martes, 2 de abril de 2013

Pico Espelunciecha. Por el Norte, desde el Portalet.

Cara Norte del Pico Espelunciecha, desde el Portalet
La superabundancia de nieve que nos está trayendo este invierno, junto con el alto riesgo de aludes que ello conlleva, hace que cimas próximas y modestas, raramente consideradas como objetivos en sí mismas, realcen su atractivo y constituyan un destino para una salida con esquíes de travesía.
La cara Norte del Pico Espelunciecha, nada que ver con la de su vecino el Pico Anayet, ofrece la posibilidad de llegar hasta muy arriba con los esquíes calzados. Dependiendo de la calidad de la nieve hasta se puede alcanzar la cima con ellos puestos.
Ya desde el Portalet, 700m por debajo de la cumbre, son visibles los aludes que se han ido desprendiendo de la montaña. Ello condiciona la elección del itinerario que, en este caso, pasa por ascender por el lateral de las pistas hasta la base de la propia cara Norte.
El manto blanco lo cubre todo, el deslizar por la todavía poco frecuentada ladera es rápido y acompasado. Si bien la mañana ha amanecido nublada, el prometedor sol que se va abriendo paso añade un regusto especial a mi soledad. La montaña se va embelleciendo a medida que se ilumina.
Superadas las pistas alcanzo una zona más amplia, justo frente a la imponente cara Norte del Pico Anayet; distingo la pleta lacustre de sus ibones con el Vértice de Anayet al fondo.
Inhóspita cara Norte del Pico Anayet
En este punto giro hacia mi izquierda avanzando unos centenares de metros, hasta colocarme al pie de la cara Norte del Espelunciecha. Los recientes rastros de aludes, que surcan ampliamente la ancha pala somital, desaconsejan cualquier intento de acceder foqueando hasta el punto más alto. Un evidente y empinado corredor situado algo al Oeste de la cumbre ofrece la alternativa más segura.
Corredor Oeste del Pico Espelunciecha
Es el momento de abandonar las tablas e iniciar la subida por el tubo que lleva recto y directo hasta la arista. Descalzarme los esquíes, poner el pie en la nieve y hundirme hasta por encima de las rodillas, es todo uno. Por delante la inmaculada pendiente nevada, tan sólo surcada por una traza rectilínea de huellas de sarrio. A los lados, restos de los aludes que ya han caído.
Son unos 200m de trabajosa ascensión, en la que la cuesta se va empinando cada vez más, con una pendiente media entre los 40º / 45º, a lo largo de la cual voy hundiéndome a cada paso hasta por encima de la rodilla. Estoy tan absorto en abrir huella y en progresar que la mirada sólo la dirijo hacia arriba y ocasionalmente a los laterales, para constatar que sí voy subiendo, ya que las referencias van quedándose más abajo, mientras la cabeza calcula los metros que aún me van quedando de penoso batallar con la nieve blanda.

Desde la mitad del corredor, y hasta casi la salida del mismo, la fuerte pendiente me obliga a ascender aplicando la máxima superficie de apoyo posible sobre la nevada y blanda superficie, de manera que avanzo cada paso apoyando rodilla, espinilla y finalmente bota buscando el  óptimo reparto del peso. Sudando, resoplando y consumiendo energía sin escatimar, por fin consigo salir a la arista ¡Vamos, en plan “bulldozer”!
Desde aquí, y hasta la cima, el estado de la nieve es totalmente distinto. Permite avanzar sin necesidad de crampones y marcando una huella de no más de 20cm de profundidad. Alcanzada la cumbre del Espelunciecha (2.397m), y hacia el Oeste, contemplo el amplio valle de la Canal Roya. A mi derecha quedan las fuertes pendientes de la cara Norte.
Al fondo, el amplio valle de la Canal Roya. Las huellas sobre la nieve indican el punto de acceso del corredor Oeste a la loma final.
En un paisaje blanco y azul se alzan los picos de Culibillas y Arroyeras; al fondo de todo, la Pala de Ip

Aprovecho para tomar una barrita energética, un puñado de almendras y un largo trago de agua, antes de iniciar el retorno.
La cara Sur de este pico constituye un delicioso descenso en esquí que hoy no toca, así que abandono la cima, le lanzo una última mirada, y me encamino hasta la embocadura del corredor por el que tan laboriosamente he ascendido.
Abandonando la cima del Pico Espelunciecha
Ahora sí que, gracias a la profunda huella marcada en la subida, tendré la oportunidad de descender observando el panorama en todas las direcciones:
Cornisa y comienzo del descenso del corredor Oeste
Hacia arriba; últimos metros de esfuerzo cuando estaba ascendiendo.

Hacia abajo ¡Y yo solito he marcado semejante surco! Trazado bien paralelo al del liviano sarrio que me precedió.

A la izquierda; resto de pequeño desprendimiento, en lontananza, el omnipresente Midi d’Ossau.

A la derecha; al fondo los picos Pallas, Balaitous, Infiernos, etc. ¡Ojo con la inclinación del corredor por el que voy bajando! Suerte de la huella.

Y desde abajo, con los esquíes ya calzados, mirada general a esta cara Norte, con sus aludes caídos y los que están a punto de producirse, y mi rúbrica en la nieve del corredor, que ojalá le sirva de acicate para subir por ella al dubitativo esquiador que, habiendo madrugado menos que yo, no tiene excusa para no hacerlo ¡Al menos que mi trabajo le valga a alguien más!

2 comentarios:

  1. ¡Vaya entorno! De los que hacen afición. A ti te sobra. Un invierno para disfrutar de la montaña en estado puro. Con la precaución debida, y leyendo la situación del manto nival asumistes el trabajo de abrir una huella directa a la cresta. ¿Llegarías sin resuello? Menos mal que te brindastes con un largo trago de agua. Como has visto, siguiendo tus rutas enseñadas -Los del Termo- disfrutaron de lo lindo. ¿Que tendrá ese lugar a caballo entre la Dehesilla y Ventana que cautiva? Salud y Montaña

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  2. Entorno precioso en verdad. Tiempos hacía que no tenía que trabajar tanto para subir por un corredor. Una vez arriba, y tras el lingotazo de agua, para poder tragar algo, ya pude dedicarme a contemplar el paisaje. Gratificante en verdad.
    Ya veo que lo aragonés cada vez va calando más hondo, y que la marcha por la Pedriza resultó bien agradable. Lástima de la nube en el collado de la Ventana. Salud, Montaña, y hasta la próxima.

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