miércoles, 22 de noviembre de 2017

Las Milaneras. Otoño entre las rocas de la Pedriza.


Cancho Centeno o "El Patriarca"
La circular de hoy, con origen y final en el aparcamiento de Canto Cochino, asciende hasta el collado del Miradero por los Llanillos, una de las sendas boscosas más atractivas de la Pedriza, para retornar luego por los roquedos y escarpes de las Milaneras, donde encontrar roca mojada / húmeda o hielo contribuiría a incrementar sensiblemente el grado de dificultad de esta parte del recorrido que, en condiciones normales, podemos catalogar de “media”.

Son poco más de las 8h cuando Rícar (aquí su crónica), Benja y yo nos ponemos en marcha en una muy fría mañana, con la intención de realizar una inmersión en el particular otoño de la Pedriza, donde roca y vegetación crean un abigarrado y armonioso conjunto natural, especialmente embellecido por las numerosas y singulares formaciones rocosas que la imaginación y el momento de cada cual interpreta y asocia a su manera.

Resulta inusual encontrar tan vacío y sosegado el aparcamiento de Canto Cochino (1.050m), hoy vistosamente decorado de otoño. 

Canto Cochino
Marchamos bien deprisa por “la Autopista”, alfombrada de roja pinaza que amortigua nuestros pasos.

Poco antes de llegar al desvío hacia el Refugio Giner la vista se fija en una mole rocosa que semeja “una cabeza de perro” (la primera de la serie de hoy).


Primera "cabeza de perro" de la jornada
El sol tardará todavía un tiempo en tocarnos. Las habituales vistas de esta parte del itinerario parecen diferentes con la neblina que no acaba de irse del todo ¡Ojalá despeje a medida que entre el día!

El Pájaro (centro) y Los Guerreros (dcha)
En las partes elevadas de las Milaneras la gran humedad ambiente propicia la formación del arco iris. Confiamos en que seque la roca para cuando nos toque ir por allí arriba.

Rebasamos sin tomarlo el desvío hacia el Refugio y seguimos bosque arriba sin dejar la senda, siempre tomando el ramal de la izquierda, por el PR-2 (marcas amarillas y blancas).

La pendiente se acentúa y el entorno resulta hermoso y aromático. La humedad lo empapa todo contribuyendo a realzar el ambiente boscoso.

 
A medida que ascendemos vamos encontrando las distintas especies vegetales, a la par que podemos ir contemplando los contornos de los conocidos roquedos de la vertiente opuesta de la Pedriza. La neblina, lejos de desaparecer, continúa muy persistente; de hecho vamos perlados de gotas.

 
 
Próximos al Collado del Miradero, que está apenas cincuenta metros por encima de donde nos encontramos, el frío se intensifica y el viento arrecia de lo lindo.

Alcanzamos el Collado del Miradero o de Prado Poyo (1.882m) donde la temperatura es de 3ºC, si bien las fuertes ráfagas de aire hacen que la sensación térmica sea de bajo cero.

El risco de La Bota, desde el Collado del Miradero
Las nubes son impulsadas a toda velocidad, y no tienen pinta de disiparse, así que nos abrigamos bien y emprendemos una ordenada “huida” hacia las Milaneras buscando abandonar cuanto antes la expuesta loma por la que avanzamos.

Las Torres, desde el Collado del Miradero
Agradecemos llegar al abrigo de la umbrosa cara Oeste de las Milaneras, donde la temperatura sigue igual de baja, pero el viento resulta más tolerable. Prestamos mucha atención en este tramo porque la roca está humedecida.

Por la umbrosa cara Oeste de las Milaneras
Las nubes se han quedado en las partes altas y cada vez estamos más próximos al Collado de Tres Cestos (1.780m) lugar de cambio de vertiente, presidido por el impresionante Cancho Centeno o “el Patriarca”.

Collado de Tres Cestos y Cancho Centeno
De las varias opciones para descender desde aquí, todas gimnásticas y exigentes, tomamos la de seguir las marcas blancas y amarillas, que nos llevan primero y sin perder altura por las redondeadas llambrías graníticas en busca del lugar por el que, tras un par de destrepes algo atléticos, abandonamos la roca desnuda y nos internamos en el bosque de robles que cubre la empinada ladera del cordal.

