| Peñas de San Miguel (izq.) y de Amán (dcha.) |
El llamado «Salto de Roldán» es
una formación rocosa en el extremo Oeste del Parque Nacional de la Sierra y
Cañones de Guara. Está formado por dos inmensas moles pétreas que avanzan como
proas sobre la Hoya de Huesca. Se trata de la peña San Miguel (izquierda), de
1.126 m, y la peña Amán (derecha), de 1.121 m, entre las que discurre encajonado el río
Flumen.
Y va de leyendas la cosa: …. cuando
el portentoso Roldán, al mando de la retaguardia del ejército carolingio, se
retiraba hacia Francia, hostigado desde el sur, fue rodeado en la peña Amán.
Roldán, para liberarse de sus perseguidores, espoleó a su caballo que, de un
salto, alcanzó la peña de enfrente, sorteando el abismo, dejando marcadas sus
huellas en la propia roca.
Posteriormente, y parece que el súper hombre además del hostigamiento
también llevaba una potente y afilada espada, para escapar del todo y ponerse a salvo, hubo de dar un tajo en la
cordillera pirenaica pasando “a casa”
por la recién abierta Brecha de Rolando.
La atracción meramente natural
que estos mallos producen cuando se ven de lejos, junto con las espectaculares
perspectivas que ofrecen desde cualquier punto de vista, nos han inducido a
Eduardo, José Ángel y a mí a conocerlos de cerca, a ascenderlos y a circunvalarlos
en el día de hoy, aprovechando la reciente apertura de la senda que, por el
Norte, cruza el Flumen y permite realizar una gran circular al Salto de Roldán, cuyo track está perfectamente trazado
por Javier Sanagustín y que podéis encontrar aquí, con la salvedad de que
nosotros sí ascendimos a ambas Peñas.
La niebla y cencellada, que manteniendo
los -5ºC congelan todo y que cubren de blanco manto la Hoya de Huesca, quedan
atrás y salimos al luminoso sol en la pequeña zona de aparcamiento de San
Martín de la Bal d’Onsera, a 725m de altura, que hay justo tras pasar la
localidad de San Julián de Banzo, lugar donde iniciamos la circular.
| Cencellada |
Para abrir boca, los 500m de
desnivel de la Peña de Amán reproduciendo el itinerario seguido por Roldán y
sus perseguidores, solo que a pie y sin caballos.
Son las 10 de la mañana cuando
iniciamos la marcha por el camino descendente hasta alcanzar el barranco de la
Bal d’Onsera, cuyo cauce seco atravesamos para comenzar el suave ascenso en la
otra orilla.
| Aprisco con roca característica junto al cauce del barranco de la Bal d'Onsera |
El sendero discurre en
descubierta por entre vegetación baja de aliagas, enebros, erizones y carrascas
que, en forma abigarrada, lo cubren absolutamente todo de, en la distancia, un “suave”
paño verde que, en la proximidad, salvo por donde discurre el trazado de la
senda, está hecho a prueba de osados aventureros que quieran adentrarse en él
¡Pobre de quien lo intente!
| La Hoya de Huesca |
La senda de aproximación al Collado
Frontón de Buesa (967m; al pie de la Peña de Amán) permite observar la Peña y
la belleza de la Hoya de Huesca.
| Peña de Amán. A su dch. el Collado Frontón de Buesa |
Una vez en el collado abandonamos
momentáneamente la circular para ascender a la Peña de Amán. Unas clavijas bien
puestas aunque algo separadas entre sí (los menos altos habrán de estirarse)
dan acceso a la alargada cima de la Peña.
| Accediendo a las clavijas de la Peña |
Aquí el día es espléndido,
mientras la niebla no acaba de disiparse del llano. Enfrente, la aplanada cima
de la Peña de San Miguel. Entre ambas, unos cuatrocientos metros más abajo, el
cañón del río Flumen al que hemos de descender y ¿cruzar o vadear? Bueno esto
lo descubriremos más tarde, de momento saboreamos el paisaje.
| Peña de San Miguel (izq) y Pico del Fraile (dch), desde la cima de la de Amán. |
| Desde la Peña de Amán, al fondo los acantilados de Cienfuens. |
El perfecto estado de la misma
nos permite descenderla al trote, deteniéndonos a cada poco para observar /
admirar el panorama escasamente conocido del entorno Norte de las Peñas.
| Cara Norte del Salto de Roldán: izq. P. Amán, después P. Fraile y a su dch. P. San Miguel |
Doscientos metros más abajo
alcanzamos el cauce del río Flumen. Un paraje al cual el sol toca durante poco
rato en invierno, de tan encajonado como está.
