martes, 3 de mayo de 2016

A la Pedriza desde el Hueco de San Blas. Siempre quedan cosas por explorar.

El Hueco de San  Blas, al pie del tramo oriental de la Cuerda Larga
Tres son los collados que se abren en la rocosa barrera de moles y picachos que conforman la herradura granítica que contiene en su interior a la Pedriza: el del Miradero (1.878m), el más occidental y elevado, entre las Milaneras y las Torres; y los dos orientales: el de la Ventana (1.785m), entre las Torres y la Pared de Santillana; y el más bajo de todos, el de la Dehesilla (1.451m), entre la Pared de Santillana y el Yelmo. A todos ellos se accede, generalmente, desde dentro de la Pedriza.

Son pocos los que se aventuran a descubrir “sus vertientes exteriores”. Es como si una invisible barrera impidiese sobrepasar estos límites. Algo de razón no falta, ya que todo lo que de trillado tiene su acceso desde el interior de la Pedriza, lo tienen de intrincado, en mayor o menor medida, los itinerarios desde el Hueco de San Blas.

En esta ocasión me planteo un circuito “desde el exterior”, es decir, iniciar y terminar el recorrido en el Hueco de San Blas, vecino “oriental” de la Pedriza:

Canto del Berrueco - Collado de la Ventana - Collado de la Dehesilla - El Acebo - Pradera del Robledillo Canto del Berrueco. Recorrido de 14km de longitud salvando un desnivel en ascenso de 1.075m.

Son las 9:30h cuando inicio el trote en el Canto del Berrueco, remontando el curso del Arroyo Mediano que baja muy crecido. 

Arroyo Mediano
Lluviosa primavera que deja su impronta de agua y verde.

Cuatro kilómetros por delante para calentar las piernas y ajustar las zapatillas, primero por una senda que discurre por zona pletórica de vegetación, 

Para internarme luego, después de acceder a una pista y traspasar una barrera metálica junto a una zona de aparcamiento, en un bosque de altos pinos que cubre la ladera que, a mi izquierda, delimita el Hueco de San Blas con la Pedriza.

Encuentro a dos personas, Sonia y Ángel, cuyo destino, la Laguna del Lomo, coincide con el primero de los míos. Seguimos la pista hasta la altitud de 1.250m, atentos a no pasar de largo el comienzo de la empinada traza que, a nuestra izquierda, se interna entre los árboles, ladera arriba. Por delante 250m de desnivel serio, hasta entroncar con otra pista superior que hay a los 1.500m de altitud.  Como digo, se trata de una traza, no sendero, que más bien se intuye, ya que verse, no se ve. En caso de duda, todo tieso y hacia arriba. La dura pendiente hace que cese la conversación y que ésta dé paso al sonido del crujir de las ramas caídas cuando las pisamos, alternando con algún que otro resoplido.

Llegados a la pista superior buscamos el emboque del siguiente tramo de traza que nos ha de conducir hasta la Lagunilla del Lomo. No es sencillo dar con el camino correcto a la primera, y la pendiente continúa siendo bastante fuerte, pero con perseverancia, sentido de la orientación y el track que Ángel lleva, llegamos a la Lagunilla del Lomo, bonito rincón entre pinos, al pie de los agrestes y enhiestos paredones Oeste de las Torres de los Buitres y de Santillana.

Laguna del Lomo
Al otro lado de la lagunilla encontramos fácilmente los mojones que indican el camino hacia el Collado de la Ventana. Unos metros más arriba nos separamos y continúo hacia el collado. 

Abajo queda el Hueco de San Blas
Collado de la Ventana, al fondo
Una vez en él me paro a tomar una barrita energética antes de seguir hacia el Collado de la Dehesilla.  Por delante un tramo que conozco a la perfección, gimnástico y entretenido, circunvalando la Pared de Santillana, atravesando el Jardín de Navajuelos, paraje fresco y rocoso por el que tantas veces he pasado y cuya belleza siempre recompensa, seguido de un pronunciado descenso hasta el Collado de la Dehesilla.

El Mogote de los Suicidas (centro) y la Pared de Santillana (fondo dcha.)
Bola de Navajuelos
En este punto, mientras contemplo la subida hacia el Norte por ladera cubierta de gayuba, pienso que en lugar de llegar al Yelmo y por la Senda Maeso ir a entroncar con la Gran Cañada, como era mi propósito inicial, bien podría aprovechar para explorar el territorio agreste y abigarrado que, tras el risco del Acebo, desciende hacia el Hueco de San Blas por la enrevesada parte oriental de la Pedriza Anterior. Sin más demora, y con el nuevo plan en la cabeza, emprendo rápida subida hacia la zona de Los Fantasmas.

Alcanzo la parte superior; dejo a mi izquierda la Cara y las Cuatro Damas, tan reconocibles, y continúo raudo hacia el Acebo.

Las Cuatro Damas (izq) y La Cara (dcha)
Sigo el camino habitual hacia el Yelmo mientras con la mirada voy escrutando la ladera Este, la que desciende hasta el Hueco de San Blas, y poco antes de llegar al risco de la Caperucita veo el primero de los mojones, pequeño, pero hito al fin y al cabo. También una mínima trocha se separa de la senda principal y enfila hacia abajo ¡Comienza la exploración!