Dejamos atrás el Collado de Tres Cestos
Entre los árboles descendemos muy atentamente para no resbalar en la alfombra de hojas que todo lo cubre ni perder la senda, asiéndonos a las ramas y troncos cuando es necesario. Resulta ésta una parte muy “entretenida” y agreste del recorrido.


Descendiendo por el empinado bosque de robles y arces
Arce y sus hojas alfombrando el suelo
Finalmente abandonamos las rocas y ponemos pie en el bosquecillo de pinos que puebla los Llanillos (1.550m), por donde remontamos unos cincuenta metros hasta llegar al Collado de la Romera donde la “segunda cabeza perruna” de hoy, o Carro del Diablo, preside el paraje.

Segunda cabeza de perro del itinerario
De camino hacia los riscos de La Campana y del Pajarito pasamos junto a la “tercera cabeza canina” de la jornada.

Tercera y última de la jornada
El roquedo es espectacular.

Un buitre se acicala el plumaje aparentemente ajeno a nuestro paso.

Enfilamos el descenso por el estrecho callejón junto al Pajarito supervisado por una adusta y pétrea faz. Varias personas están escalando por la cara Sur.

Apenas nos detenemos unos instantes para el saludo y continuamos rápidamente dejando atrás las formaciones rocosas que componen el Pajarito, la Vela y la Campana, saliendo a terreno abierto, cubierto de jaras, por el que accedemos al Collado del Cabrón (1.304m).

Sin detenernos en él, porque tenemos la intención de volver a comer a casa, continuamos hacia Canto Cochino por la ladera Oeste del Cancho de los Muertos. Vemos cómo las nubes mantienen cubiertas las partes altas.

Concluimos la marcha en Canto Cochino, iluminado ahora por el sol de mediodía, habiendo realizado una exigente circular de 13km de longitud, salvando un desnivel total en ascenso de 1.000m de D+, que permite experimentar todas las particularidades que la Pedriza ofrece a quien se anima a recorrer sus vericuetos.

Llegando a Canto Cochino

14 comentarios:

  1. Hola Carmar.

    Me sorprendió gratamente en mi visita a la Pedriza, la abundante masa boscosa que cubre esta zona, donde la piedra es la gran protagonista.

    No me extraña la humedad del día, más si os pegáis esos madrugones, que aunque ahora las temperaturas son inusualmente suaves para las fechas en las que nos encontramos, las noches son frías, y más en la sierra.

    Me ha gustado mucho el recorrido, corto pero potente y atlético, por terreno de rocas, disfrutando del otoño, que por esas piedras perdura más que en tierras aragonesas, donde hace ya un mes que están las hojas en el suelo.

    Salud y montaña!

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    1. El otoño se alarga en las zonas de más al Sur, y tratamos de que no se nos escape, que otoño sólo hay uno.

      El recorrido es gimnástico y muy "pedricero", de los que se guarda muy buen recuerdo. Esto si no pierdes las marcas, porque si las pierdes, fácil te embarcas ;-)

      ¡Salud y Montaña!

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  2. Impresionante como siempre La Pedriza; nunca se cansa uno de contemplarla y admirarla. Que podamos disfrutarla por muchos años. Un abrazo.

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  3. Muy chulo Carlos. La verdad que pasamos un día de otoño muy bonito por estos parajes de la Pedriza.
    Deseando que llegue la próxima

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    1. Diseñaremos y llegará la próxima, claro que sí. Y seguro que también tendrá "lo suyo", que los parajes de la Pedriza son únicos y muy variados.

