que se deciden a transitar por estas zonas tan apartadas de los itinerarios convencionales.

Son las 7 de la mañana cuando tomamos el autobús que sale de Nerín (1.281m) y que sube hasta Ciarracils (2.180m).

Alba, Manuel y yo, acompañados por la inquieta Boira, iniciamos la marcha a lo largo de los Miradores. Recorrido a la sombra que circunvala en altura el valle de Ordesa (manteniendo los 2.200m de altitud), alcanzando el Cuello Gordo, primero, para después, discurriendo al pie de la sierra de la Custodia, llegar al Collado Superior de Arrablo o de Góriz.

Durante este tramo, con el sol “colándose” por el collado de Góriz, ya son visibles “Las Tres Sorores” junto con la Punta de las Olas.

A medida que va calentándose el aire se van formando nubes de niebla que van y vienen a su antojo. No obstante el cielo se mantiene más bien limpio.


A la izq. el Cilindro, en el centro el Perdido y a su derecha el Soum de Ramond
En un momento determinado se da vista a la Torre de Góriz o Morrón de Arrablo que se eleva sobre el collado del mismo nombre.

La Torre de Góriz, tras ella, la Punta de las Olas
A partir de ahora tomamos las marcas del GR11. La traza se acerca a la base de la mole del Soum de Ramond. Entramos en un terreno pedregoso y duro, de paredones poderosos y verticales que el sendero sortea pegado a la muralla Sur que conforman los picos del Soum y de las Olas. 

Alcanzados los 2.650 metros de altitud, la senda se torna horizontal y las vistas sobre Añisclo son magníficas. La niebla sigue formándose y ascendiendo a rachas.

El Cañón de Añisclo
En este punto abandonamos el GR11 y, pedrera arriba, nos dirigimos a una pequeña chimenea que corta el paredón bajo el que nos desplazamos y por la que, sin grandes dificultades, accederemos a la parte superior de la misma.

Una vez arriba entramos en zona de glera con mojones marcando la traza que, sin problema alguno, nos permite coronar el primer tresmil de la jornada, la Punta de las Olas (3.020m).

Desde la cima, entre oleada y oleada de vapores neblinosos cada vez menos frecuentes y pasando a más altura, entendemos que la mayor parte de la humedad ya ha terminado de subir, por lo que decidimos seguir hacia el Soum de Ramond aprovechando la circunstancia.

Ordesa desde la Punta de las Olas
El Soum de Ramond desde la Punta de las Olas
Dejamos temporalmente atrás la Punta de las Olas y descendemos hacia el rellano pedregoso que hay entre la Norte del Soum y el Pico Baudrimont SE.

Una vez entre ambos, pasamos de largo la vertical del Soum y accedemos sin problema a su arista Oeste por una empinada pedrera que obliga a resoplar.

La cresta hasta la cima no tiene dificultad técnica alguna. No obstante las fuertes ráfagas de viento, junto con lo aéreo de la misma, hacen que avancemos con precaución.

Estamos solos en la cumbre del Soum de Ramond o Pico de Añisclo contemplando el vecino Monte Perdido. El día se mantiene suficientemente claro, ahora que, al echar la vista hacia el Norte, observamos que las vaporadas de niebla suben con fuerza desde la zona de Pineta ¡Si queremos acceder al Baudrimont hemos de darnos prisa!

El Monte Perdido, desde la cima del Soum de Ramond
Desde la cima del Soum observamos cómo suben las nubes desde Pineta
Dejamos atrás la cima y descendemos la pedrera mucho más alegremente de lo que la habíamos subido. Sin detenernos apenas seguimos hacia el tercer tresmil de la jornada.

Dejamos atrás la cumbre del Soum y nos vamos hacia el Baudrimont
El Pico de Baudrimont es menos fiero de lo que aparenta
Una pequeña trepada con buena adherencia y aquí estamos los cuatro en la cima del Baudrimont SE, a 3.024m de altura.

Desde la cima del Baudrimont SE observamos con cierta preocupación cómo accede la niebla
Las nubes amenazan cada vez con más insistencia así que bajamos rápidamente, y de vuelta hacia el paso obligado por la Punta de las Olas. No quisiéramos que la niebla se cerrara y nos pillara en este terreno.

Descendiendo del Baudrimont
De vuelta hacia la Punta de las Olas
Dejamos atrás la Punta, y observamos con alivio que la nubosidad queda en lo alto. Con más serenidad ya porque nos vemos bien encaminados, es momento de ir contemplando los espectáculos naturales que nos rodean mientras vamos desandando el camino que seguimos en la subida.

Cañón de Añisclo
Pico de las Escaleras, cual caracol satisfecho por la humedad
La Torre de Góriz
El valle de Ordesa desde los Miradores
¡Ah!, como llegamos a las 17:30h al punto de encuentro con el autobús, y éste no se presentará hasta las 20h, según el inflexible horario del mismo, decidimos seguir haciendo camino y descender los 1.000m de desnivel y 16km de pista sin esperar a nada ni a nadie.