Risco de La Caperucita (dcha)
Risco de El Acebo
La marcha resulta sencilla, las trazas se siguen suficientemente bien y los mojones, aunque escasos, los voy encontrando.

A medida que desciendo me interno cada vez más en la soledad; el entorno es adusto, los contornos y perfiles de riscos conocidos se presentan como nuevos desde este ángulo.

Otras siluetas me transmiten una ilusoria sensación de compañía. Varios solitarios compartiendo los mismos aislados parajes.


Con el chasquido de su pico parece preguntar "¿adónde vas?", y para mis adentros musito "al Hueco de San Blas"
He alcanzado la Pradera del Robledillo. Ya no veo mojón alguno. Las lluvias de la víspera hacen que el terreno esté a rebosar de agua, sobre la que voy chapoteando.  Recorro el entorno con la vista; todo es risco.

Pradera del Robledillo
Me decido a bajar hacia el inicio de un barranco por el que se canaliza el agua. No estoy seguro de que sea el lugar adecuado, pero voy hacia él.

Siempre he sido reacio a bajar por un barranco del que no sé nada, y menos acompañando a un exultante torrente primaveral, pero hoy no veo más alternativa. Así que con los cinco sentidos puestos en la tarea comienzo el descenso.

Con la adrenalina en nivel alto me veo a mí mismo destrepando de todas las formas posibles, buscando la máxima adherencia que las húmedas rocas de “junto a las cascadas” pueden proporcionar, enganchándome con y asiéndome a las punzantes ramas de los deshojados arces y zarzas que enmarañan el cauce,  mientras internamente agradezco ir encontrando continuidad tras cada tramo de destrepe.


En un momento determinado sorprendo a una cabrita que está bebiendo agua y que huye al verme.

Buscando abandonar la barranquera exploro el lugar por el que ha desaparecido el animal. El difícil y escabroso (¿vendrá de cabra?) panorama me confirma que la mejor alternativa que tengo es volver de nuevo al cauce.



Finalmente consigo llegar a la parte baja y salir de la hendidura. En la distancia,  contemplando la bonita cascada final, me parece increíble que haya podido descender por ahí. Ni lo recomendaría ni lo volvería a repetir.

Encuentro un sendero que nace a unas decenas de metros de la caída de agua y lo sigo con gran satisfacción ¡Qué diferencia y qué relajación!

Corro por los encharcados prados, reconozco ya el entorno en el que hace años igualmente me perdí, cuando buscaba y no encontré una senda transitable por este escarpado lugar. También lo atravesé “a las bravas”. 


¡Ya por territorio conocido!


Punto de destino: el Canto del Berrueco
Tras ambas experiencias, conozco los tramos inicial y final del recorrido, me falta por encontrar el tramo que los une de una forma menos arriesgada que la utilizada hasta el momento.

Plácido final de una "entretenida" jornada

4 comentarios:

  1. Hola Carmar...La subida al Coll. de la Ventana desde la pista de la Abutarda la tengo pendiente, por esa manía que tenemos algunos de buscar itinerarios poco transitados y nada habituales. Sobre la bajada que hiciste desde el Acebo (o peña el Águila) a la Pradera del Robledillo, y por lo que describes, bajaste después por el arroyo del Recuenco que se encajona entre la Peña del Mediodía al O y las praderas de Las Mesas al E. Este último es un rincón bucólico y solitario de los más bonitos de Pedriza (el pasado lunes estuve por aquí). La verdad que este sector de Pedriza de los Huecos del Recuenco y de las Higueras, con Peñas Sordas y la Torre Inclinada cerrándolos por el N es La Pedriza como debió ser hace muchos años, apenas alterada por el hombre; y de los lugares donde no sueles encontrarte con nadie y no es necesario darse un madrugón para poder acceder. Bonita ruta que te marcaste. Abrazos.

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    1. Gracias una vez más por poner los nombres a los recónditos lugares de la Pedriza que pocos conocen y transitan. El que suscribe, si bien procura siempre ni alterar ni dejar rastro allí por donde pasa, SÍ que se altero en algunos momentos de algún que otro apuro descendiendo por el barranco del Recuenco. Bonita ruta y zona que volveré a visitar a no mucho tardar. Abrazos Rafa.

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  2. Hola Carmar.

    Pocos lugares de la Pedriza te quedan ya por descubrir, sin duda este recorrido esconde agradables y bucólicos paisajes, como la Lagunilla del Lomo.

    Al final uno tiende a intricarse tanto, que acaba intrincado, y con el culo preto, eso si, cuando se sale a lugar conocido, la alegría es indescriptible.

    Un saludo.

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    1. Aunque mentira parezca resulta factible encontrar algo nuevo en la Pedriza. Y siempre sorprendente. Es un lugar acogedor, perdedor, agradable, exigente, caluroso, helador, en donde es tan posible dar un paseo como realizar una verdadera exploración al estilo de los pioneros. Hemos de recorrerla en alguna ocasión. Salud y Montaña.

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