      Salud y Montaña, Ben

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    2. Estimados amigos, no sólo fue lo que fue, pues a veces son más en las que en menos tiempo hemos empleado por recorridos pedriceros; muy atléticos tanto en esa dirección que acostumbra a mayores y angulosos desniveles que en la misma pero trepando. De las muchas circulares completas que llevo --de Cantoco a Cantoco y tiro al Tranco-- sólo dos he realizado en esa dirección. No me acostumbro tanto en esa forma pues ya no sólo porque de la otra comienzo sin sol de mañana y finalizo con él a la espalda. En cambio sí para los descensos que desde el Ventanillo hay hacia la pared de Castilla, Santillana y collado de la Dehesilla; así como la subida a la pradera del Yelmo y descenso por Carboneras. Fue, en cierta manera, una pena que esa inesperada cellisca nos impidiese trepar hasta la cima de las Cuatro Torres; pero no hay que jugarse el tipo por entre rocas mojadas y por el fortísimo viento que bien nos podría derribar en sus agudas cimas.
      Divertido recorrido, atlético y muy ameno en tan buena compañía que gracias a toda la experiencia acumulada sabemos sobradamente qué ropas emplear para cada ocasión. Esas mochilas ligeras que tanto tiempo hacía que no empleaba pienso que la utilizaré en otras ocasiones. Pero si en dos mil doce dejé las carreras por las causas que ya conocéis, coincidente con Carlos que regresaba y yo que subía por la misma cruzándonos, en próximas definitivamente no me persuadís para ellas.
      Ahora han regresado, por fin, los fríos y las nieves y no será hasta febrero cuando regresemos para ir calentando por esos montes e iremos pensando qué rutas y excursiones hacemos. Dejamos pendientes las de mantel y vino y otras de adherencia pura por roca a los Tres Cestos...
      Con calma nos emplazamos y si es bonancible también emplatamos buenos ágapes en roca-cimas...
      Salud, Libertad y Monte...por si acaso...
      Un abrazo meus amigos, Ben y Carlos. :)´

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    3. http://carmar-zancadasligeras.blogspot.com.es/2012/04/pedriza-posterior-por-parajes-poco.html

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    4. De correr con razón reniegas, pues alto precio pagas por eso, mas también debieras abjurar de quien a ello te indujo que, si me paro un momento a pensar, no fue otro que ……., no fue otro que tu mismo yo quien a correr te lanzó, que los demás, sorprendidos, tuvimos que salir en tu pos, pues atrás nos quedábamos, y trabajo nos costaba seguirte, que rápido corrías. Será por el hambre la prisa, pensábamos, dejando escapar una sonrisa.

      Visto el resultado, buen amigo, ten por seguro que en próxima ocasión, sea de quien sea la ocurrencia, pondrele yo veto, que no es del agrado que alguno acabe por ello malogrado.

      Un fuerte abrazo, recupérate pronto y mucha Salud y Montaña.

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  4. Aparte del maravilloso paisaje madrileño de la Sierra de Guadarrama me quedo con el primer perro, al que encuentro un buen parecido.
    ¿Esas zapatillas andarinas son medio pies de gato?
    Un abrazo.

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    1. El parecido del primer perro, estoy de acuerdo, es indudable. El de los otros dos resulta algo más debatible, pero en fin, hay que ser imaginativo.

      Las zapatillas no son medio pies de gato, son unas Saucony Xodus de trail running con suela Vibram muy adherente.

      Un abrazo.

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    2. Mi amigo Rícar puntualiza, con acierto, que he dado una respuesta incompleta a tu pregunta y que ello puede llevar a confusión. Vamos a arreglarlo, pues.

      De las tres zapatillas de la foto, la roja es la Saucony, las otras dos son Fiveten que llevan suelas Continental Stealt 4, y que son las mismas suelas que los pies de gato de la misma marca, aunque algo más gruesas y con tacos para una duración mayor para poder caminar. Son pues “medio pies de gato”, adecuadas para realizar escaladas de grado medio o incluso más, en función de la experiencia de cada uno.

      Gracias Rícar, y espero Javier que ahora sí tengas la respuesta que necesitabas.

      Salud y Montaña para todos.

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    3. Perfectamente respondido; lo de la cilindrada de las zapatillas ya no te lo pregunto jaja...
      Ya imaginaba que esas zapatillas tenían mucho recorrido al ser bastante versátiles, pintan bien. Que las disfrutéis durante muchos años de zancadas.
      Gracias.
      Un abrazo.

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    4. La cilindrada, la cilindrada, ... , ya es cuestión de fijarse en el combustible que las mueve y que mejor le siente al motor, que va teniendo ya un rodaje ;-)
      Un abrazo

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