Total que nos salió un recorrido de 44km, con un desnivel en ascenso de 1.835m de D+ y un desnivel total acumulado de 2.835m, habiendo deambulado por una zona que no conocíamos y a la que volveremos porque, con día bueno y sereno, da para bastantes cosas más.


Mientras emprendemos el viaje de vuelta a Zaragoza atrás queda la Peña Montañesa tiñéndose con los rojizos tonos del atardecer.


lunes, 20 de julio de 2015

Senda Maeso: puerta de entrada a la Pedriza. Suplemento: Análisis de las FiveFingersSpyridon MR.

Granito, jaras aromáticas, empinadas cuestas, rocas espectaculares, regajos, chorreras, pasos gimnásticos, rápida subida hacia el Yelmo. 

Lo imaginativo de su trazado,  los parajes por los que discurre y las formas pétreas que se ven, o se imaginan, hacen de ella un recorrido atractivo para cualquier aficionado a la montaña o para quien, simplemente, desee tomar contacto con la Pedriza genuina y sin aglomeraciones.

Son poco más de las 7:30h cuando Flavia, Quique y yo iniciamos la marcha en Manzanares el Real. Por calles muy empinadas, con nombres de flores, nos vamos acercando al comienzo de la Senda.

Se acaba el pueblo, aparecen las marcas blanquiamarillas y encaramos la subida por la Senda Maeso que, sin rellanos apenas, nos ha de conducir hasta las proximidades de la cara Sur del Yelmo. Seiscientos metros de un tirón que resultan divertidos y variados.

Agradecemos que las nubes dificulten el paso del sol. En pleno mes de julio esta ladera orientada al Sur se supera mucho mejor si no da de pleno.

A partir del Caracol la senda se torna arriscada. Zigzaguea entre jaras y rocas.

El Caracol
Frecuentemente la vista va más allá de donde se pone el pie, atraída por las curiosas formaciones rocosas que se apiñan alrededor. 

Vale la pena detenerse un momento para observarlas a tenor de la imaginación de cada cual. A veces no las asemejas con nada en particular, simplemente las encuentras bellas o curiosas.

Lustroso acebo entre el roquedo
Las nubes se han retirado y el sol brilla con fuerza. Se acaba el subir y se alcanza una zona plana al final de la cual la senda atraviesa un estrecho paso entre las rocas.

Al otro lado, a resguardo del sol y tras un corto destrepe, se alcanza una vaguada a cuya izquierda se divisa el Yelmo.

Imágenes desde "el otro lado"
Sin detenernos apenas, vamos contorneando el Yelmo por el Este en dirección al Acebo. Es ésta la zona más descarnada del recorrido. La mente sigue interpretando las rocas junto a las que vamos pasando.

¿Guante de ciclista?

¿Pacífico perro contemplando sierras lejanas?
Bajada rápida entre rododendros hasta Collado de la Dehesilla, lugar en donde hacemos un alto antes de encarar la segunda parte del recorrido que, pasando junto al risco de Mataelvicial, nos llevará hasta la Pared de Santillana.

Risco de Mataelvicial
Plátano, agua y aúpa hacia arriba, que tras Santillana espera el Collado de la Ventana. Bonita y entretenida cuesta entre robles, que proporcionan algo sombra y asideros, y que nos hace sudar de lo lindo.

La Cara y las Cuatro Damas, desde la subida hacia Mataelvicial
Tras superarla alcanzamos la Pradera de Navajuelos y sus pétreos jardines, cuya travesía ofrece sombra, gimnasia y bello zigzagueo sin apenas pendiente.

¿Palomas o focas?
Entorno recoleto y silencioso
Alcanzamos la base de la cara Sur de la Pared de Santillana, 

Cara Sur de la Pared de Santillana
La bordeamos por el Este y accedemos hasta el pie de su cara Norte. Lo mismo que en el caso del Yelmo es por el Norte por donde más fácilmente se accede a la cumbre del pico.

Bajo la atenta mirada de un “habitual” de la zona, trepamos por evidente chimenea, más arriba contorneamos varios bloques y accedemos a la cima de la Pared de Santillana. Bello y tranquilo otero desde donde contemplar el itinerario recorrido.


Pétrea faz contemplando la chimenea de acceso a la cima de la Pared de Santillana
Desde la cumbre de la Pared de Santillana, el recorrido que venimos siguiendo, con el Yelmo, a la dcha., detrás, el embalsa de Santillana
Descendemos y alcanzamos enseguida el Collado de la Ventana. Lugar de cabras curiosas y amigables que no pueden resistirse a unas almendras.