La centellada embellece aún más
el entorno. El frío es intenso, volvemos a estar por debajo de 0ºC.
Y llegamos al “tronco” colocado
para cruzar el río. Dos conclusiones inmediatas sacamos tras mirarlo: a) está
cubierto de una pátina helada de escarcha, y b) no llega de lado a lado, pues
el río, crecido, además de por debajo de él también lo sortea por la derecha y
por la izquierda ¡Hay que centrarse pues en la faena!
| ¡Pues vaya lo que tenemos por delante! |
En fin, con decisión, precaución
y entereza, cruzamos / vadeamos el Flumen: los tres pasando sobre el tronco y cada
cual a su manera para los tramos “a pelo”.
El caso es que si frío estaba el
ambiente en la soleada margen izquierda, tras el cruce, la sombreada margen
derecha se nos antoja gélida.
| ¡Ya hemos cruzado el río! |
Así que la subida en pos del sol hasta el Collado
de San Miguel la hacemos a todo lo que podemos, para entrar en calor.
| Peña de Amán (izq) y Pico del Fraile (dch). |
A la Peña de San Miguel se accede
por un sistema de cadenas, grapas, escaleras y sirgas que sobre-aseguran cada
tramo.
En la cima de la misma
aprovechamos para entrar en calor, mientras contemplamos la Peña de Amán, donde
estábamos hace un rato, y los buitres asoleándose también sobre el inaccesible Pico
del Fraile.
| Desde la Peña de San Miguel. A la izq. el Pico del Fraile; enfrente la Peña de Amán. Al fondo el Picón del Mediodía |
| Buitres al sol sobre el Pico del Fraile. Abajo se distingue la senda recién abierta para descender al Flumen |
Pero aunque la casi totalidad del
ascenso está ya realizada, todavía nos queda una gran parte de la circular, la
que discurre por la cara Sur de las Peñas y que, pasando por el pueblo
abandonado de Lienas, nos ha de llevar de vuelta al coche. De manera que
hacemos una visita rápida a los restos de un torreón defensivo (Castillo de
Sen), de un gran aljibe y de la ermita de San Miguel (s. XII), que hay en la
cumbre y a descender que aún nos quedan unos cuantos kilómetros.
| Restos de Torreón y Ermita sobre la cima de la Peña de San Miguel. Al fondo, la Peña de Gratal |
| Aljibe en la P. San Miguel. Detrás la P. Amán y en el fondo el Picón del Mediodía |
Ésta es la segunda parte de la senda recién abierta, que a medida que
se aleja de la Peña de San Miguel permite contemplarla en toda su magnitud,
tanto a ella como a la de Amán y al cañón del Flumen.
| De izq. a dch.: P. San Miguel, P. Fraile, cañón del Flumen, P. Amán |
| ¡Y qué ricamente que se está al sol! |
El camino toma la dirección
Sureste, hacia Lienas, y también hacia la niebla que nos espera y que vuelve a
hacerse presente.
El intenso frío que impera dentro de la neblina nos obliga a abrigarnos con toda la ropa que llevamos. Aún sin detenernos, hace mella.
Alcanzamos el pueblo
abandonado de Lienas, cuya sensación de soledad se acentúa en estas
condiciones.
Tras ello nos encaminamos al cauce del Flumen, que esta vez sí tiene un
puente para cruzarlo, y continuamos por antiguos campos de labor en los que todavía quedan olvidados olivos.
| Pueblo abandonado de Lienas |
Por senda neblinosa, alfombrada de hojas de roble, completamos los 20 kilómetros del itinerario habiendo salvado un desnivel de 1.185 metros de D+ lo que, junto con el frío intenso y la niebla durante los últimos 6 kilómetros, hace que, llegados de vuelta al aparcamiento, permanezcamos el tiempo imprescindible para realizar estiramientos y reponer algo de energía y, cuanto antes, emprender el viaje de retorno al calor de la calefacción del coche, tras haber realizado una circular que llevábamos en mente hace tiempo y que ahí estaba, a la espera de que hubiera una senda que la facilitase, como es el caso, permitiéndonos deambular por los desconocidos y bellos parajes en torno al Salto de Roldán.