¡A por las almendras!
Ya es hora de comenzar el descenso; el calor se nos ha echado encima y aún hemos de retornar a Manzanares. Suerte que ahora toca bosque.

Durante la bajada, con el arroyo de la Majadilla a nuestra derecha, aprovechamos “las ventanas” en el arbolado para contemplar el entorno.

Torre de los Buitres
Cuerda de las Milaneras, en el centro, Tres Cestos; detrás, a la izq., la Maliciosa
El Pájaro y la Muela
Vadeamos el arroyo de la Majadilla y nos integramos en la poblada Autopista de la Pedriza. 

Arroyo de la Majadilla
Lugar de libélulas
Unos cuantos kilómetros entre abundante gente, calor y bañistas que habremos de superar para alcanzar el coche tras haber completado un circuito de 18.5km de longitud, con un desnivel acumulado de 1.150m de D+, que iniciamos con la fresca y lo acabamos sofocados por la solana, bajo la curiosa mirada de un cornilargo que afortunadamente bastante tenía con aguantar el calor.


Como suplemento de esta entrada, y dado que la mayoría ya os habréis percatado del calcero que cada cual llevábamos, tres y ninguno el mismo: zapatillas de trail running, de trekking y las super “cinco dedos”, sigue a continuación la valiosa información de Quique y sus “FiveFingersSpyridon”.

Habla Quique:

Mi experiencia con las FiveFingersSpyridon MR 

La verdad es que fue un auténtico bautismo de fuego para las Spyridon: 18,5 km de trekking por una de las montañas más abrasivas que conozco, La Pedriza. Cierto es que las había probado antes pero en paseos tranquilos de 6 ó 7 km, en terrenos llanos y franco-arenosos… Y precisamente por ello, para qué negarlo, también fue un bautismo de fuego para mis pies y algunos de los músculos de mi tren inferior.


Las Spyridon son unas zapatillas minimalistas diseñadas para trail running. Subrayo minimalistas porque si uno no está avezado en esas suertes es mejor realizar una transición en su uso para evitar disgustos, dolencias o lesiones: hacer distancias cortas e ir progresando “adecuadamente”, llevando nuestras zapatillas habituales en una mochila para casos de “emergencia” (dolor en la planta de los pies, rodillas y gemelos cargados). Así lo hice yo aunque me empecinara en no usar las de emergencia.

A nivel técnico: Drop 0, con una separación entre el suelo y la planta del pie de unos 7 mm.; gran flexibilidad; suela Vibram de 3,5 mm, totalmente taqueada por unos tacos multidireccionales de 1,5mm de grosor de dos tamaños y zona del puente reforzada por un trozo de plástico que te protege de las rocas; lengüeta fina, sencilla, resistente y bastante ancha que envuelve muy bien el pie; sistema de atado tipo zip, de ajuste muy bueno y rápido.

Y ahora mi experiencia:
  • A pesar de estar diseñadas para poderse llevar sin calcetines yo recomiendo su uso: evitaremos olores y ampollas.
  • Proporcionan una gran sensibilidad del terreno que pisas, siendo extraordinario el tacto que tienes al andar o correr con las Spyridon (lo que hace también que debas estar muy pendiente y con mucho cuidado de por dónde vas, por supuesto).
  • Obligan a desplazarse siempre de mediopié cuando no de puntera, que para eso son minimalistas.
  • La estabilidad de la zapatilla es muy buena gracias a ir tan pegado al suelo. La excepción son los planos inclinados laterales, en los que la sensación que transmiten las zapatillas dista mucho de la seguridad (aunque bien podrían ser mis tobillos los que transmitan esa sensación).
  • Las Spyridon tienen un excelente agarre tanto en subida (óptimo) como en bajada (algo menos). Las rocas muy pulidas o húmedas son una excepción a este principio.
  • Las protecciones son escasas pero suficientes (aunque se recomienda no golpear las piedras con los dedos, que duele ;)). De hecho, la suela es bastante dura y se agradece en zonas de rocas.
  • Son altamente recomendables en zonas de rocas grandes o en terrenos más o menos homogéneos de cualquier tipo por su gran agarre pero yo no las veo para terrenos con mucha piedra pequeña, ya que puedes acabar con dolor en las plantas de los pies. Y en ningún caso, repito, en ningún caso, las recomiendo para usarlas sobre asfalto ya que las articulaciones pueden sufrir bastante por la dureza del piso (al menos corriendo o tras una larga marcha).
  • Si uno no es experto en el “correr minimalista” pueden ser, de hecho son, unas zapatillas perfectas para “trekkear” bajo las prescripciones del natural running. 
Ah, se me olvidaba: ¡Hacía tiempo que no tenía tan cargados los gemelos!; pero la sobrecarga en las almohadillas de los dedos desapareció en cuanto me calcé mis Skechers de running, y eso aunque por la tarde me pegué otro paseo de 5 km paseando al perro por el campete…